Finalmente, en el caso de que la demanda, pese a todo, prosperase, los abogados iniciarían un recurso tras otro para derrotar al contrario por puro cansancio, pues lo más probable es que un particular no pudiera permitirse semejante gasto en minutas de leguleyos. Y si el particular fuera lo suficientemente rico como para no darse por vencido y se revelara capaz de aguantar el proceso recurso tras recurso (al estilo de la Preysler o la Obregón), la sentencia podría retrasarse hasta diez años después del juicio, cuando ya el honor dañado fuera irrecuperable.
– Mira -me explicó Paz-, resulta baratísimo difamar y contaminar. A una empresa le sale más rentable lanzar vertidos a un río que reformar su fábrica porque las multas por delito ecológico son ridículas. De la misma forma, a cualquier medio le resulta más económico difundir noticias falsas. Casi nunca tienen que pagar nada y, cuando les toca hacerlo, la cantidad es irrisoria en comparación con los millones que ganan. Y, para colmo, lo normal es que un particular que litigue se gaste más en abogados de lo que pueda llegar a recibir por la indemnización, así que una gran mayoría de los perjudicados no se atreven a denunciar, sencillamente, porque no cuentan con medios para hacerlo. La justicia es cara, ya sabes. O más bien la injusticia sale barata para quienes la practican. Y con todo esto, ¿qué te quiero decir? Pues que si interpones una demanda te meterás en un follón tremendo, porque el grupo mediático de esta gente es muy poderoso y te pueden hacer la vida imposible. Piensa, Eva, que vas a estar en la lista negra de un montón de medios con los que ya no podrás trabajar y que intentarán hundir cualquier libro que saques. David, por ejemplo, no va a demandar, ya me he informado.
– ¿Y eso?
– Pues mira, su abogada no me ha querido aclarar las razones, pero me he enterado por otras fuentes. Por lo visto, en Cita tienen toda la documentación referente a sus curas de desintoxicación y a la cantidad de veces que ha ingresado en urgencias por sobredosis, y amenazan con publicarlo todo. Y ahí sí que se le acabaría la carrera a tu amigo, para siempre.
– No sé, quizá hasta le viniera bien… Ya sabes, que hablen de mí aunque sea mal.
– No, no creo, a nadie le conviene tener fama de yonqui, sobre todo en el cine. A Guillaume Depardieu, por ejemplo, nadie quería asegurarlo por la fama que tenía, y dime tú qué productora se arriesga a contratar a un actor que no esté asegurado. Por eso David lo tendría muy difícil, a no ser, claro, que estuviera dispuesto a ir a «Tómbola» a contar cómo ha dejado las drogas. Pero parece ser que está a punto de hacer una película más o menos seria, y como se meta en el circuito de programas basura el director prescinde de él en el acto.
– ¿Y cómo te has enterado tú de todo eso, Paz?
– Ya ves, los de Cita no son los únicos que tienen contactos. Por cierto, también sé cómo les llegó toda la documentación del Ramón y Cajal y de la clínica de la Concepción, lo de los internamientos de David, que se suponía que era confidencial. Normalmente estas cosas se consiguen sobornando a un enfermero que trabaje allí, pero en este caso en Cita contaban con una fuente de lujo. A ver, ¿quién crees tú que les puso en la pista?
– Ni idea.
– No te lo vas a creer… ¡Su mujer!
16 de octubre.
Esta mañana te he llevado al pediatra: pesas 4 kg y 950 g. O sea, que pesas cinco kilos. ¡Eres enooooorme! Al parecer, los niños criados con biberón engordan más ya que nunca se quedan con hambre.
Como sigo enferma, porque la faringitis se curó pero apareció la temida traqueítis (y no voy a extenderme en detalles sobre el historial médico de tu madre: baste decir que sufre una traqueítis crónica de origen alérgico que cualquier gripe o resfriado agudiza), mucha gente, cuando me ve por la calle estornudando y moqueando, me pregunta si te estoy dando el pecho. Presuponen que la leche materna inmuniza y el biberón no, y que si mamas de mí no te contagiaré nada. Sin embargo, sin leche materna, tú sigues sana como una manzana. Cuando respondo que no, que doy biberón, se me mira con recelo, como tomándome por una madre desnaturalizada. La cara de la dueña del herbolario, por ejemplo, era todo un poema: ¿cómo yo, defensora de la alimentación natural, vegetariana, asidua de su establecimiento, había faltado al mandamiento número uno de la madre naturista? Al principio me deshacía en explicaciones sobre mis problemas médicos, pero a la larga me acabaron tocando las narices con tanta pregunta y ya no doy cuenta alguna. Y si hubiera decidido no amamantarte simplemente porque soy una mujer frívola y me apetece seguir disponiendo de mi vida, ¿qué? ¿Acaso no tendría derecho a resolver por mí misma si quiero convertirme en tu central lechera o prefiero seguir siendo un ser semoviente? ¿Qué fue de aquel dicho que afirmaba que Nosotras parimos, nosotras decidimos? Sí, ya sé que la leche materna es lo mejor y lo más aconsejable y bla, bla, bla, y sin embargo el caso es que tú te estás criando maravillosamente y, según el pediatra, estás sana como un balneario.
Además, últimamente no hago otra cosa que escuchar historias de mujeres que me cuentan que sus hijos lloraban sin parar durante los primeros meses hasta que al tercero se les empezó a dar el biberón y por fin se callaron, y entonces la madre se dio cuenta de que lo que le pasaba al bebé era que se estaba muriendo de hambre. Frente a lo que dicen el doctor Carlos González y sus acólitos de que la leche materna siempre es suficiente y de que ninguna mujer tiene poca leche, contrapongo el sentido común: con esta vida moderna de estrés, tabaco, alcohol, mala alimentación, etc., no es de extrañar que la producción de leche resulte insuficiente en algunas mujeres del mismo modo que está decayendo la producción de espermatozoides del varón medio occidental. Es más, de toda la vida en Elche, el pueblo de mi madre, muchas familias recurrían a las amas de cría porque la madre biológica no tenía leche suficiente para alimentar a su recién nacido. Y dado que en ese tiempo no existían las mujeres ejecutivas ni en aquel pueblo por entonces había alta burguesía (mujeres tipo la Bovary, que contrataban a una nodriza porque entre las de su clase no se estilaba rebajarse a tan ingratas tareas o a estropearse el pecho), podemos suponer que se recurría al extremo de la madre sustituta por necesidad y no por frivolidad o capricho.
Por otra parte, si una mujer decide que no le apetece pasarse seis meses con un rorro amorrado a la teta, teniendo que dar de mamar cada tres horas y no pudiendo por tanto salir al cine, de copas, a trabajar, a la peluquería… ¿Hay que culpabilizarla por eso? Sinceramente, y conociendo mi carácter, al Orden Cósmico hay que agradecerle de alguna manera mi incapacidad como fuente alimenticia porque, para una persona hiperactiva como yo, esos meses hubieran resultado una tortura. Sí, ya sé también que dicen que te lleves al bebé a todas partes y le des de mamar donde haga falta, en el autobús, en la peluquería o en la cola del Instituto Nacional de la Seguridad Social (donde tengo que ir el lunes, por cierto, a reclamar la baja por maternidad), pero esa gente no piensa que cargar con un bebé de casi cinco kilos no es tan fácil, y dudo que vieran con muy buenos ojos que yo me sacara la teta sin más en medio de una institución pública (sobre todo una teta tan evidente como la mía, que me habría incapacitado para dar de mamar con recato o disimulo). Amén de que ¿iba a cambiarte también allí? ¿En un cuarto de baño sucio y estrecho? ¿En el suelo? (porque el único cuarto de baño a mano tiene un retrete y un lavabo, pero no una superficie en la que acostarte).
El doctor González se olvida de que en el mundo hay muchas madres solteras o madres con compañeros en paro o madres a las que sus jefes les exigen que no cumplan el permiso de maternidad completo bajo amenaza de rescindirles el contrato, madres que no pueden quedarse en casa cumpliendo el papel tradicional de esposa sumisa y abnegada, apéndice del varón proveedor. Y quizá tampoco querrían hacerlo aunque pudieran.
A veces me parece que esa insistencia en la lactancia materna contra viento y marea oculta en realidad una promoción del retorno a los valores tradicionales. Sí, de acuerdo, dar de mamar es lo más natural, también lo más natural sería salir de paseo en taparrabos y follar al aire libre. Pero lo que me ha acabado de reafirmar en mi postura es un dato del que me acabo de enterar vía Internet: ¿sabes quién es la presidenta de La Liga de la Leche en Texas? Laura Bush. Acabáramos.