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El editorial de Partridge se centraba en la situación peruana, drásticamente deteriorada, en términos económicos y de orden público. Los comentarios personales de dos periodistas peruanos, uno de la radio, Sergio Hurtado, y el editor de la publicación Escena, Manuel León Seminario, apuntaron esos hechos acompañados de imágenes de una multitud enfurecida saqueando un supermercado y desafiando a la policía.

Según Hurtado: «Éste era un país democrático lleno de promesas, pero ahora nos estamos encaminando a la misma dolorosa autodestrucción que Nicaragua, El Salvador, Venezuela, Colombia y Argentina».

Y Seminario había formulado una pregunta sin respuesta: «¿Por qué padecemos los sudamericanos este mal crónico que nos hace incapaces de gobernarnos de manera estable?». Y proseguía: «Existe un contraste tan lamentable con nuestros prudentes vecinos del norte… Mientras Canadá y los Estados Unidos disfrutan de una ilustrada concordia basada en el libre comercio, haciendo a sus naciones fuertes y estables para las generaciones venideras, en el continente sur nos enfrentamos y nos degollamos».

Para contrastar el reportaje, Partridge sugirió que Rita intentara conseguir una entrevista grabada con el presidente Castañeda. Se la negaron, pero les propusieron a un ministro de segunda fila, Eduardo Loayza. Utilizando un intérprete, éste les declaró en tono aséptico que los problemas de Perú eran temporales. Superarían la bancarrota económica del país. El poder de Sendero Luminoso estaba disminuyendo. Y los rehenes norteamericanos del grupo armado serían liberados muy pronto por el ejército o la policía peruanos.

Las declaraciones de Loayza se incluyeron en el reportaje del lunes, pero, según comentó Rita, «el personaje y su mensaje eran agua de borrajas».

El contingente de la CBA en Lima se comunicaba con frecuencia con el cuartel general de Nueva York, que ponía al corriente a Partridge y Rita de todas las novedades internas, incluida la cinta de Jessica, las exigencias de Sendero Luminoso y la metedura de pata de Elliott. Esta última enfureció a Harry Partridge, pues creyó que minaría decisivamente sus intentos clandestinos de acercamiento. No obstante, resolvió continuar con la táctica ya iniciada.

Probablemente a causa de ese trasvase de iniciativa de Nueva York a Lima, la reunión del martes del grupo especial dedicó tanta atención al tema relativamente secundario de la investigación de los anuncios de la prensa.

– Lo hemos comentado -Norm Jaeger puso al corriente a Les Chippingham, que llegó más tarde- porque te preocupaban los costes, que siguen siendo sustanciales, aunque podemos darle carpetazo en cualquier momento.

– Touché! -reconoció Chippingham-. Pero me habéis demostrado que teníais razón, así que tomemos una decisión conjunta.

Pero no admitió que los índices de audiencia de los informativos de la CBA eran tan extraordinarios que había dejado de alarmarle el tema del presupuesto. Si Margot Lloyd-Mason le armaba un escándalo, se limitaría a señalarle que ningún director de informativos había alcanzado tales cotas en toda la historia de la emisora. Luego preguntó a Teddy Cooper:

– ¿Tú qué opinas, Teddy, respecto a proseguir o no la investigación en los anuncios?

Desde el otro extremo de la mesa de juntas, el joven investigador inglés le dedicó una sonrisa:

– Gran idea al final, ¿eh?

– Sí. Por eso te lo pregunto.

– Todavía podríamos sacarle algo. Si no perdemos la esperanza puede salir otro as, aunque la probabilidad es menor. Si lo dejamos, quizá pueda proponer otra solución brillante…

– No me extrañaría -comentó Norm Jaeger, cuya opinión sobre Teddy Cooper había dado un giro de ciento ochenta grados desde que le conoció.

Decidieron abandonar la investigación al día siguiente.

Pero tres horas más tarde, como si el destino hubiera decidido coquetear con ellos, se produjo una novedad espectacular, la que todos estaban esperando desde el principio.

A las dos de la tarde, en la sala de juntas, Teddy Cooper recibió una llamada telefónica de Jonathan Mony.

Mony había acabado asumiendo las funciones de supervisor y llevaba los últimos días repasando datos con los investigadores eventuales. Corría el rumor de que, cuando concluyera su trabajo actual, el departamento de informativos le ofrecería un puesto fijo. Su voz sonó excitada y sin aliento a través del teléfono:

– Creo que lo hemos encontrado. ¿Puedes venir… tú y el señor Kettering, tal vez?

– ¿Qué habéis encontrado y dónde estáis?

– La guarida de los secuestradores, estoy casi seguro. En Hackensack, Nueva Jersey. Estaba en un anuncio del Record, el periódico local, y le hemos seguido la pista.

– ¡No cuelgues! -le dijo Cooper.

Don Kettering y Norman Jaeger acababan de entrar juntos. Cooper levantó el auricular, gesticulando:

– Es Jonathan. Cree que ha descubierto Villa Sendero.

En una mesa auxiliar había un altavoz. Jaeger pulsó la tecla para ponerlo en marcha:

– Bien, Jonathan -dijo Kettering-. Cuéntanoslo todo.

– Había un anuncio por palabras en el Record -dijo la voz de Mony amplificada-. Parecía encajar en lo que buscábamos. ¿Os lo leo?

– Venga.

Se oyó un crujido de papeles mientras Mony proseguía su informe.

El anuncio era del 10 de agosto, treinta y cuatro días antes del secuestro, lo cual situaba al anuncio dentro del marco delimitado para la investigación.

HACKENSACK – VENTA O ALQUILER

Finca rústica con una hectárea y media de terreno, gran casa tradicional, 6 camas, habitaciones de servicio, adecuada para residencia multifamiliar o guardería, etc. Chimeneas, calefacción central, aire acondicionado. Amplias dependencias para vehículos, talleres, establos. Ubicación aislada, tranquilidad. Precio ajustado. Necesita ciertas reparaciones.

PRANDUS & PAIGE

Agentes Colegiados

Una de las chicas había descubierto el anuncio, enterrado entre otros muchos: el Record tenía una de las secciones de anuncios más nutrida de las publicaciones de la zona. Cuando lo leyó se puso en contacto con Jonathan Mony, que estaba por esa zona y llevaba un chivato de la CBA. Éste se había reunido con ella en las oficinas del periódico, desde donde Mony había telefoneado a los agentes de la propiedad inmobiliaria Prandus & Paige.

Al principio no se había hecho muchas ilusiones. Durante los últimos quince días se habían presentado bastantes alertas semejantes. Pero tras las primeras emociones y seguimientos, incluidas las respectivas visitas a las propiedades «posibles», todas ellas se habían revelado vanas. La probabilidad de que esta última fuera distinta no parecía muy grande.

En este caso, como en muchos de los anteriores, al enterarse de que era una investigación de la CBA, los agentes habían colaborado de buen grado y les habían facilitado la dirección. Pero había unos datos suplementarios: en primer lugar, casi inmediatamente a la publicación del anuncio, les habían hecho una oferta de alquiler de la propiedad por un año, pagando la cantidad total por adelantado. Y en segundo lugar, una reciente comprobación de rutina había revelado que la casa y las dependencias estaban deshabitadas.

Un empleado de la agencia dijo a Mony:

– Los inquilinos la han ocupado durante poco más de un mes, y no hemos vuelto a tener noticias de ellos, así que no tenemos ni idea de si piensan volver. Todavía no sabemos qué hacer, y si tenéis algún contacto con ellos, te agradecería que nos lo comunicaras.

Mony, cuyo interés estaba creciendo rápidamente, le prometió tenerle informado. Después fue a visitar la finca con la chica que había encontrado el anuncio.