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Pero Richard estaba va convencido de que su ECM se había visto influenciada por la película. Si la veía, su recuerdo de la ECM quedaría completamente contaminado por sus imágenes, igual que cualquier futura ECM que pudiera tener. Y no importaba lo que viera en ellas, Richard diría que el recuerdo procedía de la película.

Necesito que otra persona la vea y compruebe si la escena está allí, pensó. ¿Pero quién? A Vielle le daría un ataque si le decía que había visto el Titanic. Estaría segura entonces de que era una advertencia del subconsciente para que no se sometiera al tratamiento.

¿Maisie? Era experta en desastres, pero, como Joanna le había dicho a Richard, nunca la había oído mencionar siquiera al Titanic, y de todas formas era improbable que la madre de Maisie le permitiera ver la película. Aparte del “tema negativo”, había una escena de desnudo y sexo en el asiento trasero de un Renault.

¿Tish? No, Joanna no podía fiarse de que mantuviera la boca cerrada, y Richard tenía razón, el señor Mandrake se pondría las botas si se enteraba de aquello, lo cual eliminaba a todo el mundo que estuviera relacionado con el hospital Chismorreo General.

Tendría que ser Vielle, quien, esperaba, no haría demasiadas preguntas. Joanna bajó al sótano, pasó ante el depósito de cadáveres y cruzó hasta Urgencias.

Estaba abarrotado, como de costumbre, con gente drogada y de aspecto peligroso, aunque no parecía haber nadie colocado con picara en ese momento. El nuevo guardia de seguridad parecía aburrido, sentado en una silla junto a la puerta. Joanna consiguió llegar hasta Vielle, que entregaba una paciente en una camilla a dos celadores.

—A la cuatro-oeste —les dijo Vielle—. ¿Saben cómo llegar hasta allí?

Los celadores asintieron, inseguros. Vielle les dio complicadas instrucciones, colocó el historial sobre el estómago de la paciente y luego se volvió hacia Joanna.

—Llegas demasiado tarde —dijo—. Hemos tenido un paciente que entró dos veces en parada. Te lo acabas de perder.

—¿Ha muerto?

—No, está bien. Pero si se hubiera muerto habría sido un caso de selección natural. Se electrocutó al quitar las luces de Navidad.

—¿Las luces de Navidad? Pero si estamos en febrero.

 —dijo que era el primer día que no nevaba.

—Creía que las luces de Navidad estaban protegidas.

—Lo están. Excepto cuando das con la escalera directamente contra un cable de alta tensión. Una escalera de metal. —Le sonrió a Joanna—. Está arriba en la UCI. Un poco frito, pero puede hablar. Será mejor que subas rápido. Maurice Mandrake acaba de venir buscándote, y lo vi hablar con el médico que atendió a Don Luces de Navidad.

—¿El señor Mandrake me estaba buscando? —preguntó Joanna. ¡Lo que me faltaba!

—Sí. Dijo que si te veía te dijera que iba a subir a tu despacho. Eso fue antes de Don Luces de Navidad, claro, pero si va a tu despacho, puede que llegues antes que él a la UCI.

Se marchó. Joanna la siguió.

—No he bajado a ver si alguien había entrado en parada —dijo—. Vielle, ¿recuerdas la película Titanic? ¿Había una escena donde la gente subía a cubierta para tratar de averiguar qué había sucedido?

—Lo único que recuerdo de Titanic es a aquellos dos chapoteando en agua helada durante dos horas sin pillar una hipotermia. ¿Sabes cuánto tiempo habrían durado en agua tan fría? Unos cinco minutos.

—Lo sé, lo sé. Intenta recordar. Gente en cubierta, preguntándose qué había pasado.

—Está esa escena en la que el iceberg choca y la gente está en cubierta, tirándose bolas de nieve…

—No, no —dijo Joanna, impaciente—. Esa gente no sabía que había chocado con un iceberg. Estaban allí, algunos de ellos todavía en pijama. Cuando los motores se pararon se despertaron, y subieron a cubierta para ver qué había pasado. ¿Recuerdas una escena así? Vielle sacudió la cabeza.

—Lo siento.

—Tengo que pedirte un favor —dijo Joanna—. ¿Podrías alquilar el vídeo y ver si hay una escena parecida?

—¿No sería más fácil que la alquilaras tú misma? Tú eres la que sabe qué está buscando. Si quieres, podemos verla en la noche del picoteo, siempre que te saltes esa estúpida escena del “rey del mundo”.

—No —dijo Joanna—. Mira, te pagaré el alquiler y la gasolina. Necesito ver si hay una escena así. —Rebuscó en el bolsillo de la bata.

—Puedes pagar los vídeos de la noche del picoteo —dijo Vielle, entornando los ojos—. ¿De qué va todo esto? Tiene que ver con vuestro proyecto, ¿verdad? No me digas que uno de tus sujetos se ha visto en el Titanic.

Shh —dijo Joanna, mirando ansiosamente alrededor. Había metido la pata al pedírselo a Vielle donde la gente podía oírla.

—Es eso, ¿no? —dijo Vielle, bajando la voz—. Uno de tus sujetos de ECM vio el Titanic cuando atravesó el túnel.

—No, por supuesto que no. Es algo de lo que estábamos hablando Richard y yo.

“Bueno, es cierto —pensó a la defensiva—. Hablamos de eso, y Vielle me pregunta si uno de mis sujetos lo ha visto, no si lo he visto yo. Y además, no era el Titanic.”

Algo de lo que Richard y tú estuvisteis hablando, ¿eh? —dijo Vielle, cambiando completamente de modales—. Bueno, al menos estáis discutiendo de algo más que de escáneres TPIR y de niveles de endorfinas, aunque no sé por qué habéis tenido que elegir el Titanic.

Joanna se obligó a sonreír y a no mirar alrededor, por si las había oído alguien.

—Seguro que hay mejores películas por las que discutir —dijo Vielle—. Creía que odiabas esa peli. Cuando quise alquilarla, te dio un ataque porque un oficial no se había suicidado…

—El oficial Murdoch —dijo Joanna. Vielle tenía razón. Le dio un ataque. La película estaba llena de imprecisiones históricas. No sólo no había ninguna prueba de que el oficial Murdoch hubiera matado a un pasajero y luego se hubiera suicidado, sino que además la película había hecho que el oficial Lightoller pareciera un cobarde en vez del héroe que fue, usando los salvavidas hinchables de los camarotes de oficiales y manteniendo el salvavidas B a flote toda la noche…

“El recuerdo no puede proceder de la película —pensó—, porque yo sabía ya cosas sobre el Titanic cuando la vi.” “Todo el mundo sabe cosas del Titanic”, había dicho Richard, pero se refería a los hechos básicos. Todo el mundo sabía que se había hundido, sabía lo del iceberg y la falta de salvavidas, y la banda tocando Alas cerca, mi Dios, de Ti mientras el barco se iba a pique. Pero no todos sabían de Murdoch. O del salvavidas B.

—¿Por qué no alquilas la película, lo invitas y preparas un queso fundido picante especial…?

—Es algo relacionado con nuestros recuerdos sobre la película —dijo Joanna—. Así que si puedes alquilarla y ver si hay una escena como la que digo, te lo agradecería. No tienes que ver la peli entera, sólo la parte que viene después del iceberg.

—Cualquier cosa menos tragarme el romance. Dime otra vez qué tengo que buscar.

—Gente de pie en cubierta, preguntándose qué ha pasado y preguntando al sobrecargo por qué se han detenido, algunos con trajes de noche y otros con aspecto de haberse levantado de la cama. Y no están asustados ni gritando, ni intentan llegar a la cubierta de los botes. Están allí sin más.