—El en seguida voy no me convence —insistió aquel tras la puerta—. Piensa que cuando tú vas a por harina, yo ya hice setecientas barras de pan y me las comí.
—De acuerdo… voy… voy.
Sorprendida por lo que habla descubierto en la foto dejó el portátil abierto, más tarde seguiría mirándolas. Encontrar alguna pista de aquella diva del cine podía ser una buena carta de presentación para volver a encontrar trabajo o al menos para sacarse un dinero extra. Finalmente abrió la puerta de su habitación y cogiendo a su entrañable abuelo del brazo dijo.
—No se hable más abuelo Goyo ¡a desayunar!
45
Faltaban pocos días para la cena de Nochebuena e Irene ya les había cotorreado a sus hermanas lo que había descubierto en casa de Juan aquella noche. Continuaba muy enfadada. ¿Como podía su hermano ser tan insensible?
Almudena y Eva no daban crédito a que su hermano hubiera metido a otra mujer en casa teniendo a Noelia como invitada. No se lo podían creer. Pero era tal la vehemencia con la que Irene lo afirmaba, que no tuvieron más remedio que creerla. Intentaron hablar del tema con Juan, pero este tras escuchar con paciencia la sarta de quejas y reproches de sus hermanas, lo único que pudo decir fue que se preocupasen por sus vidas y que se olvidaran de la suya.
Tomi regresó. Su viaje a Barcelona para estar con Peterman había sido un acierto y volvió pletórico y feliz. Durante todos aquellos días Juan no volvió a mencionar la palabra «problema». Si algo no quería Noelia era ser una molestia. Solo quería disfrutar aquellos días con él y atesorarlos para siempre.
Una mañana, tras una maravillosa noche de pasión, Noelia obligó a Juan a llevarles de compras en su día libre. Él al principio se resistió. Las compras no eran algo que le apasionara, pero al final cedió ante la insistencia de ella y el loco de su primo.
Ataviados con ropa de sport el joven policía les llevó hasta centro de Madrid. Ellos querían ir de shopping y él les llevó hasta la calle Serrano y alrededores. Sabía que aquellas calles y, en especial sus tiendas, les gustarían. Como era de esperar Tomi, al ver aquel jubileo de gente y glamour aplaudió emocionado.
—Oh, si… si… si. ¡Esto es vida! I love shopping. Quiero husmear un ratito a mi manera. Así vosotros podéis estar a solas, que una cosa es sujetar la vela y otra el velón.
Juan divertido como siempre cuando Tomi hablaba, murmuró:
—Tomi, a mí no me molestas y…
—Lo sé, rey… eres divine. Pero I need mis ratitos de soledad y de compreteo.
—Tomi, necesito que vengas conmigo —aclaró la joven—. Si pago yo con mi tarjeta todo el mundo sabrá quién soy, ¿no lo entiendes?
—Por el amor de Dior ¡es verdad! —murmuró al darse cuenta de ello—. Menos mal que eres una cabeza pensante además de una actriz divina.
—Puedo pagar yo —se ofreció Juan,
Al escuchar aquello ella sonrió y le plantó un beso.
—Lo sé. Pero prefiero pagar yo. Son mis regalos y el gasto también es mío.
Tomi al entender que ella se iba a gastar una barbaridad, asintió y dijo cogiendo a Juan con comicidad del brazo:
—Okay, quien. Vayamos de compras y enseñemos a este divine lo que es comprar con glamour. Eso sí, una vez terminemos con tus compras, necesito que me dejes un par de horitas para las mías ¿de acuerdo?
Durante más de cuatro horas Tomi y Noelia volvieron medio loco a Juan. Entraban en las tiendas más caras y se gastaban ante él ingentes cantidades de dinero que lo dejaban boquiabierto. ¿Cómo podían gastar así con la crisis que había? En un par de ocasiones intentó protestar, pero fue inútil, no le hicieron ni caso. Acabadas las compras y con multitud de bolsas en las manos Tomi preguntó:
—Bueno ¿puedo comenzar mi shopping?
—Pero ¿vas a comprar más? —preguntó Juan agotado.
—Oh, my love, pero si esto no ha hecho más que comenzar —respondió aquel haciendo reír a su prima. Tras escuchar cómo Juan resoplaba, Noelia salió a su rescate, muerta de risa.
—Venga, ve. Nosotros tomaremos algo en esta cafetería mientras tú fundes tu Visa gold. Nos vemos aquí dentro de una hora. ¿Te parece?
—Mejor dos. Las prisas me vuelven crazy. Ciao bellos.
Un par de segundos después, Tomi se alejó dispuesto a disfrutar de las tiendas. Desde su posición, Juan le observó marcharse y al ver que volvía a entrar en una de las tiendas donde ya habían estado no pudo dejar de preguntar:
—¿Pero todavía le queda algo que comprar en esa tienda?
—¿En Loewe? Uf… solo te diré que es una de nuestras tiendas favoritas. —Noelia le besó y le cogió del brazo para ir a tomar algo.
Corno una pareja más de enamorados, se encaminaron a una bonita cafetería. Una vez allí soltaron las bolsas y de pronto un camarero cayó a los pies de Juan con una bandeja llena de cafés. El ruido fue atronador y todo el mundo les miró. Rápidamente Juan se agachó a ayudar al muchacho que avergonzado por lo ocurrido no paraba de disculparse.
—Discúlpenme señores. Lo siento… lo siento ¿les he manchado?
Noelia negó con la cabeza y Juan miró sus vaqueros. Algunas gotas de café habían caído encima, pero sin darle ninguna importancia, leyó el nombre del camarero en la chapa que llevaba en la solapa y se dirigió a éclass="underline"
—No te preocupes por eso, Wilson. ¿Tú estás bien?
El muchacho asustado por lo que su jefe pudiera decir por aquello asintió. Noelia observaba como Juan ayudaba a aquel pobre muchacho a recoger aquel estropicio, cuando un señor mayor se les acercó:
—Disculpen. Soy Damián Ruárez, dueño de la cafetería. Pidan lo que quieran que están invitados. —Y clavando la mirada en el chaval continuó—: Wilson, recoge todo rápidamente y pídele disculpas al señor.
Al escuchar aquel tono de superioridad, Juan intervino:
—Muchas gracias señor Ruárez por su invitación pero no hace falla. En cuanto a Wilson, un error lo comete cualquiera. ya me ha pedido disculpas y no hace falta que le hable así.
Sin despegar los labios, Noelia fue testigo de la situación y pocos minutos después tanto el muchacho como su jefe se marcharon y les dejaron a solas,
—Me pone enfermo ver cómo la gente utiliza su poder para humillar al más débil. No lo soporto —protestó Juan. Pero al ver el gesto de ella sonrió y dijo—: Venga, tomemos algo.
Se sentaron en una de las mesas, otro camarero se les acercó y pidieron un par de cafés.
—Por cierto, mis hermanas están deseando que yo desaparezca de casa para pillarte a solas y cotillear. Así que te aviso. Ten cuidado con ellas, y más tras lo que ocurrió la otra noche con Irene. Que por cierto, sigue ofendidísima conmigo. Ni me habla.
—Se le pasará —sonrió al recordar como Irene se había defendido.
—Lo sé —asintió él—. Pero no me gusta que saquen conclusiones erróneas, y este caso no puedo subsanar el error o te descubrirían.
—Bah… no te preocupes, son encantadoras.
—Vaya, creo que han conseguido engañarte —rio al recordar lo que sus hermanas le dijeron—. Dales tiempo y terminarás huyendo de ellas. Solo recuerda lo que ocurrió el otro día con los policías y las vecinas.
Al recordar aquello Noelia sonrió.
—¿Pero qué ocurre realmente con tus vecinos? ¿Por qué esa enemistad?
—Todo comenzó hará unos noventa años —contó él—. El padre del abuelo Goyo compró las tierras que tenemos y quiso hacerse con unas hectáreas más. Pero el dinero no le llegó y no pudo ser. La finca que está junto a la nuestra es fantástica. Tiene bastantes hectáreas y yo particularmente a veces me doy el lujo de soñar que algún día si me toca la lotería levantaré mi hogar allí —ambos sonrieron y él prosiguió—. Por esas tierras corre un pequeño arroyo que nos vendría muy bien para regar los campos que tenemos pero el dueño pide un precio desorbitado que no estoy dispuesto a pagar. Durante años, tanto mi familia como la familia de las Chuminas…