¡Qué idiota había sido! ¿Por qué no había pensado en cómo había cambiado? ¿Por qué no había imaginado que su vuelta a Penbury Manor era debido a que estaba relacionado con Multiplex? Se lo había dicho en la cocina con otras palabras. Jane estaba furiosa consigo misma, y al advertir lo gracioso que parecía a Lyall su aparente disgusto. Su intención de ignorarlo se disolvía en esos momentos. ¿Cómo iba a poder hacerlo si iba a ser el mejor cliente de Makepeace and Son?
Lyall estaba hablando sobre los planes que tenía pensados para la restauración, y mostraba bocetos mientras todo el mundo asentía con exclamaciones de admiración.
– Todo es maravilloso -dijo Dimity, que se había sentado lo más cerca posible de él. Jane pasó los bocetos casi sin mirarlos, seguía sumergida en su rabia. Había sido maravilloso saber aquella mañana que tenían el contrato, había pensado que todo iba a solucionarse después de todo, y en esos momentos estaba derrotada, y todo por culpa de Lyall. ¡Era culpa suya por haber vuelto, por besarla, por estar allí tan frío, tan seguro de sí mientras ella sólo tenía deseos de golpearlo!
De repente, se dio cuenta que todos la miraba esperando una respuesta, y se fijó en los ojos burlones de Lyall, que la miraban con una ceja arqueada. Ella no sabía lo que había dicho, y era evidente que él se daba cuenta.
– ¿Puede repetirlo, por favor?
– Estaba preguntando si tiene suficientes hombres capaces de comenzar a trabajar enseguida -repitió Lyall con una humillante paciencia.
– Por supuesto -contestó Jane con los labios apretados.
– Muy bien -su cara seguía seria, pero Jane sabía que se estaba riendo de ella-. Se corren rumores de que pierdo el tiempo jugando al golf y comiendo en restaurantes lujosos -continuó-. Estoy aquí para desmentirlo. Me gusta saber exactamente cómo van las cosas, y vendré a menudo para ver el trabajo. Habrá visto en los planos que el piso de arriba del ala oeste ha sido diseñado para albergar un apartamento aislado. Me gustaría que Makepeace and Son lo hicieran habitable cuanto antes, para poder hospedarme mientras esté en Penbury. Me imagino que no tendrá problemas en trabajar duramente antes de que empiece el trabajo más especializado.
– ¿Importaría si tengo alguno? -dijo Jane, enfadada. Los demás la miraron sorprendidos, pero ella ni siquiera se dio cuenta. Sus ojos se posaron en los de Lyall como si estuvieran ellos solos en la habitación.
– ¿Quiere eso decir que tiene algo que objetar?
– No estoy en posición de objetar nada, como sabrá. Mi única preocupación es por mis hombres, y francamente, pienso que es mejor que revise a los suyos en lugar de revisar el trabajo de mi equipo. Son todos buenos trabajadores y no pueden trabajar adecuadamente si un cliente está observando continuamente su trabajo, haciendo críticas y cambiando de opinión.
– No voy a cambiar de opinión -dijo Lyall. La burla en sus ojos había desaparecido y sólo quedaba un azul implacable-. He decidido lo que quiero, y quiero que sea así -Jane sabía que siempre había sido así-. No tengo intención de interferir en el trabajo de sus hombres, pero me imagino que admitirá que me preocupe por lo que vayan haciendo. Si tengo algo que decir, lo trataré con usted. Después de todo es para lo que está, ¿no?
– No quiero perder el tiempo innecesariamente -dijo Jane, ignorando las señales de Michael para que se callara-. Si cree que Makepeace and Son no es capaz de hacer el trabajo sin que usted lo revise, es mejor que se busque otra empresa -dicho lo cual se levantó y empujó la silla hacia atrás-. Me imagino que me hará saber lo que decida. ¡O confía en nuestra empresa y nos deja trabajar tranquilos, o se busca otra compañía cuyos hombres no les importe que usted les importune cada cinco minutos!
Hubo un silencio sepulcral cuando ella salió de la habitación con la cabeza bien alta y sin mirar para atrás. Todavía con rabia y vergüenza, atravesó la puerta de entrada y se dirigió hacia la furgoneta. Llegó al despacho en un tiempo récord, frenando justo a tiempo para no derribar un montón de maderas apiladas que había en la entrada. La noticia del contrato se había extendido rápidamente y los proveedores habían empezado a llevar ya material.
Jane apagó el motor, y se quedó mirando el rótulo dorado y verde de Makepeace and Son que había en la entrada. Recordaba haberlo visto desde siempre, y recordaba que su padre le había dicho lo mismo.
– ¿Qué he hecho? -exclamó en alto cuando la rabia hubo desaparecido, dejando paso a un sentimiento de fracaso y desastre. Pensó en los hombres que la habían felicitado aquella mañana, en los proveedores que habían estado esperando el teléfono, ya que el trabajo de muchos de ellos dependía del nuevo contrato. ¿Cómo iba a poder decirles que el contrato no había sido firmado?
Invadida por una sensación de angustia y estupidez, Jane cerró los ojos y apoyó la cabeza en el volante.
– ¿Qué he hecho? -repitió con desesperación.
Apretó los ojos con fuerza, pero fue imposible eliminar la imagen de Lyall de pie delante de la mesa, mirándola con dureza mientras ella salía. Sabía demasiado bien lo que había hecho: había destrozado el futuro que parecía mejorar para todos, sólo por la forma en que Lyall la hacía sentir.
Jane abrió los ojos para mirar de nuevo el rótulo. ¿Qué había dicho Ray? «Tu padre estaría muy orgulloso de ti». Su cara se contrajo en una mueca de tristeza. Su padre no se sentiría nada orgulloso. Había estado trabajando para levantar Makepeace and Son, y se quedaría amargamente avergonzado de cómo ella lo había tirado todo por la borda. Él nunca había dejado tirados a sus hombres de la manera que ella lo había hecho, y ahora de ella dependía la solución.
Y sólo podía hacer una cosa.
Jane encendió de nuevo el motor y se dirigió hacia Penbury Manor.
La reunión había terminado poco después de ella salir, ya que la mayoría de los coches se habían ido. Jane aparcó en una esquina, ya que no tenía deseos de enfrentarse a nadie, y se quedó un rato sentada, mirando a la puerta de entrada tratando de armarse de valor.
Cuando estaba mirando la puerta se abrió y Dimity salió. La mujer se tocaba el pelo y parecía complacida consigo misma. Jane entrecerró los ojos pensativa. Faltaba mucho para que empezaran con el trabajo de decoración. ¿Por qué Dimity había ido a la reunión? Era un poco pronto para discutir sobre el papel de la pared… o es que había algo más importante?
Jane observó a la mujer meterse en su coche y mirarse al espejo. Revisó delicadamente sus ojos, y satisfecha con su apariencia arrancó el motor y se marchó, sin haberse dado cuenta de la presencia de la furgoneta de Jane debajo de uno de los árboles.
Jane se mordió los labios. Ella nunca se preocupaba sobre su apariencia, pero instintivamente se miró al espejo y estudió su reflejo. Su cara parecía delgada y pálida, y sus ojos tenían una oscuridad culpable. Era muy diferente de la belleza frágil de Dimity. No había fragilidad en Jane, hasta que Lyall la había besado.
No debía empezar a pensar en el beso de Lyall, se ordenó a sí misma desesperadamente mientras salía de la furgoneta y se secaba sus manos húmedas en los pantalones. Debía pensar en el contrato y en esos hombres que necesitaban mantener sus trabajos. Tomó aire y cruzó el terreno de grava de la entrada hacia la puerta.
La puerta fue abierta por la secretaria que había estado tomando notas durante la reunión. La muchacha la miró con aire de incredulidad.
– Me gustaría ver al señor Harding, por favor.
Lyall estaba de pie, cerca de la ventana de la biblioteca, hablando con Dennis Lang, pero se interrumpió inmediatamente cuando la secretaria abrió la puerta y anunció a Jane.