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¿Y si sólo quería decir un beso de buenas noches? La duda asaltó a Jane, que se separó despacio.

– ¿No pensarás que voy a dejar que te vayas? -exclamó Lyall, atrapándola.

Jane estuvo a punto de enfadarse, pero comenzó a reírse y se abrazó contra él. Esta vez fue Lyall quien la besó con pasión, haciendo acallar las risas.

Murmurando su nombre entre besos, Lyall la llevó hacia el sofá y la sentó en el regazo. Jane se hundió contra él, enroscando los brazos en su cuello y besándolo con una pasión que crecía por momentos.

Jane comenzó a quitar con manos temblorosas la camisa de Jane, y ella gimió de placer cuando fue acariciada. Eran manos cálidas, seguras, que se curvaron sobre sus pechos y acariciaban su espalda trazando una línea de fuego a su paso…

Jane se agarró a su cabello, como si fuera el único lazo que la sujetaba a la realidad. Los besos se hicieron más urgentes, más desesperados, hasta que cada poro de sus cuerpos ardía de excitación.

– Creí que querías acostarte temprano -murmuró Jane con voz ronca, mientras Lyall le quitaba la camisa para poder verla mejor. Tenía la piel brillante a la luz de la lámpara.

– Sería lo más sensato que podíamos hacer, pero ahora mismo no me siento muy sensato, ¿y tú?

Un temblor sacudió el cuerpo de Jane al notar la caricia en sus senos.

– No, ahora no.

Lyall la quitó suavemente y se levantó, silenciando sus protestas con un beso antes de llevarla hacia el dormitorio.

– ¿Te has dado cuenta que nunca hemos hecho el amor en una cama? -preguntó desnudándola por completo.

– ¿No? -Jane no sabía lo que decía, respiraba con dificultad bajo las manos atrevidas de Lyall.

– No -Lyall la echó sobre la cama y se colocó sobre ella besándola en los hombros, en los pechos-. Y recuerdo todas las veces.

Jane recorrió su cuerpo suave y fuerte.

– ¿De verdad?

– Sí -murmuró contra los labios de Jane-. ¿Y tú?

¿Cómo iba a mentirle cuando su cuerpo se derretía de placer ante sus caricias, y sus besos la arrastraban hacia un tiempo donde nada existía sino el deseo de estar juntos?

– Sí, yo también lo recuerdo.

Lyall la miró fijamente a los ojos. No habló, no se precisaban palabras. Y el pasado y el presente se mezclaron, y Lyall se apretó contra el cuerpo de Jane y sus labios se unieron.

Lyall exploró el cuerpo de Jane con calma al principio, poseyéndola con manos duras, disfrutando con sus labios de la piel aterciopelada, de su sabor dulce, hasta que la sangre de Jane se encendió con una necesidad profunda. Las manos de Jane tocaban la espalda de Lyall, sus músculos, haciendo realidad el sueño de tanto tiempo.

Jane gimió, estaba a punto de desfallecer. Se agarró a sus hombros y gritó su nombre.

– Lyall…

– Pronto -prometió Lyall. Entonces, sus labios acariciaron su vientre, rodearon sus pechos y llegaron a los labios de Jane una vez más, después, con un movimiento se puso sobre ella y la penetró.

Jane respiró profundamente y enroscó sus piernas alrededor de la cintura de Lyall. Entonces, comenzó un movimiento constante hacia arriba y hacia abajo que los dejó exhaustos y sin aliento, hasta quedarse poco a poco inmóviles el uno en los brazos del otro, disfrutando el momento después del éxtasis.

Sólo se oía en la habitación las respiraciones entrecortadas.

– ¿Qué te pasa? -preguntó Lyall a Jane, que tenía lágrimas en los ojos.

Jane, incapaz de explicar nada, movió la cabeza y esbozó una sonrisa. Lyall limpió sus mejillas con cariño y la besó en la boca.

– Lo sé -declaró.

Jane se preguntó cómo había estado tanto tiempo sin él. Ése era su lugar, a su lado, sintiendo su pecho, escuchando su respiración.

La mano de Lyall acarició el brazo que reposaba en su pecho.

– Jane…

– ¿Mmm?

– Nada… Jane -murmuró despacio besando su pelo, viendo que se quedaba dormida.

Cuando Lyall la besó por la mañana para despertarla, estaba totalmente vestido y en la ventana entraba una luz rosada de amanecer.

– El coche está esperando abajo -informó a Jane. Ella se estiró y sonrió adormilada-. ¡Si me miras así nunca podré llegar a Frankfurt!

– Me gustaría que no tuvieras que marcharte -la sonrisa en su cara desapareció.

– Vente conmigo -Lyall se inclinó y la besó, y ella lo rodeó con sus brazos-. Te estoy hablando en serio. Ven conmigo, Jane.

– No puedo -dijo-. No he traído nada.

– Puedes comprar lo que necesites -insistió.

– No puedes comprar un pasaporte. Y aunque pudiera, no podría marcharme y dejar en estos momentos la empresa… Tenemos un trabajo importante que cumplir.

– No hemos tenido oportunidad de hablar, y hay muchas cosas que quiero decirte. Ahora voy a estar dos semanas fuera. Cancelaría el viaje, pero hemos tardado años en conseguir el trato. Ahora no puedo abandonar a todo el mundo.

– Por supuesto que no puedes. Podemos hablar cuando vuelvas -dijo besándolo con ternura-. Siempre sabes dónde encontrarme.

– Me imagino -dijo, retirándole el pelo de la cara para darle un último beso-. Es mejor que me vaya. Judith vendrá a recoger algunos papeles, así que puede llevarte a por la furgoneta. Pero puedes seguir durmiendo, vendrá más tarde.

Lyall la acarició una última vez y se fue. Jane se quedó echada y se estiró perezosamente. Había olvidado que era posible sentir esta satisfacción, esta plenitud. Los recuerdos de la noche anterior flotaron como burbujas hasta quedar dormida de nuevo.

El teléfono la despertó un poco más tarde. Pensó que sería Lyall telefoneando desde el coche. ¿Quién si no podía ser? Se levantó rápidamente, impaciente por oír su voz, tomó un albornoz colgado detrás de la puerta, y cuando llegó el teléfono paró de sonar. Entonces se encendió la máquina de fax. Contrariada porque no hubiera sido Lyall, se quedó mirando los papeles que había en su mesa. De repente, vio el nombre de Penbury Manor en uno de ellos y no pudo evitar leerlo.

Era un mensaje de Judith de hacía una semana.

Dennis Lang telefoneó y quiere hablar contigo urgentemente antes de que vayas a Japón. Ha estado buscando algunos edificios para ocupar, en sustitución de Penbury Manor y ha encontrado dos disponibles, te mandará detalles, pero quiere que te decidas lo antes posible sobre si dejarás de trabajar en Penbury inmediatamente o terminarás la primera fase.

Lyall había contestado algo a Judith:

He hablado con Dennis esta tarde. Va a negociar con los propietarios de Dilston House, y se pondrá en contacto contigo para tramitar los contratos. Una vez que estén finalizados, solucionaré las cosas con Penbury Manor. Hasta entonces, por favor, mantén secreto este cambio de planes.

Jane leyó el mensaje dos veces, luego lo volvió a dejar cuidadosamente y lo cubrió con otros. ¿Un cambio de planes? ¿Por qué no se lo había dicho? ¿La iba a despedir?

No, no podía ser, no después de lo que había pasado la noche anterior. Jane recordó la mirada de despedida y se tranquilizó, aunque no completamente. Así que se duchó, se vistió y salió del apartamento sin esperar a Judith. Era muy temprano y las calles estaban solitarias, pero encontró pronto un taxi que la dejó en el aparcamiento de Multiplex.

La duda creció mientras conducía por la autopista. ¿Por qué Lyall había cambiado de opinión? ¿Era una manera de castigarla por la pelea que habían tenido?

Jane intentaba desesperadamente no sucumbir a la tristeza recordando la noche anterior, pero no servía de nada. No podía decir a los hombres que se quedarían sin trabajo hasta que Lyall no lo dijera claramente, pero no iba a poder disimular como si todo fuera de maravilla.