Выбрать главу

Aquello hizo que Noelia dejara de reír, aunque esta vez quien sonrió fue Juan. Ver su cara de desconcierto sin saber qué contestar, era de chiste. Al ver que la niña no le quitaba ojo y que su querido tito no iba a ayudar, Noelia se encogió de hombros y respondió sin mucha convicción.

—Uf, Ruth… hacía mucho calor en el coche.

La cría les miró de él a ella, y de ella a él, y astutamente respondió:

—Ah, vale… teníais calor por los besos con lengua que os estabais dando… ¡Puaj! ¡Qué asco! —gesticuló la niña y prosiguió—. En las películas cuando los enamorados se besan así, casi siempre se quitan la ropa y…

—Se acabó, pequeña —interrumpió Juan llamando su atención—. Mañana mismo le diré a tu madre que no te deje ver la tele. Creo que ves demasiada.

—Jopetas, tito…

La cría no pudo seguir. El timbre de la puerta sonó y Juan moviéndose abrió la puerta. En el salón entró una histérica Irene acompañada por su marido y por Almudena, quien corrió a abrazar a la niña.

—Ay, Dios mío qué susto nos has dado, puñetera ¿Como se le ocurre marcharte sin decir nada? —la reprendió.

—Quería dormir con el tito y con su novia. ¿Sabes mami que se han besado con lengua? ¡Qué asco! Si los hubiera visto el yayo Goyo, hubiera dicho que se estaban comiendo los mocos.

—¡Que me da! Y me pongo de parto —rio Almudena sin poder evitarlo al ver la cara que ponían.

Lolo, el marido de Irene, sonrió y al ver la cara de circunstancias de los tortolitos dijo:

—Hablando de dormir. Creo que es mejor que nos vayamos. —Y cogiendo a su hija en brazos añadió—: Y tú señorita, no vuelvas a hacer lo que has hecho o te prometo que la próxima vez me enfadaré. ¿Entendido?

—Sí papi. —Y clavando su picara mirada en su tito, quien intuyó que no iba a decir nada bueno soltó—: ¿Os vais a quitar la ropa otra vez?

—Pero bueno ¿Qué habéis hecho delante de mi niña? —protestó Irene al escuchar aquello, mientras Almudena no podía parar de reír.

—Te recuerdo hermana, que no sabíamos que tu niña, estaba allí ¿vale? —respondió Juan molesto, mientras observaba a su hermana Almudena sonreír.

Todos se miraron y Noelia, al ver que la cría esperaba una contestación, respondió:

—Tesoro, yo ahora me voy a ir a mi hotel a dormir.

Sorprendido al escucharla Juan se acercó a ella y sin importarle quién estuviera presente la cogió del brazo y la llevó a la cocina. Necesitaba aclarar aquello.

—¿Qué es eso de que te vas?

Noelia le miró. Deseaba quedarse y pasar la noche con él, pero sabía que aquello no podría terminar bien. Si se quedaba con él solo complicaría las cosas.

—Sí. Es lo mejor.

—Pues yo no estoy de acuerdo. ¿Por qué te vas? —exigió él.

—Juan yo… yo…

—Tú… tú. ¿Qué? Otra vez estás con las mismas dudas que en el coche. Joder, Noelia que somos adultos y podemos decidir por nosotros mismos.

Al ver que ella no respondía le dedicó una fría sonrisa y le y preguntó con sarcasmo:

—¿Cada vez que te acuestas con Mike Grisman o alguno de tus galanes americanos te lo piensas tanto?

Aquella indiscreta pregunta le molestó. ¿Quién era él para preguntar aquello? Y clavando su mirada en él siseó:

—Pues no, tito listo. Con Mike siempre es fácil y satisfactorio, y con el resto divertido y morboso ¿alguna pregunta más?

—¿Fácil y satisfactorio? —preguntó molesto.

—Sí —mintió ella—, Mike es un buen amante que sabe lo que me gusta y cuando estamos en la cama me satisface, como hasta el momento ningún hombre lo ha hecho.

Al oír semejante respuesta se encolerizó. Se la merecía por haber sido tan desconsiderado. Pero el daño ya estaba hecho. Se dio la vuelta para salir de la cocina, cuando ella le asió del brazo y en tono jocoso le preguntó:

—¿Qué pasa contigo? Primero ofendes y luego… ¿te vas? —él no respondió y ella volvió al ataque—. Por cierto ¿tú te acuestas con toda la que se te pone a tiro?

Incómodo por el cariz que estaba tomando la conversación, se cruzó de brazos y siseó con un tono agrio:

—A pesar de que estos días he bajado el listón contigo, soy bastante exigente para el sexo. No me vale cualquiera.

Noelia le miró con ganas de abofetearle y él, consciente de lo que había dicho, sonrió y preguntó en tono malicioso:

—¿Alguna pregunta más estrellita?

La joven miró la espumadera de la cocina. Deseó cogerla y estampársela en la cabeza, pero tras imaginar el terrible resultado cerró los ojos y suspiró. Debía relajarse o aquello acabaría muy mal, pero él insistió.

—¿Qué te ocurre? ¿Es que en tu glamuroso mundo nadie le habla así?

—Tú que sabrás —susurró enfadada.

Juan se acercó a ella en actitud intimidatoria, dejando patente lo pequeña que era ella a su lado.

—Estoy seguro que en tu inundo lodo el mundo le hace la pelota. Todos besan el suelo por el que pisas, te ríen las gracias y hacen todo lo que tú quieres por ser quien eres ¿verdad? Pues bien, entérate que yo no tengo porqué hacerte la pelota, porque ni me interesas, ni te busqué, ni me convienes. Por lo tanto, si te quieres ir, vete. Mujeres como tu hay muchas y yo no te necesito para nada.

Humillada, dolida y decepcionada por sus duras palabras, tuvo que contener las enormes ganas de llorar que sentía.

—Cierra el pico. Me estás enfadando y mucho.

—Uooo —se mofó él—, ¡Qué miedo!

Dando un paso atrás para alejarse de él, levantó el mentón para mirarle de frente y dijo todo lo tranquila que pudo:

—Me alegra saber que a partir de este instante volverás a subir tu listón en cuanto a tu vida sexual. Es tarde, me marcho y…

Arrepentido por las cosas que había dicho pero sin darle tiempo a terminar la frase, él sentenció antes de dejarla sola en la cocina.

—De acuerdo. Vete.

Con el orgullo herido, le siguió al salón. Nadie la había despreciado así nunca y se sentía humillada. Recomponiéndose tras el cruel ataque, preguntó:

—¿Podríais acercarme con el coche al parador?

Patidifusas por el giro que habían dado los acontecimientos en pocos minutos, las chicas miraron a su enfadado hermano.

—¿Y Juan? —preguntó Almudena.

Abrochándose su abrigo verde la joven estrella de cine miró a la embarazada y dijo con contundencia.

—No, él no me va a llevar. ¿Podéis vosotros o no?

—Sí… sí por supuesto —asintió Irene al ver la incomodidad de su hermano.

Tras una despedida de lo más fría con el hombre que le había calentado hasta el alma, Noelia se montó en el coche, y se marchó. Era lo mejor.

30

El sábado, Noelia se fue de compras con Almudena a Guadalajara. Al principio no estaba de humor por lo ocurrido la noche anterior. Las duras palabras de Juan aún resonaban en su mente. Pero estar con Almudena y sentir su positividad le aliviaba. Noelia, gracias al tiempo que pasaron juntas en unos grandes almacenes, descubrió que a la joven le gustaba la fotografía.

—Es mi pasión ¿Has visto que pedazo de cámara réflex?

—Sí… enorme —murmuró mirándola.

—¡Es la caña! Cuando nazca el búho y comience a trabajar, lo primero que voy a hacer es comprarme un bicharraco de estos. La cámara que yo tengo ya está obsoleta, pero la mimo hasta que tenga una nueva —rio Almudena con aquello entre las manos.

Noelia quiso decirle que odiaba aquellas cámaras de grandes objetivos. Demasiadas como aquella la seguían allá donde fuera y en cierto modo le ponían nerviosa. Pero calló.

Unas horas después, tras comprar varias cosas para el bebé, entraron en un par de tiendas de discos y Noelia se alegró al encontrar varios de los CD que buscaba. En especial la banda sonora de la película Cadillac Records. Allí estaba la canción At last cantada por Beyoncé. Una canción que le encantaba y que le hubiera gustado escuchar con Juan, aunque tras lo ocurrido era de lo más improbable. Pero aun así lo compró, y por la tarde tras un buen día de compras con Almudena, regresó más contenta al parador.