— Sarge, tienes el alma de poeta.
— A menudo he pensado que podría. Escribir poesía, quiero decir. ¿Sabes las órdenes?
¿Acerca de la oscuridad total?
— Nada de luces fuera, nada de fumar fuera. Nada de luces dentro excepto en lugares completamente cerrados. Los contraventores serán fusilados al amanecer. Eso no me afecta mucho, sarge; yo no fumo.
— Corrección. Los contraventores no serán fusilados; simplemente desearán haber sido fusilados. ¿Así que no fumas en absoluto, querida? ¿Ni siquiera un porro amistoso con una amiga?
(¡Cede, Viernes!).
— Eso no es realmente fumar; es simplemente amistad.
— Así es la forma en que yo lo veo. No suelo ir por ahí con la cabeza cargada todo el tiempo. Pero un porro ocasional con una amiga cuando ambas os sentís en vena, es bueno. Tú también lo eres. — Se dejó caer en cubierta a mi lado, me rodeó con un brazo.
— ¡Sarge! Quiero decir Mary. Por favor, no lo hagas. Todavía no es completamente de noche. Alguien puede vernos.
— ¿Y a quién le importa?
— A mí me importa. Me hace sentir cohibida. Consigue que no me sienta en vena.
— No te preocupes, aquí se te pasará. ¿Eres virgen, querida? Con las chicas, quiero decir.
— Oh… por favor no me hagas preguntas, Mary. Y suéltame. Lo lamento, pero esto hace que me ponga nerviosa. Aquí, quiero decir. Porque cualquiera puede aparecer en cualquier momento por esa esquina de ahí.
Ella me dio un apretón, luego empezó a ponerse en pie.
— Es curioso que seas tan tímida en eso. Está bien, me reservaré para cuando…
El cielo se iluminó con una luz deslumbrante; sobre ella brotó un tremendo ¡kabuuum! y allá donde había estado el Myrtle el cielo se llenó de chatarra volante.
— ¡Jesucristo!
— Mary, ¿sabes nadar?
— ¿Eh? No.
— Entonces salta detrás de mí y yo te mantendré a flote.
— Salté por la barandilla en un arco tan amplio como me fue posible, di una docena de fuertes brazadas para alejarme lo más que pude, me di la vuelta. La cabeza de Mary Gumm se silueteaba contra el cielo.
Fue lo último que vi de ella, mientras el Salto a M’Lou estallaba.
En aquella parte del Mississippi hay riscos al este. La orilla oeste del río es simplemente tierras altas, no tan claramente marcadas, hasta unos diez o quince kilómetros más adelante. Entre estos dos lados la localización del río puede ser asunto de opinión… a menudo de opinión legal, porque el río gira y vuelve a girar formando canales que a menudo son reclamados como propiedad privada.
El río discurre en todas direcciones, y tan pronto es probable que lo haga hacia el norte como hacia el sur. Bueno, relativamente probable. Había estado discurriendo hacia el oeste al atardecer; el Salto, avanzando contracorriente, tenía el ocaso a sus espaldas.
Pero mientras el sol se estaba poniendo el barco había girado hacia la izquierda mientras el canal giraba al norte; había observado la giba rojoanaranjada del sol desplazarse hacia babor.
Por eso salté hacia el lado de babor. Cuando golpeé el agua, mi propósito inmediato fue alejarme; mi siguiente propósito fue ver si Mary me seguía. No lo esperaba realmente, puesto que (¡lo he observado muchas veces!) la mayoría de la gente, la gente humana, no reacciona tan rápidamente.
La vi, aún a bordo; estaba mirándome. Luego se produjo la segunda explosión, y ya fue demasiado tarde. Sentí un breve asomo de pesar — a su modo burdo y ligeramente deshonesto Mary era una buena persona —, luego la borré de mi mente; tenía otros problemas.
Mi primer problema era no ser golpeada por los restos; me sumergí y permanecí debajo del agua. Puedo contener la respiración y hacer ejercicio al mismo tiempo al menos durante diez minutos, aunque es algo que no me gusta en absoluto. Esta vez lo alargué hasta que casi me estallaron los pulmones antes de volver a salir a la superficie.
Suficiente: estaba oscuro, pero parecía que no tenía restos flotantes a mi alrededor.
Quizá había supervivientes en el agua pero no oí ninguno, y no me sentía impulsada a tratar de descubrir alguno (excepto Mary, y no había ninguna forma de encontrarla), puesto que no estaba equipada para rescatar a ninguno, ni siquiera yo.
Miré a mi alrededor, descubrí lo que quedaba del resplandor del ocaso, nadé hacia allí.
Tras un tiempo lo perdí, me volví de espaldas en el agua, registré el cielo. Había algunas nubes y ninguna luna. Encontré Arcturus, luego las Osas y la Polar, y tuve el norte.
Corregí entonces mi rumbo de forma que nadara hacia el oeste. Permanecí de espaldas porque, si te lo tomas con calma, puedes nadar indefinidamente y dos años más, de espaldas. Nunca tienes ningún problema con la respiración, y si de pronto sientes alguna debilidad, simplemente te quedas quieta y agitas ligeramente los dedos hasta que te recuperas. No tenía ninguna prisa; simplemente deseaba alcanzar el Imperio por el lado de Arkansas.
Pero era aplastantemente importante el no volver a Texas.
Problema: navegar correctamente de noche sin ningún mapa en un río de un par de kilómetros de ancho, cuando tu objetivo es alcanzar una orilla occidental que no puedes ver… sin desviarte en lo más mínimo mientras lo haces.
¿Imposible? ¿Por la forma en que serpentea el Mississippi, como una serpiente con el lomo roto? Pero «imposible» no es una palabra que una pueda utilizar con el río Mississippi. Es un lugar donde es posible efectuar tres cortos trayectos por tierra totalizando unos treinta kilómetros… y terminar a más de cien kilómetros río arriba del punto de partida.
Ningún mapa, ningún atisbo de mi destino… sabía únicamente que tenía que ir hacia el oeste y que no tenía que ir hacia el sur. De modo que eso es lo que hice. Me mantuve de espaldas, y comprobé constantemente las estrellas para mantener el rumbo al oeste. No tenía ninguna forma de decir cuánto podía estar derivando al sur a causa de la corriente, excepto por el hecho seguro de que, cuando el río girara hacia el Sur, mi propio avance hacia el este a través del agua me llevaría directamente a la orilla por el lado de Arkansas.
Y lo hizo. Una hora más tarde — ¿dos horas más tarde? — , un montón de agua más tarde, y con Vega alta en el este pero aún lejos del meridiano, me di cuenta de que la orilla colgaba sobre mí por mi lado izquierdo. Comprobé y corregí el rumbo hacia el oeste y seguí nadando. Poco después mi cabeza golpeó contra un tronco, pasé al otro lado y me agarré a él, tiré hacia arriba, luego me abrí camino entre un interminable amasijo de troncos hasta la orilla.
Trepar a la orilla no fue problema porque estaba tan sólo a medio metro de altura, aproximadamente, en aquel punto. El único problema era que el barro era espeso y resbaladizo. Conseguí dominarlo, me detuve, y me afirmé.
A mi alrededor todo estaba negro como la tinta, con las estrellas como única luz. Podía distinguir el negro suave del agua del denso negro de la maleza detrás mío únicamente por el débil reflejo de la luz de las estrellas en el agua. ¿Direcciones? Le Polar estaba ahora bloqueada por las nubes, pero la Osa Mayor me dijo dónde tenía que estar y aquello me fue confirmado por la Espiga brillando al sur y Antares en el sudeste.
Esta orientación por las estrellas me dijo que el oeste estaba directamente tras aquellas densas malezas negras.
Mi única alternativa era volver al agua, dejarme llevar por el río… y terminar en algún momento mañana de nuevo en Vicksburg.
No, gracias. Me encaminé hacia la maleza.
Pasaré rápidamente por las siguientes horas. Puede que esta no fuera la noche más larga de mi vida, pero seguro que fue la más deprimente. Estoy convencida de que debe haber junglas más densas y más peligrosas en la Tierra que las malezas de las orillas del bajo Mississippi. Pero no deseo tener que abrirme paso por ella, especialmente sin un machete (¡ni siquiera una navaja de Boy Scout!).