Выбрать главу

—Ay qué remono que es el abuelo Goyo —volvió a suspirar Almudena justo en el momento en que Noelia le pasaba un nuevo kleenex que ella aceptó encantada.

—Y tú qué bruta, Irene —siseó Eva mirando a su hermana.

—Lo sé y por eso cambié de opinión. El abuelo Goyo me hizo entender que papá hubiera dado la vida por mamá y que la querría toda la vida, pero que él estaba vivo y se merecía tener una nueva ilusión. En definitiva, hablé con papá y le obligué a llamar a Maite delante de mí. Desde entonces siempre que él va a Guadalajara queda con ella y se ven. Incluso ha venido a casa un par de veces, pero como las dos estabais viviendo en Madrid no os enterasteis y Juan, por su trabajo, tampoco. Papá me dijo que no dijera nada porque quería ser él quien os diera la noticia si lo de ellos continuaba hacía delante. Y ahora, vamos a ver ¿cómo os habéis enterado?

—En el hospital. Esta mañana ha entrado una enfermera, Maite, a la habitación a por Joel, y…

—¿Qué os ha parecido Maite? —preguntó emocionada Irene ¿A que es una mujer encantadora? Oh, Dios… a mí me cae fenomenal y siempre que voy a Guadalajara hago como papá, la llamo y me tomo un cafetín con ella.

Almudena y Eva se miraron y divertida esta última respondió:

—Pues… no hemos hablado con ella y…

El timbre de la puerta sonó y Rocío se levantó para ir a abrir. Dos segundos después la joven entraba en el salón seguida de dos impresionantes policías municipales.

—Mamá… estos… estos señores preguntan por…

—¿Pero qué ven mis ojos? gritó Eva sorprendiéndolas a todas,

—Dos policías —respondió Almudena sin entenderla.

—¡Uoooool! ¡Adelante! —gritó Eva al ver a aquellos musculosos y atractivos hombres vestidos de policía. Noelia, al ver aquello, se quedó boquiabierta, pero Eva se levantó y llegando hasta donde estaban le dio un cachete en el trasero al más alto y dijo dejando a sus hermanas sin palabras—: Mmmm… me encanta este trasero redondo. Lo bien que te queda el uniforme y… la porra que llevas en la cintura.

—¡Eva María! —gritó Irene sorprendida por aquel descaro.

El poli miró a la joven que sonreía a su lado y tras cruzar una mirada con su compañero dijo:

—Me alegra saberlo, señora.

—¡Señorita! —recalcó divertida.

—Señorita —repitió el municipal.

—Vaya… vaya… veo que mi hermanito por fin se ha dado cuenta de que necesitamos un alegrón para el cuerpo y la vista.

—No me lo puedo creer —murmuró Noelia sorprendida. ¿Juan había enviado a unos boys para alegrarles la tarde?

—Créetelo nena —rio Eva al escucharla—. Este Juan es el mejor.

Irene y Almudena, patidifusas, miraban a su hermana pequeña revolotear alrededor de aquellos policías cuando la escucharon decir:

—Vamos, nenes, poned la musiquita y comenzad el espectáculo. Somos todas ojos ¡guapos! —Y mirando a su hermana Almudena le cuchicheó—: Le dije a Juan que un numerito de estos te vendría bien ¡y aquí están!

—Uoooo —rio Almudena complacida—, ¿En serio?

—Ya te digo.

—Uff… con esto me va a subir la leche.

—No importa, Almu… disfrútalo.

—Entonces… vamos nenes. Enseñad lo que sabéis hacer que acabo de ser madre, estoy sin pareja y desesperada por ver un musculado cuerpo serrano —aplaudió Almudena divertida cambiando radicalmente su tono de voz.

Noelia al escuchar aquello se tapó la boca con las manos. Aquello era lo más surrealista y divertido que había vivido nunca y no pudo evitar carcajearse, mientras pensaba en el detallazo que Juan había tenido al enviarles aquella diversión.

Los policías, sin saber realmente de qué hablaba, se miraron y el más alto, tras clavar su mirada en las jóvenes alocadas, en especial en la que estaba junto a la cunita del bebé, dijo:

—Preguntamos por…

—Por Eva, Almudena, Noelia, Irene y Rocío ¿verdad? —susurró Eva.

—No precisamente —respondió el poli divertido.

—Venga guapetones, no os hagáis de rogar —cuchicheó Almudena.

Avergonzada por sus hermanas, Irene se acercó a su hija y tapándole los ojos dijo:

—Tú no mires, cielo… a tus titas se les ha ido la cabeza.

—Quita mamá —protestó Rocío que no quería perderse nada.

—Vamos, nenes, poned la música y comenzad a quitaros cositas —suspiró Eva sentándose junto a Noelia que se retorcía de risa.

—Eva María ¿te has vuelto loca? —protestó Irene al escucharla.

—No cielo… loca te vas a volver tú cuando veas el cuerpazo que se gasta ese moreno, con más morbo que el mismísimo Hugh Jackman en Australia.

—Miren señoritas, no sé a que se refieren —respondió el poli más alto levantando la voz—. Tanto mi compañero como yo les agradecemos los piropos que nos han dicho, aunque siento decirles que por mucho que ustedes nos digan, la denuncia que acaba de poner su vecina, Asunción Castañedo, a Javier López Morán por haberle roto el cristal de su puerta, no se la vamos a quitar.

Como si se hubieran caído de un quinto piso todas se quedaron calladas e Irene torciendo la cabeza al más puro estilo de la niña del exorcista gritó.

—¡¿Que la sinvergüenza de la Asunción, la Chumina, le ha pueblo una denuncia a mi niño?! ¡¿A mi Javi!?

—Sí, señora. Me alegra saber que por fin nos entendemos —asintió el poli alto aun sonriendo.

Como un cohete a propulsión la madre de la criatura corrió al exterior y antes de que ninguno pudiera llegar donde estaba ella se comenzaron a escuchar gritos.

—Ay madre ¡la que se va a liar! —gritó Eva y mirando a su hermana dijo antes de salir—: Almu, quédate aquí con Joel que tú no estás para líos.

Dos segundos después las jóvenes discutían con Asunción y las hijas de esta, cuando la susodicha se abalanzó sobre Irene y, como si de una batalla campal se tratara, todas las mujeres comenzaron a gritar y a empujarse. Noelia en un principio intentó mantenerse a un lado. No estaba acostumbrada a aquel tipo de problemas, ni contactos. Pero al ver como dos agarraban a Eva, no se lo pensó dos veces y se metió por medio. Al pensar en su peluca intentó por todos los medios que nadie la agarrara del pelo, pero era imposible, había manos por todos los lados.

Almudena que observaba todo aquello dando gritos desde la ventana, al ver el lio, no se lo pensó y dos segundos después estaba metida en todo aquel embrollo en camisón. Los policías, ojipláticos por la que se había armado en décimas de segundo, se metieron por medio para separarlas pero era misión imposible. Eran muchas mujeres para ellos dos.

En ese momento llegó un coche. Juan junto a su padre y su abuelo al ver aquello y reconocer a sus hermanas y a Noelia en aquel lío se acercaron rápidamente y entre todos consiguieron separarlas.

—Pero ¿qué os pasa? —preguntó Juan tras comprobar que todas, en especial Noelia, estaban bien a pesar de que respiraban con dificultad.

—¡La greñosa de la Asunción! —gritó Irene—, ¿Pues no ha denunciado a Javi porque dice que le ha roto los cristales? Cuando Javi está jugando en casa de Jesusín.

—¡Tu jodio muchacho me ha roto el cristal de la puerta de un balonazo! —gritó esta como una verdulera,

—¡Imposible! —voceó Almudena— El niño no ha podido ser.

—¡Ha sido ese sinvergüenza con cara de delincuente! ¡Lo he visto con mis propios ojos! —gritó una de las hijas de la otra.

—Será gorrinona la Chumina —gruñó el abuelo Goyo con el bastón el alto.

—¡Gorrinón usted viejo verde! —gritó la ofendida.

—Ya quisieras tú que yo te tocara ¡so fea! —se mofó—. Vamos, ni con un palo y a distancia te tocaba yo.