Había comenzado a descender por la amplia escalera cuando vio a Fenton que subía.
– Señora Brown -dijo éste cuando se encontraron a medio camino-. Me dirigía a entregarle un mensaje. Hay una tal señora Morehouse que desea verla. La espera en el salón.
Allie frunció el ceño.
– No conozco a nadie con ese nombre.
– Vive en el pueblo. Su esposo trabajó en los establos de Bradford Hall hasta su muerte.
– ¿Para qué desea verme?
– No me ha informado. Sólo me indicó que era importante que la viera inmediatamente.
Sorprendida y curiosa, Allie siguió a Fenton hasta el salón.
– La señora Brown -anunció éste, abriendo la puerta, y luego se fue, cerrándola detrás de Allie.
Allie entró en la sala y sonrió a la mujer que se hallaba junto a las cristaleras. Era una mujer baja y gruesa, con pelo canoso recogido bajo el sombrero a conjunto con su capa. Apretaba el bolso y parecía nerviosa.
La mujer se humedeció los labios e hizo una inclinación de cabeza.
– Buenos días, señora Brown. Me llamo Sara Morehouse.
– ¿Cómo está usted, señora Morehouse? Fenton me ha dicho que deseaba verme. -Allie estudió el rostro de la mujer, pero no la conocía-. ¿Nos conocemos?
– No, señora. Pero necesito hablar con usted de todos modos.
– Claro -repuso Allie, totalmente intrigada-. ¿Quiere sentarse? La señora Morehouse asintió con la cabeza.
– Es acerca de lord Robert -comenzó, después de que se sentaran en el sofá de brocado-. Está usted cometiendo un error terrible. Allie enarcó las cejas, desconcertada.
– ¿Qué quiere decir?
– Ayer recibí una carta de la duquesa. Una mujer encantadora y amable, la duquesa, siempre con tiempo para escribirme, contándome cosas de la familia. En esa carta mencionaba que lord Robert se había enamorado de usted y le había pedido su mano, pero que usted lo había rechazado. A causa del crimen que cometió. Por lo del incendio. -La señora Morehouse toqueteó nerviosa las cuerdas de su bolso de rejilla-. Lord Robert no le explicará la verdad sobre aquella noche porque es un hombre de honor y está atado a su palabra. Hizo una promesa a mi marido, y la ha cumplido durante todas estos años, para protegernos. Pero no puedo permitir que ello le prive de una esposa y de la familia que se merece. -Se irguió y alzó la barbilla-. Usted necesita saber la verdad y yo no estoy ligada a ninguna promesa.
– Señora Morehouse -Allie extendió el brazo y tocó la mano de la mujer-, le agradezco mucho esto, pero le aseguro que no es necesario que me explique nada. Anoche acepté la proposición de lord Robert. Lo amo profundamente y su pasado no importa.
La mujer asintió lentamente.
– Me alegro de oírlo, señora Brown. Y me siento muy feliz por lord Robert y por usted. Que usted diga que no hace falta que se lo explique prueba que tengo razón al confiarle la verdad. Tanto lord Robert como la duquesa la aman a usted, y eso ya es suficiente prueba de que usted es una persona de honor. -Su voz tomó un tono enérgico-. Sé hasta qué punto los secretos pueden roer el alma, y no quiero que haya secretos entre lord Robert y su esposa. Él lo arriesgó todo por mi familia. Ya es hora de que le compense con algo. Sólo le pido que no se lo diga a nadie más. Por el bien de mi hija y de su familia.
– De acuerdo.
Los dedos de la señora Morehouse aferraron el bolso hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
– Señora Brown, aquella noche lord Robert no inició el incendio en la herrería. Lo hizo mi marido, Nate.
Allie frunció el ceño, totalmente confusa.
– Lord Robert cargó con la culpa del incendio para salvar a mi esposo y a mi familia, pero fue mi Nate quien encendió la cerilla e hizo arder la herrería.
A Allie se le ocurrieron mil preguntas, pero sólo consiguió que una surgiera de sus labios.
– ¿Por qué?
– Hace cuatro años, Cyril Owens, el herrero del pueblo, violó a mi hija Hannah. Nate y yo… no sabíamos qué le pasaba a Hannah y estábamos muy preocupados por ella. Entonces tenía dieciséis años, y de la noche a la mañana pasó de ser alegre y risueña a ser retraída y taciturna.
Allie sintió lástima y de nuevo tomó la mano de la señora Morehouse.
– Lo siento muchísimo. Qué terrible desgracia para cualquiera.
La señora Morehouse asintió y los ojos se le humedecieron.
– Lord Robert descubrió la verdad una noche que oyó por casualidad a Cyril fanfarroneando en un pub de Londres. Fue directamente a ver a Nate y se lo contó, prometiéndole que lo acompañaría al día siguiente a hablar con el duque, para que el duque hiciera justicia. Pero Nate… no pudo esperar. Era un buen hombre y respetuoso con la ley, pero después de oír lo que Cyril le había hecho a Hannah fue como si algo se rompiera en su interior. Fue a la herrería. Soltó los caballos, luego roció el lugar con el aceite de la lámpara y le prendió fuego.
– Dios mío -exclamó Allie.
– A la mañana siguiente, después del incendio, Cyril fue a ver al duque, para pedir que castigara a Nate por incendiario. Quería que lo ahorcaran. Dijo que había visto que Nate soltaba los caballos y luego incendiaba su herrería. Y así estábamos. Nate postrado en la cama, luchando por respirar, porque se había dañado los pulmones con todo el humo. Ambos esperando que se lo llevaran cargado de cadenas y lo deportaran o lo ahorcaran. Por mucho que quisiera acusar a Cyril de violar a Hannah, sabía que sería su palabra contra la de él, y pasara lo que pasara, la reputación de Hannah quedaría arruinada.
»Entonces lord Robert vino a nuestra casa. Nos dijo que todo estaba arreglado y que no nos preocupáramos. Cyril se había ido… Se fue a otro pueblo, a algún lugar de Norrhumberland. Nos dijo que se le había compensado por la pérdida de sus objetos personales. Y que la herrería sería reconstruida sin que tuviéramos que pagar nada.
Clavó la mirada en Allie.
– ¿Sabe cómo ocurrió eso, señora Brown? -Antes de que Allie pudiera responder, prosiguió-: Lord Robert habló con su hermano, el duque, dijo, no sólo al duque, sino a toda su familia, a Cyril y a todo el pueblo, que él había iniciado el fuego. El pobre muchacho, mejor dicho, hombre, se sentía tan culpable como si hubiera encendido la cerilla él mismo. Si no le hubiera explicado a Nate que Cyril había hecho daño a Hannah, nada de aquello habría pasado.
A la señora Morehouse le temblaba el labio inferior.
– Nosotros sabíamos que no era culpa de lord Robert, pero no había manera de consolarlo o de convencerlo. Dijo que si la gente creía que Nate había provocado el incendio, nuestra vida en el pueblo, el futuro de Hannah quedarían destrozados. Sabía que lo que se dijera de él se olvidaría gracias a la influencia de su familia, y que no tendría un efecto tan adverso en su futuro.
Sacó un pañuelo del bolso de rejilla y se secó los ojos.
– La noticia corrió como la pólvora. «¡El hermano del duque provocó el incendio!», decían. «¡Él es el incendiario! ¡El criminal!» Las cosas habrían sido más fáciles para él y habría acallado los peores comentarios si hubiera declarado que el incendio había sido un accidente, pero no lo hizo. Su honor le impedía reducir lo que él consideraba su responsabilidad. Sólo dijo que era el responsable del incendio y nada más. No lo sé con seguridad, pero supongo que la familia de lord Robert sospechaba que había algo más en la historia. Pero decidieron confiar en él.
»En cuanto a Nate y a mí, estábamos completamente destrozados. No queríamos que lord Robert cargara con la culpa, pero teníamos que pensar en Hannah, en su futuro. Una chica a la que han violado, con un padre que es un criminal… no tiene porvenir.
»Pero las cosas se pusieron peor porque dos semanas después del incendio, Nate murió. -Una lágrima le resbaló por la mejilla-. Lord Robert se culpó de su muerte, y nada de lo que le dije le hizo cambiar de opinión. Para él, era responsable del crimen que se había cometido y de la muerte de Nate. Poco antes de morir Nate, lord Robert le prometió que nunca diría nada del papel de Nate en el incendio, para que mi Nate pudiera morir en paz sabiendo que sus actos no arruinarían el futuro de Hannah. Lord Robert, que era responsable ante su hermano por la destrucción de la herrería, se ocupó de las compensaciones económicas. Cuando la herrería estuvo reconstruida y la gente del pueblo vio que lord Robert cumplía su palabra, las habladurías cesaron. La gente empezó a decir que lo ocurrido era una locura juvenil que había acabado mal; muchos incluso sentían lástima por él, porque su padre había muerto sólo unos meses antes. A decir verdad, nadie en el pueblo lamentó perder de vista a Cyril. Oí que murió de una enfermedad de los pulmones hará un par de años, y aquí nadie lloró su muerte.