– ¿Puedo hablar con Annie solo un momento?
– ¿Es algo de lo que me pueda encargar yo mismo? No sé si le habrá dicho que las llamadas personales no están permitidas, excepto en caso de emergencia.
Greg debería haber tenido cuidado de no mirar en dirección a ella.
– Perdone, si pudiera decirle… -dice su padre justo en el momento que Agnes deja su carro y camina hacia Greg.
– ¿Quién es? ¿Es para mí?
– Perdóneme un momento -dice Greg al auricular, cubriéndolo con la palma de la mano-. Es tu padre. Como bien sabes, a la tienda no le gusta…
– A la tienda no puede gustarle o disgustarle nada. Es solo un lugar, maldito idiota -espeta mientras agarra el teléfono-. Dámelo. Suéltalo -dice incluso con más rabia y hundiendo sus uñas en el dorso de la mano de Greg.
Su violencia no solo le sorprende, sino que le provoca deseos de hacerle daño. Si no puede comportarse como una señorita no puede esperar que la traten como tal. Está a punto de cogerle los dedos y retorcérselos hasta que grite, del mismo modo que solía hacer con los jóvenes alumnos que no hacían caso al director, pero piensa que Woody puede estar observando.
– Te arrepentirás de esto -murmura, con una sonrisa esculpida en su rostro, antes de rendir el teléfono al empuje de Agnes.
Ella ya está fingiendo ignorarlo.
– Sí, papi, estoy aquí.
Greg empuja su carro hacia a la sección de Lorraine. Cuando cree que ella no puede ver lo que hace, apoya el dorso de la mano sobre el borde del carro. La madera es fría, pero ¿está también húmeda o es cosa de Greg? No supura mucho de la herida de la mano. La molestia le hace perder algo de tiempo, lo que significa que no ha colocado tantos libros como le gustaría para cuando Agnes termina de susurrarle al teléfono y se acerca a él.
– Jamás vuelvas a hacer eso -dice en el mismo tono de antes.
– Si vuelves a interferir entre mi familia y yo, te haré algo mucho peor. ¿Quién coño te crees que eres?
– Alguien que cree que la tienda merece el estándar de comportamiento por el que se nos paga.
– Por una vez estamos de acuerdo; por lo que se nos paga no deben esperar mucho en ese sentido.
– Si la dirección te oyera -aparta la vista de la estantería para subrayar sus palabras con una mirada punzante-, pensaría que estás haciendo una petición en nombre de un sindicato.
– No querrían que nadie supiera nuestra paga y nuestras condiciones, ¿a eso te refieres? Quizá tú tampoco querrías.
– Sabíamos lo que se nos ofrecía cuando firmamos. No necesitamos un sindicato poniéndonos a los unos contra los otros y saboteando la tienda.
– ¿Tienes idea de lo gilipollas que suenas, Greg? ¿No te das cuenta de que lo único que provocas son las risas de la gente?
– No sé de quién hablas. Seguro que se reirían más de las cosas que dices tú.
A estas alturas Greg no es apenas consciente de sus palabras. Los calambres de dolor en el dorso de su mano le inducen a seguir bombardeándola con reproches. Se concentra tanto en no apartar su atención de la estantería que no nota la compañía.
– ¿Cómo va todo por aquí? No veo ninguna sonrisa.
Greg fuerza una y tiene que recordarse a sí mismo no darle la bienvenida a Woody en voz alta. Agnes insiste en la sonrisa con la que ya ha saludado a Woody.
– Tampoco veo a ningún cliente -murmura.
– Supongo que eso debería de cambiar ahora que Angus ha repartido la publicidad.
Woody levanta las cejas para abrir más los ojos, exponiendo su enrojecido aspecto, y convirtiendo su sonrisa en una interrogación.
– Todavía estoy esperando saber el motivo de vuestra discusión.
Agnes mira desafiante a Greg, lo que prueba su torpeza al no conocerlo mejor.
– Mi compañera piensa que deberíamos unirnos a un sindicato -le dice a Woody.
– ¿En qué va a ayudar eso a la tienda?
– Quieres que sonriamos, ¿verdad? -pregunta Agnes-. Quizá en ese caso tendríamos razones para ello.
– ¿No es suficiente razón trabajar aquí? Para mí lo es.
La sonrisa de Woody se ha vuelto lo bastante triste para resultar suplicante. Greg está a punto de concluir que la rebelión ha sido sofocada, pero Agnes se vuelve hacia éclass="underline"
– ¿Has terminado de chivarte?
– Ya que sacas el tema, quizá deberías hablarle a Woody de lo que tuve que recordarte antes.
– No me importa quién me lo diga, pero que sea rápido.
Greg se siente decepcionado porque Woody parezca meterlos en el mismo saco a los dos.
– Me temo que me vi obligado a recordarle que no apruebas las llamadas personales a la tienda.
– La tienda no las aprueba, eso está claro.
Greg siente decenas de objeciones luchando por salir de la boca de Agnes, pero no anticipa al ganador de esa carrera.
– ¿Quién le da derecho a decirme nada? Es solo uno de los empleados, como yo.
– Podría ser algo más que eso en el futuro si sigue por ese camino. ¿Qué llamada era esa?
Greg piensa que su propia ira la ha dejado muda.
– Mi padre -confiesa, no obstante.
– ¿Era urgente? ¿Algo que no pudiera esperar hasta que llegaras a casa?
– No creo que tú lo juzgues así.
– Apreciaría que siguiera de ese modo, entonces.
Esa le parece a Greg una manera amigable de expresarlo, pero Agnes se enfrenta a Woody con una mirada silenciosa.
– ¿Estamos aquí perdiendo el tiempo o tienes alguna otra cosa que decirme? -dice Woody finalmente.
– Tienes razón, no debería estar perdiendo el tiempo. No querrás que nadie de la tienda llegue tarde al funeral, ¿verdad?
Agnes se marcha sin darle ocasión de responder. Empuja su carro hacia el montacargas con más entusiasmo del que mostró con sus libros, cuando Angus abre la puerta del pasillo.
– ¿Estás segura de no querer decirle adiós a Lorraine? -le pregunta Agnes, mirando de soslayo a Woody y Greg-. Estoy segura de que la dirección puede defender el fuerte hasta nuestra vuelta. No parece que haya mucho de lo que ocuparse.
– Creo que es mejor quedarme, si no te importa, por si acaso.
No ha acabado aún de hablar cuando Agnes ya le ha dado la espalda.
– Es el momento de irnos, los que vayáis a venir -profiere-. Mejor no correr mucho con esta niebla.
Dos hombres en los sillones, cuya piel parece haber absorbido gran parte de sus cabellos, levantan la vista de los libros infantiles apoyados en su regazo. Parecen preguntarse si Agnes les incluye a ellos.
– Voy a llevar a todo el mundo -informa a Woody.
– Eso me ha parecido, ha quedado claro.
Greg sonríe para indicar que le ve la gracia al comentario. Cuando Agnes desaparece por el pasillo, vuelve a sus libros. Woody se aproxima a los hombres sentados para averiguar qué clase de libros les gustan, y para cuando Agnes lidera a su tropa al exterior de la tienda, solo ha podido sacarles un «no sé» y un «no».
– Volveremos tan pronto como podamos -le asegura Jill a Woody; Agnes mantiene un silencio desafiante.
Una vez Ross y las mujeres a las que ya no se permite llamar chicas han pasado del escaparate, Greg aguza el oído para averiguar dónde ha aparcado Agnes. Advierte que Woody ha tenido la misma idea, pues sale de la tienda a comprobarlo. Cuatro puertas se cierran, su sonido amortiguado por la niebla, y el coche se va perdiendo en la distancia tras reunirse con las tinieblas. Un aura gris sigue a Woody dentro de la librería, como si estuviera envuelto en niebla.
– No estaba en la parte trasera -anuncia, Greg piensa que se dirige él, aunque realmente mira a Angus.
– Se te ha escapado uno.
Coge un puñado de folletos del mostrador y sale afuera una vez más. Greg se autoproclama líder en su ausencia y se esfuerza en estar pendiente de todo lo que lo rodea mientras trabaja. ¿Está murmurando uno de los hombres sentados, o están los dos haciendo un ruido extraño? Aparte de la invernal cháchara de Vivaldi encima de su cabeza, Greg está convencido de oír algo diferente, voces que chocan para convertirse en una sola y luego se separan de nuevo, luchando por hablar o cantar o producir otro tipo de sonido. Si hubiera otros clientes, les pediría a los hombres que guardaran silencio. Por otro lado, Angus parece ajeno a lo que están haciendo, y a muchas otras cosas. Ha abandonado el mostrador para arreglar sus estanterías, y Greg está a punto de recordarle que la caja debe estar siempre atendida durante las horas de apertura. El teléfono le salva. Se dirige al mostrador, pero Greg es más rápido en llegar a la extensión de Adolescentes.