Se explicó con más detalle, mezclando francés e inglés y accionando el depósito del water de nuevo de tanto en tanto. Yo llevaría esa escandalosa cosa de superpiel, más maquillaje del que llevo normalmente, e intentaría parecerme a la famosa Puta de Babilonia o su equivalente.
— Sé que no es tu métier, querida, pero inténtalo.
— Intentaré ser «adecuada».
— ¡Uf!
— ¿Y tú planeas llevar las ropas de Janet? No creo que te vayan.
— No, no, no llegaré tan lejos. Sólo a medio camino.
— ¿Perdón?
— No voy a vestirme con ropas de mujer; simplemente adoptaré una actitud aparentemente afeminada.
— No lo creo. De acuerdo, intentémoslo.
No tuvimos que trabajar mucho conmigo… sólo ese vestido de una sola pieza que había encandilado a Ian, y más maquillaje del que acostumbro a llevar, aplicado por Georges (parecía tener la impresión de que él sabía más al respecto que yo… y la tenía porque efectivamente si sabía), más — cuando estuvimos fuera — esa pose de aquí-estoyvamos— a-dar-un-paseo-chato.
Georges utilizó en él más maquillaje que el que me había puesto a mí, además de aquel horrible perfume (que no me dijo que me pusiera yo), más un llamativo pañuelo naranja al cuello que hasta entonces había usado como cinturón. Me hizo ahuecarle el pelo y rociárselo con laca para que se mantuviera. Eso fue todo… más un cambio de pose. Él seguía pareciéndose a Georges… pero no se parecía al viril macho que se había ocupado tan maravillosamente de mí la noche antes.
Volví a cerrar mi neceser de vuelo y salimos. El viejo alce en el puesto de periódicos y chucherías abrió mucho los ojos y contuvo el aliento cuando me vio. Pero no dijo nada cuando un hombre que estaba reclinado contra el mostrador se enderezó, apuntó a Georges con un dedo, y dijo:
— Tú, el Cacique quiere verte. — Luego añadió, casi para sí mismo —: No puedo creerlo.
Georges se detuvo y gesticuló desvalidamente con ambas manos.
— ¡Oh, válgame Dios! Seguro que debe haber algún error. El lacayo mordió un mondadientes que había estado chupando y respondió:
— Yo también lo creo así, ciudadano… pero no soy yo quien tiene que decirlo, y tú tampoco. Vamos. Tú no, hermana.
— ¡Decididamente no voy a ir a ningún lado sin mi querida hermanita! — dijo Georges —.
¡Así que tú mismo!
La vaca detrás del mostrador dijo:
— Morrie, ella puede esperar aquí. Ricura, pasa aquí detrás conmigo y siéntate.
Georges me lanzó la más inconfundible negativa agitando su cabeza, pero yo no la necesitaba. Si me quedaba, o ella me iba a llevar directamente de vuelta a aquel tocador de señoras o yo iba a terminar metiéndola en su propio cubo de la basura. Aposté a mi favor. Me metería en una estupidez como aquella cumpliendo con mi deber — aunque ella era tan desagradable como Rocky Rockford —, pero no voluntariamente. Si y cuando cambiara mi suerte, quería estar con alguien a quien quisiera y respetara.
Me acerqué a Georges, tomé su brazo.
— No nos hemos separado nunca desde que mamá me dijo en su lecho de muerte que me hiciera cargo de él. — Añadí —: ¡Así que usted mismo! — mientras me preguntaba qué significaría aquella frase, si es que significaba algo. Ambos fruncimos los labios y exhibimos una actitud testaruda.
El hombre llamado Morrie me miró, luego a Georges, y suspiró.
— Al infierno con ello. Vente con nosotros, hermana. Pero mantén la boca cerrada y permanece fuera del camino.
Unos seis puntos de control más tarde — en cada uno de los cuales hubo un intento de desnudarme — fuimos llevados a la Presencia. Mi primera impresión del Jefe Confederado John Tumbril fue la de que era más alto de lo que había creído que era. Luego decidí que el no llevar su tocado podía ser lo que marcaba la diferencia. Mi segunda impresión fue que era mucho más sencillo y agradable de como lo mostraban fotos, dibujos e imagen de terminal… y esa opinión permaneció. Como muchos otros políticos antes que él, Tumbril había convertido una fealdad distintiva e individual en un rasgo político.
(¿Es la sencillez y la agradabilidad una necesidad para un cabeza de estado? Mirando hacia atrás a través de la historia no puedo descubrir a ningún hombre bien parecido que haya llegado muy lejos en política hasta tan atrás como Alejandro Magno… y él era un jefe desde el principio; su padre era un rey).
Mirándolo fríamente, «Grito de Guerra» Tumbril se parecía a una rana intentando ser un sapo y no consiguiéndolo por poco.
El Cacique carraspeó.
— ¿Qué está haciendo ella aquí?
— Señor — dijo Georges rápidamente —, ¡tengo que presentar la más enérgica de las protestas! Ese hombre… ese hombre… — señaló al masticapalillos — ¡intentó separarme de mi querida hermana! ¡Debería ser castigado!
Tumbril miró a Morrie, me miró a mí, volvió a mirar a su parásito.
— ¿Hiciste eso?
Morrie afirmó que no lo había hecho pero que aunque lo hubiera hecho lo habría hecho solamente porque había entendido que Tumbril le había ordenado que lo hiciera pero que en cualquier caso…
— Se supone que no tienes por qué pensar — dictaminó Tumbril —. Hablaré contigo luego.
¿Y por qué la has dejado ahí de pie? ¡Tráele una silla! ¿Acaso yo tengo que pensarlo todo aquí?
Una vez me hube sentado, el Cacique volvió su atención de nuevo a Georges.
— Fue una Valiente Cosa lo que hiciste hoy. Si, caballero, una Muy Valiente Cosa. La Gran Nación de California está Orgullosa de criar Hijos de Tu Calibre. ¿Cómo te llamas?
Georges le dio su nombre.
— «Nómina» es un Orgulloso Nombre Californiano, señor Nómina; uno que brilla a lo largo de nuestra Noble Historia, desde los rancheros que se liberaron del Yugo de España hasta los Bravos Patriotas que se liberaron del Yugo de Wall Street. ¿Te importa que te llame George?
— En absoluto.
— Y tú puedes llamarme Grito de Guerra. Esa es la Gloria Coronada de Nuestra Gran Nación, George: Todos Somos Iguales.
Dije repentinamente:
— ¿Eso se aplica también a la gente artificial, Cacique Tumbril?
— ¿Eh?
— Estaba preguntando acerca de la gente artificial, como esa que hacen en Berkeley y Davis. ¿Son iguales también?
— Oh… pequeña dama, realmente no deberías interrumpir cuando están hablando tus mayores. Pero para responder a tu pregunta: ¿cómo puede una Democracia Humana aplicarse a criaturas que No Son Humanas? ¿Esperarías que un gato votara? ¿O un MVA Ford? Habla.
— No, pero…
— Entonces ya está dicho todo. Todos son Iguales y Todos tienen un voto. Pero hay que trazar una línea en algún lugar. Ahora cállate, maldita sea, y no interrumpas mientras tus mayores están hablando. George, lo que hiciste hoy… bien, si ese individuo hubiera estado realmente intentando atentar contra mi vida… no lo estaba, y no lo olvides nunca…
no podrías haberte comportado de una manera más acorde con todas las Heroicas Tradiciones de Nuestra Gran Confederación de California. ¡Haces que me Sienta Orgulloso!
Tumbril se levantó y salió de detrás de su escritorio, enlazó sus manos a la espalda, y paseó arriba y abajo… y vi por qué había parecido más alto allí de lo que había parecido fuera.
Utilizaba alguna especie de silla alta o posiblemente una plataforma detrás de su escritorio. Cuando permanecía de pie sin perifollos, me llegaba más o menos al hombro.
Parecía estar pensando en voz alta mientras paseaba.
— George, siempre hay un lugar en mi familia oficial para un hombre de tu demostrado valor. ¿Quién sabe?… puede llegar el día en que me salves realmente de un criminal que intente seriamente dañarme. Agitadores extranjeros, quiero decir; no tengo nada que temer de los Fieles Patriotas de California. Todos ellos me quieren por lo que he hecho por ellos mientras ocupé la Oficina del Octágono. Pero otros países están celosos de nosotros; envidian nuestra Riqueza y Libertad y estilo de vida Democrático, y a veces su odio latente brota en una erupción de violencia.