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Pero en lugar de ello se quedó sentado en su despacho, demasiado triste para decidir nada.

Maggie y Hank Summer se alegraron mucho de que Hope llegara el viernes en lugar del sábado, tal como les había dicho. Hope se acostó pronto aquel día y al día siguiente se levantó tarde. Una vez en pie, ayudó a su madre a preparar una hornada de galletas mientras recordaban el pasado y charlaban sobre el presente.

– Siempre fuiste la mayor de las tres -dijo en un momento dado Maggie-. Y todavía lo eres. Incluso creo que Faith y Charity están esperando que tú seas la primera en casarte, ya me entiendes.

Los ojos de Hope se abrieron mucho.

– Entonces te vas a quedar sin nietos, porque yo nunca… nunca…

– ¿Qué pasa, tesoro? -le preguntó Maggie, poniéndole una mano sobre el hombro y mirándola con cariño.

Hope se sentó en la silla que tenía al lado y se echó a llorar, sin fuerzas para hablar de ello.

El avión de Faith llegaba aquella tarde. Charity, que vivía en una casita de campo al norte de Chicago, fue a recogerla al aeropuerto. Así que llegaron juntas en medio de un torbellino de risas, abrazos, besos y regalos envueltos con brillantes colores. Lo primero que hicieron después de darle un beso a su hermana fue preguntarle por Sam.

– No salió bien -aseguró Hope con una sonrisa que había practicado en el espejo-. Aunque fue bonito mientras duró.

Ya por la noche, después de cenar, las tres se sentaron al lado del árbol de Navidad mientras se tomaban un café.

– En cuanto vuelva, me compraré un gato -comentó Hope después de dar un sorbo a su taza.

– ¿De qué tipo? -preguntó Charity con delicadeza.

Eran muy bromistas, pero no cuando veían que su hermana estaba triste.

– Todavía no lo he decidido, así que si queréis hacerme alguna sugerencia, será bienvenida -dijo Hope-. Me compré un libro pero lo que probablemente haré será ir a una casa de acogida de animales y llevarme el gato que me guste más.

– Eso será lo mejor -afirmó Faith-. Confía en tu intuición.

Estaban en la cocina y no se habían molestado en quitar la televisión. En ese momento, estaban dando las noticias, y Hope oyó de repente que decían algo de Magnolia Heights. Se levantó rápidamente y se acercó al aparato.

En la pantalla, se veía una escena caótica. Había policías, bomberos y periodistas intentando hacerse sitio en el césped de entrada del edificio. Césped que ya no era tal, sino una especie de gran charco.

– … un desastre a mayor escala -decía el reportero-. Magnolia Heights está envuelta en una batalla legal que dura ya varios meses por las goteras de las cañerías, que han arruinado el proyecto desde el comienzo. Lo que ha pasado esta noche probablemente conducirá a que se llegue a un acuerdo entre las partes implicadas. Partes que hasta ahora se han negado a cooperar. La rotura mayor ha ocurrido en el edificio B, que ha inundado…

Hope enseguida se acordó de la señora Hotchkiss y de su bebé. También pensó en la madre de Slidell, la señora Hchiridski…

De pronto, se dio cuenta de que su familia se había reunido detrás de ella.

– ¿No es este el proyecto…? -preguntó Charity.

– Sí. ¡Es Sam! -gritó sorprendida.

El rostro del hombre que llenaba la pantalla estaba serio. También tenía ojeras e iba sin afeitar.

– Señor Sharkey, ¿puedo hacerle unas preguntas? -le dijo un reportero.

– ¿Es ese Sam Sharkey? -Quiso saber Faith-. ¡Pero si es guap…!

– ¡Calla! -gritó Charity.

– Señor Sharkey, ¿es verdad que es usted el encargado de defender a Cañerías Palmer en los tribunales?

– No quiero hacer declaraciones.

– ¡Señor Sharkey! -El grito procedía de otro de los periodistas-. ¿Es cierto que ha dimitido?

– ¿Dimitido? ¡Oh, Sam! -exclamó Hope.

– Ya he dicho que no voy a hacer declaraciones -repitió Sam.

– ¿Tiene que ver su dimisión con las pruebas que se han encontrado…?

– ¡Tengo que volver enseguida! -exclamó Hope.

– Oh, tesoro, no puedes marcharte -le suplicó su madre-. Estamos en Navidad. Además, ¿qué puedes hacer tú?

– Mamá, ya sabes cómo es Hope con su trabajo -añadió Faith-. No puede evitar sentirse responsable de todo.

– No es por mi trabajo. Lo he dejado. Vuelvo para ayudar a Sam.

Salió corriendo de la cocina para llamar por teléfono.

– ¡Oh, Dios mío! -oyó exclamar a su hermana Charity.

Capítulo 13

Sam estaba sentado frente al televisor, adormilado y totalmente agotado, cuando oyó que en la televisión empezaron a hablar de Magnolia Heights.

– … a la temperatura ambiente de hoy, siete grados Fahrenheit, el agua está formando una capa de hielo de aproximadamente tres o cuatro pulgadas alrededor de los tres edificios, creando unas condiciones horribles para…

Sam comenzó a vestirse rápidamente sin dejar de soltar maldiciones.

– … en estos momentos, ya no quedan reservas de agua para el edificio B. Los habitantes de los otros dos edificios han ofrecido…

Para entonces, Sam ya había terminado de vestirse.

– … no habrá mucha alegría navideña en Magnolia Heights este año, mientras los residentes tengan que…

De camino a la puerta, Sam recordó que su avión salía al día siguiente. Pero en esa situación, no podía irse a Nebraska. Así que decidió llamar a sus padres para decírselo.

– Papá, no puedo ir a casa mañana. Tengo problemas en el trabajo.

Su padre comenzó a protestar, pero enseguida se puso su madre.

– Hijo, haz lo que puedas por esa pobre gente de Magnolia Heights. Nos hemos enterado de todo por las noticias. Además, celebraremos la Navidad el veinticinco para los nietos, pero los mayores esperaremos hasta que puedas venir.

– Gracias mamá, pero no es necesario que me esperéis.

– Ya lo sé, pero queremos hacerlo.

Después de colgar, salió de su casa en dirección a Magnolia Heights.

Hope llegó a Nueva York a las cuatro de la mañana, sin haber dormido nada, y fue directamente a la dirección que le habían buscado sus hermanas. Habían localizado a un tal Samuel Sharkey en la Avenida B. Llamó al 4R.

Como no contestó nadie, pensó que seguramente estaría dormido. Así que decidió despertarlo y siguió llamando. No hubo respuesta. Estaba empezando a helarse cuando vio que llegaba un taxi y que Sam bajaba de él.

– ¿Qué estás haciendo aquí? -le preguntó nada más verla.

– Tengo que hablar contigo.

– ¿Aquí? -preguntó él.

– Sí, claro -gritó ella-. ¿Es que quieres que me hiele o qué?

– Oh, claro, perdona -Sam abrió la puerta.

Hope se fijó, nada más entrar, en lo modesto que era el apartamento. Y mientras Sam preparaba una cafetera, ella no pudo evitar hacer sus consideraciones. Era evidente, se dijo, lo importante que era para Sam convertirse en socio de su empresa. Solo así se explicaba que únicamente se gastara dinero en su imagen pública. Fue entonces cuando comprendió emocionada el verdadero sacrificio de Sam al renunciar a todo en pos de la justicia.

Después de haber puesto la cafetera al fuego, Sam se volvió hacia ella y comenzó a quitarle las botas. Luego, mientras la miraba fijamente a los ojos, comenzó a masajearle los pies.

– Vi lo de Magnolia Heights en la televisión y he venido lo antes posible -le explicó ella.

– Yo vengo ahora mismo de allí. Han desalojado los edificios para tratar de detener el escape. Pero… ¿tú no estabas en Chicago?

– Estaba, pero ahora estoy aquí y quiero contarte la idea que he tenido.

Una vez se la contó, Sam se la quedó mirando fijamente.

– Pero, ¿cómo vamos a conseguir todo eso en solo veinticuatro horas?

– Papá Noel lo hace en tan solo una noche -le recordó ella.

Era Nochebuena y se respiraba un aire festivo en Magnolia Heights. Entre Cañerías Palmer, Stockwell y la empresa constructora de Magnolia Heights, habían montado una pista de patinaje, habían comprado un enorme árbol de Navidad y habían instalado unos enormes altavoces a través de los que sonaban villancicos.