—Oh, bien, sigues aquí —dijo Richard, que venía por el pasillo—. Temía que te hubieras marchado a casa. Tengo que enseñarte algo. “Más escaneos”, pensó Joanna.
—Intenté llamarte por el busca antes. ¿Dónde estabas?
—Tuve que ir a ver a alguien. ¿Intentaste llamarme? Él asintió.
—Tenía que hacerte unas preguntas, y quería que supieras que Maisie te llamó.
—¿Maisie? —dijo Joanna. Había prometido ir a verla, y luego su ECM y la pelea y el señor Briarley la borraron de su mente—. ¿Se encuentra bien? —preguntó con ansiedad.
—Parecía bien cuando hablé con ella —dijo Richard—. A las tres. Y las cuatro. Y las cuatro y media. Y las seis. ¿Sabías que los habitantes de Pompeya murieron asfixiados por las cenizas y los gases venenosos? Con, debo añadir, muy impresionantes efectos sonoros.
—Me imagino —sonrió Joanna—. Tengo que ir a verla. Miró el reloj. Las ocho. Era tarde, pero sería mejor que se pasara a saludarla o Maisie podría seguir insistiendo en esperarla despierta.
—Supongo que no estará dispuesta a esperar hasta mañana por la mañana, ¿verdad?
—Lo dudo. Dijo que había estado intentando llamarte al busca toda la tarde.
“Ha sido Maisie quien me ha llamado cuando estaba en la biblioteca”, pensó Joanna, y sintió un destello de culpa y temor, como el que había sentido en el pasillo con Barbara. Como el que el capitán del Californian debió de sentir cuando se dio cuenta de que el Titanic se había hundido.
—Me dijo que te comentara que se suponía que irías a verla inmediatamente, que tenía algo importante que decirte.
—¿Dijo qué era?
—No. Imagino que tendrá algo que ver con el Vesubio. ¿Sabías que los arqueólogos encontraron el cadáver de un perro? Se esforzó tirando de la cadena antes de morirse, tratando de permanecer encima de la ceniza que caía.
—Qué desconsiderados, no soltarlo de la cadena y dejarlo allí con un volcán en erupción —dijo Joanna.
—Eso mismo pensó Maisie. Estaba muy enfadada, porque además no tenía chapa.
—¿Chapa? —dijo Joanna, frunciendo el ceño.
—Para que supiéramos cómo se llamaba —dijo él—. Le dije que se llamaba Fido, que todos los perros romanos se llamaban Fido.
—¿Te creyó?
—¿Estás de broma? Hablamos de Maisie. Joanna asintió.
—Será mejor que al menos suba a verla para que no crea que me he olvidado de ella. —Se frotó la frente, cansada. Le estaba empezando a doler la cabeza, probablemente porque no había comido nada desde hacía horas.
“Me pasaré un minuto y luego me iré a casa”, pensó.
—Antes de que vayas a ver a Maisie, quiero enseñarte algo —dijo Richard. La condujo hasta el laboratorio—. Tenías razón respecto al Titanic. No fue un recuerdo aleatorio.
—¿No lo fue?
—No —dijo él, deteniéndose ante la puerta y abriéndola—. Acabo de consultar con la doctora Jamison. Cuando te marchaste, empecé a pensar en lo que dijiste de que las ECM no variaban lo suficiente para apoyar una teoría sobre aleatoriedad. —Terminó de abrir la puerta y encendió las luces—. Decidí que debería echar otro vistazo a las erupciones sinápticas del córtex frontal.
Se acercó a la consola y la encendió.
—Y cuando lo hice advertí algo interesante. —Empezó a teclear órdenes—. ¿Conoces el trabajo del doctor Lambert Oswell? Joanna negó con la cabeza.
—Ha investigado ampliamente la memoria a largo plazo, estudiando las pautas de aprendizaje y recuerdo. Cuando le planteas a un sujeto una pregunta directa, como “¿Quién ganó la batalla de Midway?”, obtienes una pauta sencilla A+R.
—A menos que seas el señor Wojakowski —dijo Joanna—, que te cuenta una historia. Richard sonrió.
—O toda una novela. De todas formas, la pauta tiene este aspecto —dijo él, tecleando, y recuperó una serie de escaneos—. Mira lo rápidamente que se localizan las erupciones neurales. Es la mente centrándose en el objetivo, como diría el señor Wojakowski. Ahora bien, no hay dos personas que tengan la misma pauta para “¿Quién ganó la batalla de Midway?”. Porque no sólo no hay ningún lugar de almacenamiento concreto para un recuerdo dado, sino que el mismo recuerdo puede estar almacenado en varias categorías: Segunda Guerra Mundial, islas, océano Pacífico o palabras que empiezan por M, por nombrar unas pocas. La pauta ni siquiera es siempre la misma para una pregunta dada. Oswell hizo preguntas idénticas a intervalos de tres meses y obtuvo cada vez pautas A+R distintas. Pero pudo encontrar las fórmulas matemáticas para las pautas que nos posibilitan decir si una pauta es A+R u otra cosa.
Tecleó un poco más, y la imagen de la derecha desapareció y fue sustituida por otra.
—La pauta es diferente, igual que la fórmula, para una pregunta como “¿Qué es el Yorktow?
O: “¿Qué fue lo que dijo el señor Briarley en clase?”, pensó Joanna, contemplando las pautas neurales parpadear y desaparecer, de rojo a verde, de amarillo a azul, floreciendo como fuegos artificiales y luego desvaneciéndose. Estaba sentado en el borde de su mesa, ¿hablando de qué? ¿De Macbetht ¿De tiempos de subjuntivo? ¿De La balada del viejo marinero”?
—Si hago una pregunta como “¿Qué es el Yorktown?”, suponiendo que no seas el señor Wojakowski, la pauta A+R implica la selección y eliminación de posibilidades y es mucho más compleja. También es más amplia, ya que busca la información a través de una extensa gama de recuerdos. ¿Es un lugar? ¿Una batalla? ¿El nombre de una película? ¿Una carrera de caballos? La pauta tiene un grado mucho más alto de aleatoriedad aparente.
Joanna contempló la pantalla, tratando de seguir lo que estaba diciendo, mientras su dolor de cabeza empeoraba minuto a minuto.
—¿Y ése es el aspecto que tiene la pauta en los escaneos?
—No —respondió él—. Sin embargo, la doctora Jamison me recordó que el doctor Oswell también hizo una serie de experimentos sobre interpretación de imágenes. Les mostró a sus sujetos un…
—¿Tienes algo de comer? —lo interrumpió Joanna. Richard se dio la vuelta y la miró.
—Lo siento, pero no he cenado nada. Ni almorzado, ahora que lo pienso, y pensé que tal vez tú…
—Claro. —Él estaba rebuscando ya en los bolsillos—. Veamos, tengo una tableta de Mars —dijo, examinando los artículos y sacándolos— unos cuantos anacardos… Escucha, podríamos ir a cenar de verdad si quieres. Supongo que la cafetería no estará abierta a esta hora.
—La cafetería no está abierta nunca.
—Podríamos ir a Taco Pierre’s.
—No, todavía tengo que ir a ver a Maisie —dijo ella, tomando la tableta de Mars—. Esto estará bien. ¿Qué estabas diciendo?
—Oh, sí, bueno, en una serie de experimentos independientes, Oswell le mostró a sus sujetos una escena en la que los objetos y las formas eran intencionadamente vagos y abstractos.
—Como un Rorschach —dijo Joanna.
—Como un Rorschach —dijo Richard—. Se preguntaba a los sujetos: “¿De qué es esta imagen?” Aquí tienes una naranja. —Se la tendió—. En la mayoría de los casos la pauta era similar a la del A+R abierto con aumento de actividad en el córtex memorístico, y los sujetos describían la pauta como si fuera… Gusanitos… y un paquete de esas galletitas de queso con mantequilla de cacahuete. Nada de beber, así que la mantequilla de cacahuete tal vez no sea buena idea. Podría traerte una Coca-Cola de la máquina.
—Estoy bien —dijo Joanna, pelando la naranja—. ¿Describieron la pauta como qué?