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En la cocina, Noelia se fumó un cigarrillo y una vez lo apagó, sin poder evitarlo abrió el mueble de los bollos y se cogió unas Oreo. Eso calmaría las ganas que tenía de salir corriendo de allí. ¿Qué había pasado? Solo estaba hablando de sus amigos y compañeros de trabajo, como él en ocasiones había hablado de Lucas, Carlos O Damián. Enfadada por lo ocurrido mordisqueaba la galleta apoyada en la puerta del patio mirando como llovía, cuando escuchó la música proveniente del salón. Era la canción At Last de Beyoncé. Su canción.

—Cierra los ojos y relájate. Esta canción sé que te ayuda a relajarte ¿verdad? —escuchó de pronto la voz ronca de Juan en su oído.

Incapaz de no entrar en su juego, asintió y le hizo caso. Juan conseguía que ella explotara de furia pero también tenía el poder de calmarla solo con su voz. Instantes después se dejó abrazar y comenzó a bailar con él aquella dulce y sensual canción en la cocina. Cundo la canción terminó Juan la miró a los ojos y le preguntó

—¿Me perdonas?

¿Cómo no perdonarte? pensó ella, le besó y esbozó una sonrisa.

42

Superada aquella absurda discusión, días después, Eva, Juan y Noelia fueron al Hospital Universitario de Guadalajara para recoger a Almudena. Tanto la madre como el bebé estaban de maravilla, pero Almudena llevaba dos días sin parar de llorar. Cualquier cosa que le dijeras le hacía berrear una y otra vez y aunque todos se preocuparon, los médicos les calmaron indicándoles que aquello era normal. Las hormonas de la nueva mamá aún estaban revolucionadas y por eso lloraba continuamente. Cuando dejaron el coche en el parking y se dirigían al hospital se cruzaron con dos hombres vestidos de policía.

—Mmmm… cómo me ponen los uniformes —suspiró Eva al verlos pasar y mirando a la joven que caminaba junto a su hermano preguntó—: ¿No te ponen los tíos así vestidos? ¿No te parecen terriblemente varoniles?

—Definitivamente sí —rio Noelia tras mirar a Juan—. Cada vez que tu hermano aparece vestido de cucaracho ¡me vuelve loca!

Juan se carcajeó ¿cuando había aprendido ella aquella palabra?

—Normal hija… normal… cuando se visten de negro desprenden sensualidad y morbo por todos sus poros ~y al recordar a Damián, el sexy compañero de su hermano, suspiro—. Uf… ya te digo, hay cada uno…

Juan, al ver aquel gesto, le dio un empujoncito.

—Hermanita, disimula. Se nota a la legua que te vuelve loca algún que otro compañero de la base.

—Uf… es que allí hay material de primera —suspiró esta—. Por cierto Noelia, cuando quieras vamos a hacerle una visitilla a mi hermano a la base. Almudena y yo de vez en cuando vamos y nos damos un alegrón a la vista. Te aseguro que merece la pena.

—Vale… encantada.

—Chicas… no me jorobéis —las reprendió Juan.

Lo que menos le apetecía era ver a Noelia en la base, rodeada por los depredadores de su unidad y menos junto a la lianta de su hermana. Definitivamente no era buena idea.

—Anda… ahora que lo pienso —dijo Eva— Quizá a Almudena le vendría de lujo darse un homenaje visual para que deje de llorar por el simple hecho de existir.

—Tranquila. Se le pasará —aseguró Juan divertido.

—Mira, hermanito no es por nada. Pero tú podías tirarte el rollo un poquito ¿no crees?

Sorprendido por aquello la miró y preguntó:

—¿Tirarme el rollo? ¿En qué?

—En proporcionarle a tu llorosa y lacrimosa hermana Almudena un poco de felicidad visual y de paso también a nosotras. Tampoco es tanto pedir, ¿no?

—Oh, sí… sería un bonito detalle —asintió Noelia y divertida le enseñó la pulsera que llevaba y le susurró al oído—: Te recuerdo que yo tengo un todo incluido.

—Sería un detallado, además de un morbazo —prosiguió Eva sin percatarse de cómo aquel fruncía el ceño.

Juan finalmente sonrió por sus ocurrencias y tras cogerlas por la cintura murmuró:

—Ni la base, ni mis compañeros por muy guapos que os parezcan son para divertirse. —Y para chinchar a su hermana cuchicheó—. Además, a ti, señorita metomentodo te da lo mismo un poli de verdad que un boy vestido para la ocasión ¿verdad?

—Pues tienes razón. Me da igual. Soy una conformista nata —asintió divertida—. Por lo menos del boy sé lo que espero. Por lo tanto, y si no quieres que aparezcamos por la base con nuestra hermana la llorica, ya sabes lo que tienes que hacer para alegramos el alma, la vista y alguna que otra cosa más.

Parapetada tras su disfraz, Noelia disfrutaba de aquel momento familiar mientras se cruzaba con personas que en traban y salían del hospital. Aquella libertad le encamaba y sonrió satisfecha de su anonimato. Aquello era maravilloso.

Tras subir en el ascensor a la tercera planta entraron en la habitación. Allí estaban Manuel y el abuelo Goyo haciendo monadas al pequeño Joel.

—¡Oh… mis salvadoras! Sin vosotras todo hubiera sido un desastre —gimió Almudena al verlas aparecer llevándose un pañuelo a la cara.

—¿Seguimos en plan drama? —se mofó Eva al ver a su hermana.

—Seguimos… seguimos —asintió Manuel tras suspirar.

—Ay, hermosa… no lo sabes tú bien —contestó el abuelo Goyo poniendo los ojos en blanco.

—Pero no llores mujer, que tienes un bebé precioso. —Noelia corrió a abrazarla.

Juan miró a su padre y a su abuelo, quienes se encogieron de hombros y para hacer sonreír a su hermana dijo:

—Aquí te traigo a las enfermeras más dicharacheras de todo Guadalajara, Almudena. Estoy segura que en este hospital tomarán en cuenta su inestimable experiencia como matronas.

Divertida por aquello, Eva se acercó a la cama y le dio un beso a su hermana. Se la veía bien aunque con la nariz hinchada como un tomate y los ojos rojos y vidriosos. La besó y le limpió los ojos con un kleenex.

—Que sepas mona, que gracias a tu búho y a ti he decidido privar a este mundo de la existencia de mi descendencia. Y por supuesto, y muy importante, no volveré a quedarme a solas con ningún hombre por muy guapo e irresistible que sea.

—No me digas eso. No quiero sentirme culpable por no tener mas sobrinosssssssssssssssss —lloriqueó aquella.

—Ni caso, Almudena —la consoló Juan—, Se acaba de cruzar con unos tipos con uniforme y te aseguro que por su linda boquita ha salido de todo menos la abstinencia.

—Y he pensado en ti eh… Almu. Le he dicho a nuestro hermanito que sería algo tremendamente recomendable para ti que te alegrarse la vista con unas buenas tabletas de chocolate y unos estupendos oblicuos bien trabajados —apostillo Eva consiguiendo que aquella por primera vez sonriera.

—Qué jodía es esta muchacha —sonrió el abuelo Goyo.

Todos sonrieron. En especial Juan, al que se le veía pletórico y feliz. Al principio, ninguno quiso pensar que Noelia era la causa de su felicidad, pero todos lo deducían. Se le notaba relajado desde que aquella joven había aparecido en su vida y eso les gustaba.

Tras un rato en el que consiguieron hacer reír a la llorona, Noelia se acercó a la cunita del recién nacido y murmuró:

—Es precioso. Es el bebé más bonito que he visto en mi vida.

Aquel comentario hizo que Manuel mirara a su hijo y le guiñara el ojo. Este al ver aquello junto las cejas y su padre sonrió. No era para menos.