Cuando Chippingham llegó a su despacho eran las 23.25. A los cinco minutos recibió un despacho de la agencia Reuters, procedente de Lima, con información sobre las exigencias de Sendero Luminoso a la CBA. Instantes más tarde, la Associated Press de Washington mandaba un informe más detallado, con el documento entero titulado «Ha llegado la hora de la Luz».
Durante los quince minutos siguientes, la ABC, la NBC y la CBS difundieron sendos boletines con fragmentos de la cinta de Jessica. Prometían más detalles en los informativos del día siguiente. La CNN, que estaba emitiendo un noticiario en ese momento, insertó la historia en primicia. Chippingham mantuvo su decisión previa de no interrumpir la programación en curso y emitir a medianoche un boletín bien elaborado, que ya estaban preparando en ese momento.
A las 23.45 se dirigió a la Herradura, que bullía de actividad. Norm Jaeger ocupaba la butaca de director de realización. Iris Everly estaba en una sala de montaje, trabajando con la cinta de Jessica y otras que servirían de telón de fondo a la historia. Don Kettering, que presentaría el boletín especial de medianoche, estaba en la sala de maquillaje, leyendo y corrigiendo su borrador.
– Lo vamos a decir escuetamente -le dijo Jaeger-, sin comentar ninguna reacción de la CBA. Creo que ya habrá tiempo de sobra para ello, sea cual sea la respuesta. Por cierto, nos han llamado todos, incluidos el Times y el Post, interesándose por nuestra respuesta. Les estamos diciendo que no hay respuesta, que se está considerando todavía.
– Bien -asintió Chippingham, aprobando su decisión.
Jaeger señaló a Karl Owens, sentado al otro extremo de la Herradura:
– Karl tiene una idea sobre cuál podría ser nuestra respuesta.
– Me gustaría oírla.
Owens, el caballo de batalla, el metódico realizador que había propuesto ya bastantes ideas y cuya labor concienzuda había llevado a la identificación del terrorista Ulises Rodríguez, consultó sus notas en sus típicas fichas de datos.
– El documento de Sendero Luminoso dice que ellos nos entregarán las cinco cintas que sustituirán nuestro boletín nacional de la noche; la primera el jueves próximo, y las otras durante los cuatro días siguientes. A diferencia de la cinta sobre la señora Sloane que hemos visto esta noche, al parecer mandarán esas otras cintas sólo a la CBA.
– Eso ya lo sabía -dijo Chippingham.
Jaeger sonrió mientras Owens seguía a su ritmo, imperturbable: -Lo que yo propongo es que sigamos ocultando la reacción de la CBA hasta el martes. No obstante, para que no decaiga el interés, el lunes podemos decir que emitiremos un comunicado al día siguiente. Luego, el martes podemos anunciar que no habrá ningún comentario mientras no recibamos la cinta prometida para el jueves, y que después ya daremos a conocer nuestra reacción. -¿Y adónde quieres llegar?
– Esto nos da seis días, hasta el jueves. Luego supongamos que llega la cinta de Sendero.
– Muy bien. Ya ha llegado. ¿Qué más?
– La guardamos en una caja fuerte, donde nadie pueda tener acceso a ella, e interrumpimos inmediatamente la programación, armando un gran alboroto, diciendo que hemos recibido la cinta, pero que está defectuosa. Debe de haberse estropeado por el camino y se ha borrado buena parte de su contenido. Hemos intentado verla, y luego fijarla, pero no hemos podido. Además de difundir la noticia por televisión, se la comunicaremos a todas las agencias y los medios de comunicación, para asegurarnos de que el mensaje llega a Perú y hasta Sendero Luminoso.
– Creo que voy siguiendo tu razonamiento -dijo Chippingham-, pero termina de todos modos.
– Los terroristas no sabrán si estamos mintiendo o no. Lo que saben, como todo el mundo, es que son cosas que pasan. Así que tal vez nos concedan el beneficio de la duda y nos manden otra cinta, que tardaría unos días…
Lo cual significaría -Chippingham concluyó la frase por él- que no podríamos empezar a emitir sus cintas el día que ellos especificaban.
– Exactamente.
– Creo que Karl acabaría diciéndolo, Les -añadió Jaeger-. Pero, si funciona, y puede funcionar, habríamos ganado varios días más. ¿Qué opinas?
– Creo que es una brillante idea -dijo Chippingham-. Me alegro de haber recuperado la capacidad de decisión.
Durante el fin de semana, la noticia de las exigencias de Sendero Luminoso y la cinta de Jessica inundaron todos los medios de comunicación y la opinión pública mundial. Los teléfonos de la CBA no paraban de recibir llamadas pidiendo algún comentario de la emisora, preferiblemente en forma de declaración oficial. Todas las llamadas fueron canalizadas hacia la CBA-News. Se aconsejó a los demás directivos y altos cargos de la compañía que no respondieran a las preguntas respecto a ese tema, ni siquiera oficiosamente.
La CBA-News destinó a tres secretarias especiales para atender todas esas llamadas. Su respuesta era siempre la misma: la CBA no tenía ningún comentario que hacer, ni se sabía cuándo lo haría.
La ausencia de reacción por parte de la CBA, sin embargo, no impidió toda clase de conjeturas externas. La opinión mayoritaria parecía ser: ¡Aguantad firme! ¡No cedáis!
Con todo, un número bastante amplio no veía inconveniente en aceptar las exigencias de los secuestradores para la liberación de sus rehenes. Lo cual provocó un iracundo comentario de Jaeger:
– ¿Es que no comprenden esos insensatos que es una cuestión de principios? ¿No se dan cuenta de que se crearía un precedente que invitaría a todos los grupos de lunáticos del mundo a secuestrar a los profesionales de la televisión?
En los debates del domingo -«Frente a la nación», «Reunión con la prensa» y «Esta semana con David Brankley»- se discutió el tema y se leyeron algunos extractos del libro de Crawford Sloane La cámara y la verdad, particularmente:
Hay que considerar la posibilidad… de prescindir de los rehenes.
La única manera de tratar a los terroristas es… no pactar con ellos ni pagar rescate alguno, directa o indirectamente, ¡en ningún caso!
En el seno de la CBA, los que prometieron a Les Chippingham guardar el secreto de la decisión definitiva de no aceptar las condiciones de Sendero Luminoso cumplieron su palabra. De hecho, la única que la incumplió fue Margot Lloyd-Mason, que el domingo comunicó a Theodore Elliott por teléfono todo lo sucedido la noche anterior.
Sin duda, Margot habría defendido acaloradamente que su decisión de poner al corriente al presidente de Globanic era la más correcta. Pero por desgracia, correcta o no, su acción abonó el terreno para una filtración devastadora.
5
La sede de Globanic Industries World se hallaba en un complejo de oficinas de estilo señorial, rodeado por un espléndido parque privado, en Pleasantville, Nueva York, a unos sesenta kilómetros de Manhattan. La intención de ese alejamiento era aislar a la cúpula ejecutiva de las presiones y la enrarecida atmósfera de las filiales industriales y financieras de Globanic. La Globanic Financial, por ejemplo, que en ese momento se encargaba del canje de la deuda externa de Perú, ocupaba tres plantas del edificio Uno del World Trade Center, en la zona de Wall Street.
Sin embargo, el cuartel general de Pleasantville albergaba en realidad muchos asuntos secundarios relativos a algunas filiales de Globanic. Ésa era la razón de que, el lunes a las diez de la mañana, Glen Dawson, un joven reportero del Baltimore Star, estuviera esperando allí para entrevistar a uno de los altos cargos sobre el tema del paladio. En ese momento, ese metal precioso estaba de actualidad y una filial de Globanic, Minas Gerais, explotaba la producción de paladio y platino en Brasil, cuyos disturbios laborales estaban amenazando el suministro.
Dawson estaba esperando en un elegante vestíbulo circular que daba acceso a los despachos de otros directivos de Globanic, entre otros el propio presidente del holding.