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El domingo llegó y ninguno se llamó por teléfono. Juan libro aquel fin de semana pero ofuscado por lo ocurrido y en cierto modo molesto por cómo le había hablado a Noelia, decidió salir con sus amigos de cañas y olvidarse de ella. Pero no lo consiguió. Era ver una muchacha morena andamio por Sigüenza y los ojos se le iban detrás. Carlos, que sabía lo que había pasado porque Irene se lo había contado a su mujer, intentó hablar con él, pero Juan se cerró en banda. No quería hablar de lo ocurrido.

Al anochecer, Laura apareció con la explosiva de Paula y decidieron ir a tomar algo los cuatro por el casco viejo de Sigüenza.

Noelia, a cada segundo que pasaba, más se arrepentía de lo ocurrido. ¿Cómo era posible que hubieran acabado discutiendo de esa manera? Miró su móvil cientos de veces. Pensó en llamarle, en enviarle un mensaje, pero al final se achantó. Ella nunca había ido tras un hombre y, por supuesto, esta no iba a ser la primera vez, y más aún cuando el muy idiota la había humillado con lo de Mike y su listón.

Entristecida porque no la llamaba, el domingo por la tarde miraba por la ventana cuando Tomi llamó a la puerta.

—¿Sigues igual darling?

—Peor —gruñó molesta.

En su cabeza retumbaban las cosas que Juan le había dicho y cada vez se enfadaba más.

—A ver, ¿por qué tienes ahora esa cara de pequinés? —Ella no respondió y él prosiguió—: Que yo sepa, por lo que tú me has contado, fuiste tú la que decidiste regresar al castillo. Él no te echó de su house. Por lo tanto, you and only you tienes la culpa de todo lo ocurrido.

—¿Por qué te pones de su parte? —refunfuño enfadada.

—Ponte en su lugar, queen. Tú fuiste la que huyó de su casa.

—Y él me dijo cosas terribles.

—Sí… de eso no hay duda cuchita, pero te aconsejo que le llames por teléfono. No dejes para tomorrow lo que puedas hacer today… recuérdalo. Ese tipo de macho man, no se fabrica en los United States, y no puedes marcharte sin darte un homenaje al body, si el susodicho te lo pide.

Saber que tenía razón era lo que más le jorobaba, pero las duras palabras de él aún resonaban en sus oídos. No… no le llamaría. Sentándose en una silla al lado de la ventana, se encendió un cigarrillo.

—No sé qué me pasó, Tomi. Yo quería quedarme con él y tener una estupenda noche de sexo, pero… pero un extraño miedo me atenazó y… y…

—Y cuando él no te trató como a la divina de Estela Ponce tú…

—No venían a cuento sus comentarios —protestó ella.

—Mira queen —suspiró su primo—. Te conozco. Sé que sus palabras no te gustaron, pero también sé que lo que más te molestó fue eso de que había bajado su listón para estar contigo, ¿verdad?

Recordar aquello le hizo sentir insegura. Realmente ella no se podía comparar con Paula. La encargada del parador era exuberante, alta y de grandes pechos. Noelia sabía que su cuerpo era proporcionado y sensual, se lo había currado con gimnasia y dietas, pero no poseía ni su altura ni sus atributos. Siempre se había negado a pasar por el quirófano a pesar de que su padre se lo había sugerido en múltiples ocasiones. Y ahora, por primera vez en su vida, se estaba arrepintiendo.

Tomi, al ver su gesto contrariado sonrió y acercándose a ella murmuró:

You are jealous de la chica del parador?

—¡¿Celosa yo de esa?!

Al ver cómo esta le miraba el joven respondió con gracia:

Yes, hija, yes, celos. Eso tan latino y que en las rancheras mexicanas está tan de moda, como por ejemplo «You eres mía, y only mía» —Noelia sonrió y su primo prosiguió—: Por cierto, ¿venía a cuento que fueras tan descriptiva en lo maravilloso amante que es Mike?

—Vuelves a tener razón —susurró al recordar el gesto de Juan, cuando le dijo que las relaciones con aquel eran muy satisfactorias.

—A ver cuchi, look at me.

Noelia levantando la mirada clavó sus claros ojos en él.

—Tu y yo siempre hemos hablado claro de cosas como sexo, lujuria, hombres y desenfreno, right?

Si, verdad sonrió al recordar ciertos episodios.

—¿Y desde cuando Mike es satisfactory? Mira… mira que tú me habías dicho que al principio era divertido pero que las últimas veces te resultó un tostón. ¿Desde cuándo es salisfactory?

Al escucharle sonrió, y entendió que lo dijo para molestar a Juan. ¿Realmente tanto le gustaba él? Sí… la respuesta era sí. Fue a decir algo pero su primo se le adelantó.

—Ahora contéstame a unas questions.

—Vale.

—La primera ¿te gusta ese G.I.Joe español tanto… tanto… tanto?

—Más.

—¿Hay chispa y atracción entre vosotros?

Ella sonrió y tras resoplar murmuró:

—Sí… hay fuegos artificiales.

—Eso es fenómeno, cuchi… porque mira, my girl, si no existiera morbo, chispa o attraction, entonces ¡apaga y vámonos! Pero si me dices que existe ¿me puedes explicar por qué te has negado una noche de sexo, y encima del bueno?

—Me gusta Juan, Tomi. Me gusta mucho.

El joven retirándose el flequillo de la cara con glamour respondió divertido:

—Ah… qué cachonda. A mí por gustarme, I like Gerard Butler, Matthew Fox o Jason Sthatam pero ni me miran cuando coincidimos con ellos en alguna party en Hollywood. Pero ¡Ay Dios!, si al mirarme cualquiera de ellos surgieran chispas, morbete o atracción ¡otro gallo cantaría! Con esto quiero decir, que you and only you decides con quien quieres tener un affaire o no. Si estamos aquí, en Spain, en este lugar, y en este pueblo, es por el G.I.Joe, y lo que no entiendo es ¿qué haces aquí con cara de almeja pudiendo disfrutar de la lujuria y el desenfreno con él?

—¿Me has escuchado bien Tomi? —repitió ella—. Te he dicho que me gusta; que me gusta mucho y cada segundo que pasa más; que lo veo y siento las maripositas que la abuela nos contó que sintió al conocer al abuelo en el estómago; que cuando estoy con él me siento diferente, no una diva de Hollywood; que no puedo parar de pensar en él; que la otra noche en el cumpleaños del abuelo Goyo, me sentí como llevaba años sin sentirme, y quise pertenecer a esa familia, y yo quise eso porque… yo… yo…

—Por el amor de Dior ¡Huyamos rápidamente de aquí! —gritó Tomi levantándose con rapidez—. Ay my baby, tú no puedes decir en serio lo que estás diciendo. Apenas le conoces y tú te mereces algo mejor que…

No le gustó aquel último comentario, tan parecido a los de su padre.

—¿Qué es eso de que me merezco algo mejor? Juan es maravilloso, trabajador, bueno con su gente. Pero si hasta le hace trencitas en el cabello a su sobrina cuando desayuna leche con galletas —gimió desesperada.

—Uisss ¡qué amorosoooooooo!

—La palabra es acurrucoso —suspiró ella al recordar lo que el abuelo le dijo— Ay, Tomi, mi gran problema, es que creo que me estoy enamorado como una tonta y…

—Lo dicho… ¡huyamos! Salgamos de Spain ¡pero ya!