– Ya casi estamos -dice por su propio beneficio casi tanto como por el de Mad, y se abre un ojo con dos dedos para poder anunciar-: Aquí me vale.
– ¿Quieres que te recoja esta noche?
– Gracias, pero no estoy seguro de dónde estaré. Te veré en el trabajo.
Seguramente saldrá directamente de casa. No le gusta renunciar a sus opciones, eso es todo, y es una de las razones por las que sus novias acaban discutiendo con él y le dejan. Al tiempo que el Mazda de Mad se aleja camino de Chadderton, Gavin gira en una calle y camina bajo los árboles que sobresalen de los espesos jardines dejando caer sus hojas sobre su cabeza.
Entra en su piso, pasa el viejo porche, tira las cintas en el viejo sofá de sus padres sin detenerse, y deja luego el abrigo sobre la cama. Levanta la frágil tapa del váter con una mano y apunta ayudándose con la otra; entonces deja el baño para ir a la incluso menor cocina y descubrir lo que se dejó de desayuno. No hay tantos grumos en el medio cartón de leche, y esta no sabe tan amarga como para no ser útil para bajar los restos fríos de la segunda hamburguesa de anoche. Tira el cartón a la basura y el plato al fregadero, e introduce a los Cuddly Murderers en el aparato de vídeo. Se arroja sobre el sofá, y aterriza en el pedazo de asiento que no está cubierto de ropa, discos compactos, libros o revistas.
Los Cuddly Murderers bailan en el escenario como haces de luz sobre la oscuridad, y el bosque de personas que es el público comienza a balancearse de un lado a otro como si el viento los agitara. La banda comienza a cantar a alaridos My Sweet Uzi, pero no han llegado ni a la mitad de la canción cuando la pantalla se vuelve gris y se los traga. Son sustituidos por la grabación de dos bandas que luchan enfundadas en sendas armaduras, y luego de otras dos, una de ellas sin armadura y la otra con una diferente a las anteriores. Gavin acelera la cinta para encontrarse con otro grupo de gente desnuda dándose garrotazos, y que acaban muertos en el suelo. Ni siquiera lo llamaría batalla, es una competición por ver quién queda vivo. Al final, una única y enorme figura sobrevive y es subida a lo alto de una especie de plataforma triunfal, pero no dura mucho, pues Gavin lo está pasando rápido. Entonces, una multitud de figuras achaparradas suben a uno de ellos en un montículo y la asaltan con un cuchillo o piedra afilada. ¿Qué clase de película es esta? ¿Estaba alguien haciendo un vídeo de escenas de muertes y puso a los Cuddly Murderers por error? La víctima deja escapar su último suspiro y desaparece en una renovada grisura. Gavin sigue acelerando la cinta, pero el equivalente a cinco minutos de nieve le hace alargar el brazo en el sofá para coger Pillar of Flesh con la intención de sustituir a la cinta actual.
Cuando el foco alumbra a Pierre Peter en el escenario, este comienza a cantar Seeds Like a Pumpkin y el público grita y silba. Otra luz se posa sobre Riccardo Dick, pero tan pronto como empieza el riff de su guitarra, la imagen tiembla, dejando paso al gris. El concierto es sustituido por borrosas imágenes monocromáticas o copiadas con tan poca calidad que se han tornado del color al blanco y negro. Gavin intenta coger el mando, aunque siente como si estuviera moviéndose y a la vez tratando de despertarse. Entonces ve algo que falla; para ser más concretos, es lo mismo de antes, la misma grabación.
Acelera la cinta y las imágenes de las batallas antes de que el mando se le caiga de las manos. ¿Por qué iba alguien a querer copiar este material sobre una segunda cinta? Abre los estuches de las cintas para ver el nombre en la etiqueta de Devoluciones. Las cintas fueron devueltas por dos clientes diferentes, uno de Liverpool y otro de Manchester.
Se siente incapaz de entender lo que esto implica hasta que cae en el sueño. Bien podría estar soñando las imágenes de la pantalla; no podría decir si los salvajes que se dan garrotazos están cubiertos de sangre y vísceras o de barro. Ahora que la cinta va a velocidad normal, ve como el vencedor es elevado por un objeto parecido a una gigantesca y rudimentaria rama. Tras subirlo, lo sume en la tierra o en la niebla, sea cual sea el lugar de donde ha surgido, quizás ambos. La pantalla es invadida por el gris antes de mostrar lo que ocurre después, ¿o es antes? Las atrofiadas siluetas, que arrastran a su víctima al montículo que parece formarse con la propia tierra de su alrededor, aparentan ser incluso más primitivas que los combatientes de antes, y el objeto que usan para abrirla sobrepasa los límites de la crudeza; ni siquiera está lo bastante afilado. Cuando al fin la víctima deja de luchar y gritar en silencio, ¿ve cómo el montículo se hunde en la tierra arrastrando el cadáver, es eso? La niebla o la nada lo rodean todo, y la cinta continua avanzando hasta que se levanta confuso para detenerla. Quizá la vuelva a ver después, pero ahora mismo no sabe qué parte ha imaginado y cuál ha visto realmente. De todos modos, tras quitarse la ropa y salir de un salto de sus pantalones camino a la cama, tiene la sensación de haber conseguido la respuesta a una pregunta que se le formuló hace poco. Una vez dormido, quizá sea capaz de recordar ambas cosas.
Wilf
Apaga los faros y clava sus ojos en el muro trasero de Textos hasta que su mente comienza a vaciarse. No sirve de nada. Puede parecer algo pacífico, pero no viene aquí en busca de paz, sino a trabajar. Quiere su trabajo, ama los libros y conducir a los clientes exactamente a donde quieren ir, y no hay razón para que no pueda hacerlo a no ser que él crea que así es. La tienda es igual que su piso, solo que con más libros, y si puede ordenarlos en casa, debería de poder hacerlo aquí también. Sale del Micra y cierra la puerta, causando un eco en la niebla que vuelve en forma del gigantesco latido de corazón. Aunque el turno del mediodía no empieza hasta dentro de diez minutos, da la vuelta a la tienda tan deprisa que imagina estar huyendo de sus propios pasos solitarios y de lo aislado que le hacen sentirse. Un Audi negro está aparcado ocupando tres espacios en el frontal de la tienda. Al tiempo que Woody se acerca a saludarle a la entrada, Wilf oye a gente saliendo del coche a su espalda.
– Bienvenidos a Textos -dice Woody con una sonrisa.
No está hablando con Wilf. Mira más allá de él, a alguien más bajo que Wilf. Su mirada pasa alternativamente de uno a otro con rapidez, y sonríe incluso más intensamente, levantando las cejas. ¿Qué le pasa? Wilf se gira para ver a quién saluda y para ahorrarse la visión del desfigurado rostro de Woody.
Hay dos personas detrás de Wilf. El hombre es media cabeza más bajo que él, y lleva un traje a cuadros rojos y blancos, de un material lo bastante brillante como para servir para un vestido de noche. Sobre su camisa blanca y la corbata negra, su rostro redondo y suave blande unos labios tan finos que parecen pedir a gritos un poco de carmín. Su joven acompañante es más alta que Wilf, pero más flaca que su rechoncho amigo, para compensar. Va vestida con un traje gris de lunares negros. Los dos parecen muy orgullosos de su propia importancia, ¿serán los jefes americanos de Woody? Wilf se arriesga a mirarlo de nuevo, lo que provoca una sonrisa más fiera y una repetición silenciosa de su saludo. Esta vez Wilf lo entiende, pero no por qué Woody se lo haga comprender de manera tan obvia. Se pone junto a Woody, de frente a los recién llegados y se coloca en el rostro la expresión sugerida por Woody antes de decir:
– Bienvenidos a Textos.
– ¿Y qué creen que estamos recomendándole hoy a nuestros clientes? -grita Woody-. Nada menos que Vestir bien, vestir mal.