Media hora más tarde, se levantó, se estiró y echó a caminar por la calle mientras sacaba el móvil y llamaba al servicio de atención al cliente de la compañía de taxis. Explicó que había olvidado su PDA en un taxi al que se había subido en la esquina de la avenida C con la calle Trece y que lo había dejado en Grand Central. Esperó mientras contactaban con el taxista. Este no sabía nada de una PDA, pero dijo que se trataba de un error puesto que la carrera no había acabado en Grand Central, sino en Park Avenue con la calle Cincuenta, ante el Waldorf Astoria. Crane se disculpó por la confusión, dio las gracias y colgó. Acto seguido, se quitó la vieja gabardina, la arrojó a un cubo de basura y cogió un taxi.
– Al Waldorf -indicó al conductor mientras se sentaba.
43
Gideon dejó el fajo de billetes encima de la cama, cogió el móvil y llamó a Orchid.
– ¿Qué coño quieres? -fue la respuesta.
Tras un montón de disculpas y justificaciones por parte de Gideon, aceptó participar en el plan que este le propuso.
Colgó y se acercó a la ventana que daba a Park Avenue y miró atentamente a derecha e izquierda. No podía quitarse de encima la sensación de que lo estaban siguiendo, aunque probablemente se debía a que Garza lo había puesto de los nervios. Había dado instrucciones concisas al taxista para asegurarse de que nadie lo seguía y le costaba pensar que alguien lo hubiera logrado; así pues, ¿por qué se sentía como si estuviera bajo una lupa?
Llamó al servicio de equipajes del hotel, donde había dejado su maleta Pelican antes de volar a Hong Kong, y pidió que se la subieran. Tras sacar sus enseres, repasó los disfraces disponibles y se decidió por el papel de Muerte de un viajante-un individuo de clase media en situación desesperada-. Reunió los elementos necesarios, se los puso y contempló el resultado en el espejo de cuerpo entero del vestidor. Le pareció de lo más satisfactorio.
Miró la hora. Poco más de las cuatro. Disfrazado, salió del hotel por la puerta de atrás y se dirigió hacia el este por la calle Cincuenta y uno, donde espió a Orchid, que, siguiendo sus instrucciones, se paseaba delante de la entrada del Greenacre Park.
– Disculpe, señorita… -dijo acercándose.
Ella se volvió.
– Piérdase -repuso en tono cortante-. Estoy esperando a alguien.
– Verá, estoy perdido y…
– ¡Largo de aquí! -espetó ella-. De lo contrario, se quedará sin descendencia de la patada en los huevos que voy a darle.
Gideon se echó a reír, satisfecho de la efectividad de su treta.
– Soy yo, Gideon. Buen disfraz, ¿verdad?
Orchid dio un respingo y lo miró más de cerca.
– ¡Dios santo! Es incluso peor que el anterior. -Tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó con fuerza-. Tienes una cara muy dura para volver a llamarme después del modo en que te comportaste.
– Me alojo en el Waldorf -dijo, cogiéndola del brazo y caminando juntos por la calle mientras le deslizaba un fajo de billetes en la mano-. Escucha, quiero que cojas una habitación en el mismo hotel a nombre del señor y la señora Tell. Luego, sube al cuarto, apagas la luz, dejas la puerta abierta y te metes en la cama. Me reuniré contigo en media hora.
– Oye, tú…
Pero Gideon ya se alejaba por la calle Cincuenta y uno. Entró en el hotel Metropolitan, se cambió el disfraz en un reservado del piso de arriba, salió y entró en el Waldorf como Gideon Crew. Se dirigió a su habitación, volvió a disfrazarse y se presentó en el mostrador de recepción como el señor Tell, que llegaba para reunirse con su mujer. Recorrió el pasillo vacío hasta la habitación que Orchid había reservado, abrió la puerta, entró y la cerró con llave.
Ella se sentó en la cama, con la sábana cubriendo parcialmente su cuerpo desnudo.
– Te aseguro que no pienso seguir con esta mierda.
Gideon se sentó al borde de la cama y cogió su rostro entre las manos.
– Sé que me he comportado como un capullo, pero te pido que me aguantes un poco más. Mañana nos disfrazaremos como el señor y la señora Clase Media e intentaremos matricular a nuestro hijo en la academia Throckmorton. Te aseguro que será divertido. Además, podrás ganar un buen dinero.
Ella lo miró fijamente.
– No me gusta tu forma de tratarme, y estoy segura de que todo esto no tiene nada que ver con el Método de interpretación. Quiero saber qué está pasando realmente aquí.
– Ya lo sé, pero ahora tienes que dormir un poco. Mañana nos espera un día muy agitado.
Ella lo miró de soslayo.
– ¿Dormir? -Lo rodeó con los brazos y lo atrajo hacia ella-. Quítate ese estúpido maquillaje y te enseñaré cómo vamos a dormir.
44
Nodding Crane estaba sentado ante la iglesia de San Bartolomé, rasgando su Beard Road-O-Phonic con el estuche abierto delante de él y recogiendo monedas pequeñas. Eran las nueve de la mañana y las aceras estaban llenas de banqueros y agentes de bolsa que pasaban, camino del trabajo, sin dirigirle una sola mirada.
I'm looking funny in my eyes
(Me veo raro)
Rasgueó las cuerdas, cantando con voz grave, la que había cultivado tras haber pasado muchos años escuchando a Bukka White. Se sentía tranquilo después de haber estado al borde de un ataque de pánico, aquella mañana, cuando Crew casi se le había escapado con su maniobra de las habitaciones y la repentina aparición de una mujer. Había estado a punto de burlarlo. A punto. De no haber sido por los andares característicos de Crew, lo habría engañado.
And I believe I'm fixing to die
(Y creo que me dispongo a morir)
Crew había salido con la mujer, y él había decidido no seguirlos porque sabía que volverían. Nodding Crane había aprendido tiempo atrás que a menudo resultaba peligroso y contraproducente seguir obsesivamente a la presa. E innecesario: todo el mundo se regía según determinadas constantes. Era mejor informarse sobre ellas y adelantarse en lugar de seguir inútilmente todos los pasos. El momento de seguir a la presa llegaba cuando esta se apartaba de la norma y tomaba una nueva dirección.
I'm looking funny in my eyes
(Me veo raro)
Los tipos trajeados pasaban ante él, ocupados en asuntos de dinero. Empezó a irritarse porque nadie le echaba unas monedas en el estuche de la guitarra. Todos aquellos poderosos desfilaban ante él sin mirarlo. Entonces, inesperadamente, alguien dejó caer un billete de veinte.
And I believe I'm fixing to die
(Y creo que me dispongo a morir)
Eso estaba mejor. Estados Unidos era un país maravilloso. Lástima que estuviera condenado.
45
Gideon Crew se apeó del vehículo y contempló el ala de admisiones de la academia Throckmorton. Ante ellos se alzaba una estructura de granito gris de estilo neorrománico en medio de setos y parterres impecablemente cuidados. La placa de bronce atornillada a la pared les informó que el ala, siguiendo la costumbre WASP de llamar «cottage» a lo que eran auténticas mansiones, respondía al nombre de Swithin Cottage. Aquella, concretamente, rezumaba dinero, privilegios y una presuntuosa superioridad.
– Esto es una tontería -dijo Orchid, de pie en el aparcamiento, mientras se alisaba la americana de su espantoso traje chaqueta de color naranja-. No lo entiendo. Parecemos un par de paletos. Van a echarnos de una patada en el culo.