Algunas cabezas asintieron con aprobación cuando Margot declaró:
– La tecnología para la combinación de las líneas telefónicas y la televisión, utilizando fibra óptica, ya está en el mercado. Sólo falta poner en marcha el sistema, lo cual incluye que emisoras como la nuestra desarrollen una programación especial por cable. Los beneficios potenciales son enormes.
– ¿No existen restricciones por parte de la administración respecto a la participación de las compañías telefónicas en este campo de las telecomunicaciones? -preguntó Ironwood.
– Las restricciones del Congreso cambiarán. Estamos en ello. De hecho, existe ya un borrador de la nueva ley.
– ¿Y estás convencida de que el Congreso la llevará adelante?
Theo Elliott se echó a reír.
– Si lo está, será con razón. Supongo que la mayoría de vosotros habrá leído el libro The Best Congress Money Can Buy. Si no, es una lectura obligada para personas como nosotros. ¿Cómo se llamaba su autor?
– Philip Stern -repuso Margot.
– Bueno, pues tal como describió Stern, Globanic Industries contribuye activamente en todos los comités de acción política, los PAC, que afectan a nuestros intereses, lo cual significa que los votos de los congresistas se pueden comprar y estarán a nuestra disposición cuando los necesitemos. Cuando Margot desee que se modifiquen esas normativas, no tiene más que decírmelo. Del resto me encargo yo.
– Se está hablando de la abolición del sistema de los PAC -dijo DeWitt.
– Pero no es más que eso… palabrería -contestó Elliott-. Además, aunque lo llamen de otra manera, podéis estar seguros de que los congresistas encontrarán el modo de seguir haciendo lo mismo que ahora.
La charla directa y extraoficial prosiguió, aunque el tema del secuestro de la familia Sloane no volvió a mencionarse.
A última hora de la mañana le tocó el turno a K. Phocis («Fossie») Xenos, presidente de Globanic Financial Services, de dirigirse a sus colegas del holding.
Tres años atrás, la empresa Tri-Trade Services era una compañía de leasing, que concedía préstamos a la clase media americana, con una cadena de establecimientos a nivel de calle; también contrataba seguros de vida y de accidentes. Globanic adquirió la compañía Tri-Trade porque Theo Elliott la consideró una base sólida, ya en funcionamiento, más fácil que crear una empresa nueva, para atraer a los inversores internacionales con ganas de riesgos y atractivos empresariales. Entregó sus riendas a Fossie Xenos, un griego-americano de segunda generación, joven, con un master en ciencias económicas en Wharton, que había llamado la atención de Elliott gracias a unas ingeniosas maniobras de inversión bancaria.
Lo primero que hizo Xenos fue eliminar los créditos a los consumidores, que sólo producían modestos beneficios, y cerrar las oficinas de la calle; poco después liquidó la actividad aseguradora, describiéndola como una «rutina de poca monta para enanos mentales». Le interesaban otras cosas más movidas y excitantes de la escena económica: la compra de derechos, intereses y acciones, los famosos LBO (leveraged buy-outs), financiados por los «bonos-basura».
Desde entonces, Fossie Xenos, trabajando con todo lo que estuviera financieramente «candente», había originado unos beneficios asombrosos a la Globanic Financial, creándose una magnífica reputación de dinamismo. Por eso mismo, Margot Lloyd-Mason consideraba a Fossie, que era el tercero de los candidatos a la dirección general del holding, su rival más temible.
A pesar de sus habilidades y sus éxitos financieros, Fossie conservaba sus modales juveniles, y aparentaba unos ocho años menos de los cuarenta y uno que tenía. Iba vestido de modo informal y bastante despeinado, debido a su manía de pasarse las manos por el pelo mientras hablaba, como un tic. Era persuasivo y convincente, y siempre lucía una sonrisa deslumbrante que daba gran atractivo a su personalidad.
Ese día, Fossie Xenos les presentó un plan complejo, delicado y ultrasecreto, que de momento se hallaba sólo en proyecto pero que anticipaba unos beneficios multimillonarios a la Globanic. Abarcaba una operación de canjes a gran escala y de fondos de inversión inmobiliaria, todo ello relacionado con Perú, con cuyo gobierno habría de tratar Globanic directamente.
Fossie describió a sus colegas las sucesivas etapas y condiciones del proyecto:
Actualmente, Perú tenía una deuda externa impagada de más de 16.000 millones de dólares; la comunidad económica internacional le había cortado el crédito. No obstante, Perú, que atravesaba una desesperada crisis económica, estaba ansioso por recuperar su respetabilidad para poder seguir en la dinámica de préstamos.
Globanic Financial Services había comprado en secreto 4.500 millones de dólares de la deuda de Perú -más de una cuarta parte- a una media de cinco centavos por dólar, o sea por 225 millones de dólares. Los prestadores originales de ese dinero, principalmente bancos americanos, estuvieron encantados de vender, aun a ese precio, pues llevaban mucho tiempo convencidos de que nunca lo recuperarían. Globanic había «avalado» la deuda peruana, es decir, la había convertido en papel negociable.
El gobierno peruano, a través de tres ministerios -finanzas, turismo y obras públicas-, había sido informado de que tenía una oportunidad inmejorable para borrar de un plumazo esos 4.500 millones de deuda, comprando a Globanic su papel a diez centavos por dólar, pero efectuando todos los pagos contables en la débil divisa peruana, el sol. Eso era un gancho muy inteligente de Fossie, porque, de ese modo, la pequeña y valiosísima reserva de divisas fuertes de Perú -principalmente dólares USA- permanecería intacta.
Había tres condiciones críticas para que Globanic aceptara la moneda peruana. La compañía no quería dinero en efectivo, sino un canje que le otorgara la propiedad absoluta de dos espectaculares zonas de recreo que estaban en manos del gobierno peruano. Globanic Financial crearía y después explotaría allí dos grandes centros turísticos, en la seguridad de que tenían un enorme potencial. El centro situado en la costa se convertiría en la «Punta Este del Pacífico». El otro, en la cordillera de los Andes, sería un excepcional punto de partida para las excursiones a Machu-Picchu y Cuzco, dos de las más populares atracciones turísticas del mundo entero.
Con esas dos grandes extensiones de tierra, el gobierno debía garantizar a Globanic la absoluta libertad para realizar allí las inversiones en infraestructura oportunas. Y al mismo tiempo, Globanic aportaría una divisa fuerte para pagar las obras y además propiciaría una creación masiva de puestos de trabajo, dos cosas que Perú necesitaba imperiosamente.
La última condición, que debía mantenerse en secreto entre el gobierno peruano y Globanic, era que el precio de la tierra sería un veinticinco por ciento más bajo de su valor de mercado.
Globanic se beneficiaría por varios canales: en primer lugar, vendiendo la deuda por el doble de lo que le había costado -un bono canjeable de 225 millones de dólares-. Segundo, obteniendo dos magníficas fincas por las tres cuartas partes de su valor. Y tercero, canalizando las inversiones del mundo entero en el desarrollo del centro turístico, lo cual le produciría unos beneficios extraordinarios.
El informe de Fossie concluyó con el anuncio de que, después de largas y delicadísimas negociaciones, el gobierno peruano y Globanic Financial habían llegado a un acuerdo hacía pocos días, con la aceptación de todas las exigencias de Globanic.
Cuando Phocis K. Xenos terminó y se sentó, recibió el aplauso espontáneo de la reducida y poderosa concurrencia.
– ¿Alguna pregunta? -inquirió Theo Elliott, radiante.
Warren Graydon, el presidente de Empire Chemical Corporation, tomó la palabra: