El sexto era «Investigaciones sobre las víctimas». La mejor fuente para aquello era el hombre del sargento Potting en Rumania. Y quizá la Interpol, pero no. confiaba mucho en ellos.
«Motivos posibles», el séptimo punto de la lista, era algo en lo que no pensaba ponerse a elucubrar demasiado. Solía decir a sus hombres que «las suposiciones son la madre de todos los líos». La noche anterior ya le había estado dando vueltas a aquello: ¿no estarían metiéndose en un callejón sin salida al suponer que lo que se escondía detrás de estos asesinatos era el tráfico de órganos humanos? ¿Habría algún psicópata ahí fuera que disfrutara vaciando a la gente?
Sí, podía ser, pero no tanto si aplicaba Tos principios de la Navaja de Ockham. La demanda de órganos humanos en el mundo era alta. Eso era un hecho. A las tres víctimas las habían intervenido cirujanos con experiencia. Otro hecho. Y a favor de aquella teoría tenían el hecho de que un eminente cirujano británico, el doctor Raymond Crockett, hubiera sido inhabilitado tiempo atrás por comprar cuatro riñones para sus pacientes en Turquía. En contra, el hecho de que no hubiera constancia de ningún otro caso de tráfico de órganos humanos en Inglaterra.
Pero siempre había una primera vez.
Y se le ocurrió que el doctor Crockett había sido atrapado. ¿Sería un ejemplar único en su especie, o simplemente es que había tenido la mala suerte de que lo pillaran? ¿Habría decenas de especialistas como él en el Reino Unido, usando órganos ilegales, aún en libertad? ¿Habría vuelto a las andadas Crockett? Tendrían que interrogarlo y eliminar aquella posibilidad.
El siguiente punto era «Medios de comunicación». Estaban usando los medios lo mejor que podían, pero el recurso más importante, el programa de televisión Crimewatch, tardaría, aún, casi una semana en emitirse, y no tenían garantías de hacerse un hueco en él.
Luego estaba «Exámenes post mortem». De momento, tenía toda la información que necesitaba de los forenses. Si encontraban el instrumental quirúrgico, puede que tuvieran que hacer nuevos exámenes. De momento, los cuerpos seguían en el depósito.
Bostezó, sacudiéndose el cansancio, y dio otro largo sorbo a su café. Aquella mañana, al despertarse, a las cinco y media, había sentido un zumbido en el cerebro. Debería de haber salido a correr; siempre le ayudaba a despejarse, pero se sentía culpable por no haber acabado el trabajo la noche anterior, así que había decidido ir a trabajar antes de lo habitual.
El último punto de la lista era «Otras acciones críticas significativas». Se quedó pensando unos momentos y luego repasó la lista que había anotado en su cuaderno de actuaciones. Luego, en el cuaderno, añadió: «¿Fuera borda? Desaparición Scoob-Eee».
Se recostó en la silla y la echó atrás hasta que topó con la pared. Del otro lado de la ventana empezaba a amanecer. La tormenta había remitido durante la noche y el día se había despertado seco. Pero la previsión meteorológica era mala. Unos jirones rojos y rosados atravesaban el cielo, aún gris oscuro. ¿Cómo decía aquel viejo proverbio? Aurora rubia, viento o lluvia.
Se quedó mirando el interior de su taza de café, en silencio, como si la respuesta pudiera encontrarse allí, en aquel líquido negro y humeante.
De pronto se le ocurrió.
A Sandy le gustaban los concursos de cultura general del pub. Recordaba uno en el que habían participado, once o doce años atrás, y una de las preguntas había sido cuál era la superficie del canal de la Mancha en kilómetros cuadrados. Sandy había ganado, tras dar la respuesta correcta: 75.000.
Chasqueó los dedos.
– ¡Sí!
76
– Estamos buscando en el lugar equivocado -anunció Roy Grace a su equipo, que había crecido aún más-. Y puede ser que incluso estemos buscando entre las personas equivocadas. Eso es lo que creo.
Al instante contaba con toda la atención de los veintiséis policías y del personal de apoyo reunido en la sala. Luego se dio un golpecito con los dedos en la sien.
– En el lugar equivocado… mentalmente, no geográficamente.
Veintiséis pares de ojos curiosos se clavaron en él.
Era el cuarto concepto del «Índice de rastreo rápido» del Manual de investigación de asesinatos lo que le había dado la idea.
– Quiero que todos dejéis de pensar en vuestras líneas de investigación por un momento y os centréis en la «Comprobación de la escena del crimen». ¿Vale? Bueno, hemos estado suponiendo que la elección del lugar escogido para deshacerse de los cuerpos había sido fruto de la mala suerte o de la ignorancia. Pero pensad en esto. El canal de la Mancha tiene una extensión de 75.000 kilómetros cuadrados. Esa zona de dragado mide doscientos sesenta kilómetros cuadrados.
Miró a Glenn, a Guy Batchelor, a Bella, a E. J. y a muchos otros.
– ¿A alguien se le dan bien las matemáticas?
La analista del HOLMES levantó la mano.
– ¿Qué porcentaje del canal es esa zona de dragado, Juliet?
Ella hizo unos rápidos cálculos mentales.
– Aproximadamente el 0,34 por ciento, Roy.
– Una proporción mínima -dijo Grace-. Un tercio del uno por ciento. Estamos hablando de una aguja en un pajar. Si yo fuera a tirar un cuerpo en un punto al azar del canal y acabara en la zona de dragado, pensaría que he tenido bastante mala suerte. De hecho, consideraría que la probabilidad de que eso ocurriera era tan mínima que ni la tendría en cuenta. A menos, claro, que hubiera escogido aquella zona deliberadamente.
Hizo una pausa para que asimilaran el golpe.
– ¿Deliberadamente? -preguntó Lizzie Mantle.
– Escucha mi razonamiento: si suponemos que nos enfrentamos a un caso de tráfico humano (el negocio delictivo de más rápido crecimiento del mundo), podemos estar razonablemente seguros de una cosa: el calibre de los delincuentes con que nos enfrentamos. Si están lo suficientemente bien organizados para poder introducir adolescentes en Inglaterra y para tener un centro médico de trasplantes funcional en el país, es probable que sean igual de profesionales en cuanto a la eliminación de los cuerpos. No se limitarían a echarse al mar en un bote de goma y tirarlos por la borda.
Observó un gesto de aprobación general.
Sé que ya hemos hablado de esto, y que hemos llegado a la conclusión de que los cuerpos habían sido trasladados en una embarcación, un avión o un helicóptero privado. Pero cualquiera que sea el medio usado, tendrían que contratar a un patrón o a un piloto profesional. Esa persona tendría mapas, y conocería las diferentes profundidades del canal, y con toda probabilidad conocería esas aguas como la palma de su mano. Puede que la zona de dragado no aparezca en todos los mapas, pero aun así es relativamente poco profunda. Si vas a tirar cuerpos al mar y tienes todo el canal a tu disposición, ¿no buscarías un lugar profundo? Yo sí.
– ¿Cuál es el punto más profundo, Roy? -preguntó Potting.