Una vez llegué junto a la maleza abandoné la carretera. El caminar por allí resultaba difícil, había una serie de barrancas, y yo estaba avanzando «cruzando los surcos». Pero rápidamente encontré algo que agradecí aún más que los árboles: un pequeño riachuelo, tan estrecho que podía cruzarlo sin dificultad.
Lo cual hice, pero no sin antes beber de él. ¿Potable? Probablemente contaminado, pero no preocupaba; mi curioso «derecho de nacimiento» me protege contra la mayor parte de las infecciones. El agua sabía bien, y bebí mucho y me sentí mucho mejor físicamente… pero el peso en mi corazón no desapareció.
Me metí más profundamente en la maleza, buscando un lugar donde pudiera no sólo ocultarme sino atreverme a dormir un poco. Seis horas de sueño hacía dos noches me parecían algo horriblemente lejano, pero el problema con ocultarse entre la maleza tan cerca de una gran ciudad es que es horriblemente probable que aparezca algún pelotón de Boy Scouts y te pisen la cara antes de que te des cuenta. Así que busqué un lugar no sólo resguardado sino inaccesible.
Lo encontré. Con la empinada ladera de una barranca por un lado, e inaccesible gracias a un enorme matorral de arbustos espinosos, que localicé por el método Braille.
¿Arbustos espinosos?
Me tomó casi diez minutos descubrirla, y tenía el aspecto de la cara expuesta de una piedra abandonada por el tiempo cuando los enormes glaciares habían bajado por aquella zona. Pero, cuando miré de más cerca, no parecía en absoluto una roca. Me tomó más tiempo aún meter los dedos hasta conseguir apoyo y levantarla, y entonces giró fácilmente sobre sí misma, parcialmente contrapesada. Me metí rápidamente en el interior y dejé que volviera a caer de nuevo ocupando su lugar…
…y me encontré en medio de la oscuridad, salvo por unas llameantes letras:
PROPIEDAD PRIVADA — PROHIBIDO EL PASO.
Me mantuve completamente inmóvil y pensé. Janet me había dicho que el interruptor que anulaba las mortales trampas estaba «oculto a corta distancia en el interior».
¿Cuán lejos es una «corta distancia»?
¿Y oculto cómo?
Estaba ya lo suficientemente oculto simplemente por el hecho de que el lugar estaba tan oscuro como la tinta excepto aquellas ominosas letras resplandecientes. Podrían haber dicho iguaclass="underline" «Abandona toda esperanza, tú que has entrado aquí».
Así que recurre a tu linterna de bolsillo, Viernes, con su propia Shipstone de larga vida, y busca. ¡Pero no vayas muy lejos!
Por supuesto, había una linterna en el neceser de vuelo que había dejado tras de mí en el Salta a M’Lou. Era posible que en estos momentos estuviera encendida, iluminando a los peces en el fondo del Mississippi. Y sabía que había otras linternas apiladas directamente al otro lado de aquel negro túnel.
Pero yo ni siquiera tenía una cerilla.
Si dispusiera de un Boy Scout, hubiera podido hacer un fuego frotando entre sí sus patas traseras. ¡Oh, ya basta, Viernes!
Me senté en el suelo y me permití llorar un poco. Luego me tendí en aquel (duro, frío) (bienvenido y suave) suelo de cemento, y me dormí.
20
Me desperté mucho tiempo después, y el suelo estaba por supuesto duro y frío. Pero me sentía tan enormemente descansada que no me importaba. Me puse en pie y me froté mis tortícolis y me di cuenta de que ya no me sentía impotente… sólo hambrienta.
El túnel estaba ahora bien iluminado.
Aquel cartel resplandeciente seguía advirtiéndome de que no fuera más allá, pero el túnel ya no estaba oscuro; la iluminación parecía casi igual a la de un bien iluminado salón. Miré a mi alrededor en busca de la fuente de la luz.
Entonces mi cerebro encajó. La única iluminación procedía del cartel resplandeciente; mis ojos se habían ajustado a ella mientras dormía. Sé que la gente humana experimenta también este fenómeno, aunque posiblemente en un grado menor.
Empecé a buscar el interruptor.
Luego me detuve, y en vez de ello empecé a usar mi cerebro. Es un trabajo más duro que utilizar los músculos, pero es más tranquilo y quema menos calorías. Es lo único que nos separa de los monos, aunque no demasiado. Si había algún interruptor oculto, ¿dónde estaría?
Los parámetros significativos de ese interruptor debían ser que tenía que estar lo suficientemente escondido como para frustrar a los intrusos, pero lo suficientemente poco escondido como para salvar la vida de Janet y sus maridos. ¿Qué me decía esto?
No podía estar demasiado alto a fin de que Janet pudiera alcanzarlo; por lo tanto yo debía poder alcanzarlo también, puesto que más o menos éramos de la misma altura. De modo que ese interruptor debía estar al alcance de mi mano, sin tener que utilizar ninguna herramienta.
Esas letras flotantes y resplandecientes estaban a unos tres metros hacia el interior. El interruptor no podía estar mucho más allá de ese punto porque Janet me había dicho que una segunda advertencia, la que prometía la muerte, estaba preparada para dispararse no mucho más adentro… «unos pocos metros», había dicho. «Unos pocos» raramente es más de diez.
Janet no ocultaría el interruptor tan sofisticadamente que uno de sus esposos, luchando por su vida, tuviera que recordar exactamente donde estaba. El simple conocimiento de que había un tal interruptor tenía que ser suficiente pista como para permitir encontrarlo. Pero cualquier intruso que no supiera que existía ni siquiera se daría cuenta de él.
Avancé túnel adentro hasta que me detuve inmediatamente debajo de aquel signo luminoso, y alcé la vista. La luz de aquellas palabras de advertencia hacían fácil verlo todo a su alrededor menos una pequeña parte del arco del túnel inmediatamente encima de las letras. Incluso con mi visión perfeccionada ajustada a la oscuridad no podía ver el techo directamente encima del signo.
Alcé la mano y encontré el techo allá donde no podía verlo. Mis dedos tantearon y encontraron algo que parecía como un botón, probablemente el final de un solenoide. Lo pulsé.
Las palabras de advertencia parpadearon y se apagaron; las luces del techo se encendieron, brillando túnel adentro.
Alimentos congelados y medios para cocinarlos y enormes toallas y agua corriente caliente y fría y una terminal en el Agujero por la cual podría seguir las noticias y repasar lo ocurrido los últimos días… libros y música y dinero en efectivo guardado en el Agujero para emergencias y armas y células de energía y municiones y ropas de todas clases que me iban bien porque le iban bien a Janet y un reloj calendario en la terminal que me decía que había dormido trece horas antes de que la dureza de la «cama» de cemento me despertara y una confortable y suave cama que me invitaba a terminar la noche durmiendo de nuevo después de bañarme y comer y satisfacer mi hambre de noticias…
una sensación de total seguridad que me permitía calmarme hasta que ya no tuviera que utilizar el control mental para reprimir mis auténticos sentimientos a fin de seguir funcionando…
Las noticias me dijeron que el Canadá Británico había clasificado la emergencia, rebajándola, como «emergencia limitada». La frontera con el Imperio seguía cerrada. La frontera con Quebec seguía aún fuertemente controlada pero se permitía el paso para asuntos legítimos y demostrables. Le disputa entre las dos naciones residía ahora en el importe de la reparación que Quebec debía pagar por lo que ahora era admitido como un ataque militar producido a causa del error y/o la estupidez. La orden de internamiento seguía aún vigente, pero un 90 % de los quebequeses internados habían sido dejados libres bajo palabra… y aproximadamente un 20 % de los internados del Imperio. Así que había hecho bien en escurrir el bulto, puesto que, de cualquier modo, yo era un personaje sospechoso.