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—¿Qué hacemos con Tomi? ¿Vas a decírselo?

—No. Está durmiendo ya.

—Estoy seguro que él estaría encantado de salir con vosotras —insistió de nuevo.

Noelia, molesta porque no le pidiera que se quedara con él, le miró, y con una fantástica sonrisa de lo más estudiada dijo tras pensar en su primo:

—Sé que le encantaría una reunión de mujeres. Peeeeroooooooo… cuando le duele la cabeza es mejor que duerma. Además, se ha tomado dos pastillitas para dormir y cuando lo hace, cae como un tronco en la cama.

Inquieto por lo que sus hermanas podían tener tramado pero sin querer manifestarlo, se sentó en la cama mientras recorría lentamente aquel cuerpo con la mirada. Ella se ha había puesto unos vaqueros, una camiseta azul ajustada y sus botas altas. Estaba guapísima. Pero ¿cuándo no estaba preciosa?, se preguntó mientras intentaba contener las ganas de desnudarla.

—Yo saldré a tomar una copa con Carlos y los chicos.

—¡Perfecto! —asintió ella con vivacidad.

Una vez se pintó los labios y comprobó que su peluca estaba perfecta y en su sitio, se volvió hacia él que la miraba con gesto indescifrable y tras darle un rápido beso en los labios murmuró sin querer pensar en nada más:

—Pásalo bien con tus amigos. Hasta luego.

Dicho esto se dio la vuelta y desapareció. Boquiabierto miró la puerta que se cerró tras ella ¿se había ido? Sorprendido por lo enfurecido que estaba porque se hubiera marchado se levantó y se asomó a la ventana. Desde allí vio al grupo de locas montarse todas en el todo terreno de Irene y ponerse en marcha. Durante unos segundos se quedo mirando las luces del coche que se alejaban. Aquel silencio de pronto se le torno incómodo. Le apetecía escuchar el bullicio de la risa de Noelia y eso le incomodó. ¿Que le estaba ocurriendo? ¿Desde cuándo la presencia de una mujer a su lado le había sido tan necesaria? Finalmente sacó su móvil y llamó a Carlos.

—A ver, churri ¿Dónde habéis quedado?

47

Las chicas cenaron en un restaurante italiano entre risas y alboroto. Almudena contó por decimoctava vez lo ocurrido el día del parto y todas se morían de risa con aquel relato. Cuando terminaron la cena decidieron ir a tomar unas copas al bar de Quique, un amigo de Menchu.

—¡La madre del cordero! —rio Eva—. Almu, ¿ese de allí no es el municipal que fue el otro día a casa?

Tolas las mujeres se volvieron para mirar. Almu, tras hacerle un escáner y ver que este las miraba asintió.

—Correcto, hermanita. Allí tenemos al supuesto boy que resultó que no lo era.

—Ay Virgencita qué vergüenza ¡qué vergüenza! — murmuró Irene al ver como se acercaba hasta ellas.

—¿Vergüenza por qué? —preguntó Eva haciendo sonreír a Noelia—. Un tonto error lo tiene cualquiera.

—Pues claro que sí —asintió Menchu divertida.

Segundos después aquel alto y atractivo hombre llegó hasta ellas y tras clavar su mirada en Almudena dijo:

—Qué grata sorpresa.

—Además que sí —asintió Eva encantada.

Los siguientes instantes Irene los dedicó a disculparse mientras las demás, a excepción de Eva que sacó toda su artillería sexual, miraban hacia otro lado. Pero pasados diez minutos Eva claudicó cuando el hombre se marchó y asumió que solo tenia ojos para Almudena.

—Has ligado —susurró Noelia divertida.

—¡¿Yo?!

—Si, tu —asintió Eva—. Ese poli note ha quitado la vista de encima. ¿No le has dado cuenta?

Sorprendida. Almudena miro hacia el poli y comprobó que aquel aun la miraba.

—Pero ¿cómo voy a ligar yo con la pinta que tengo? Joder… pero si no tengo cintura y debo de oler a leche agria.

—Será por las tetorras que tienes —se mofó Menchu.

—Pues si es por eso lo lleva claro —se mofó Almudena— Menuda decepción se llevará el hombre cuando vea que las pierdo según pasan los días.

—Mujer… ¿y qué? —insistió Noelia—. Aprovecha el momento y pásalo bien.

—Tú sí que tienes que aprovechar el momento, cielo —propuso Irene, y tras mirar a sus hermanas preguntó—. ¿Has visto algún guaperas que te guste?

Sorprendida por aquella pregunta pero intuyendo el porqué, la miró y dijo:

—Pues no. La verdad es que no.

—Vamos a ver Noe mira y observa, porque yo estoy viendo mucho material de primera —se mofó Eva.

—¿Qué te parece el amigo del poli? El que lleva el polo naranja —insistió Irene.

Noelia volvió la cabeza para mirarle y al ver que le sonreía, le devolvió la sonrisa y se encogió de hombros para deleite de todas.

—Como diría alguien que conozco ¡es divinel

Las tres hermanas aplaudieron. Laura las miró alucinada. No entendía por qué las hermanas de Juan la animaban a ligar con otro. Aquello no estaba bien. Fue a decir algo cuando Almudena se le adelantó.

—Vale, el divino de naranja para ti y el poli alto para mí.

—Vamos a ver, alma de cántaro —intervino de nuevo Irene—. Te recuerdo que has tenido un bebé hace menos de quince días y en lo que menos tienes que pensar ahora es en lo que estás pensado. ¿Te has vuelto loca?

Todas rieron ante la reacción de aquella.

—Tranquila, Irene. Tengo muy claro lo que puedo o no puedo hacer ahora. Pero oye… que te miren con deseo cuando estás como el muñeco reventón de Michelin, a una le sube la moral —dijo Almudena, finalmente.

Dos horas después, el poli ya le había entrado a Almudena y habían conseguido que Noelia hablara animadamente con el del polo naranja. Decidieron cambiar de local y, como era de esperar, los hombres decidieron acompañarlas.

Ya en el Loop Irene, que todo lo controlaba, se fijó en que su hermano y sus amigos estaban al fondo del local, pero no dijo nada. Quería que Juan viera a Noelia divertirse con el del polo naranja para que probara de su propia medicina y así ocurrió. En una de las ocasiones en que Juan regresaba del baño, las vio y se quedó sin palabras al ver a Noelia bailar y reír con aquel individuo. ¿Quién era ese tío?

Regresó hasta donde estaban sus amigos pero ya no pudo disfrutar más con ellos. Estaba incómodo. Saber que Noelia estaba cerca y no precisamente con él, comenzó a martirizarle, aunque trató de aguantar el tirón. En especial cuando cruzó una mirada con su hermana Irene y vio su sonrisita perversa.

Cuando llevaban en el pub cerca de una hora y todos lo estaban pasando bien, Menchu que se había dado una vuelta por el local, regresó con el resto del grupo e informó:

—Pero si hay más guaperas al fondo.

Con curiosidad todas miraron hacia donde Menchu señalaba y Laura susurró:

—Pero si allí están mi churri y sus compañeros.

—Uooo… los dicharachos— se mofó Eva.

—No les llames así que no les gusta —protestó Almudena muerta de risa.

Al fondo del local un grupo de hombres jugaba ruidosamente a los dardos. En cuanto aparecían aquel grupo de enormes y musculados hombres, las chicas perdían los papeles. Algo a lo que ellos ya estaban acostumbrados y de lo que solían sacar el mayor partido. Rápidamente Noelia localizó a juan y sonrió, aunque la sonrisa se le heló al ver a varias jovencitas pasarlo bien con ellos.

—Joder, pero si está el bombonazo de Damián —aplaudió Eva al ver al objeto de su deseo.

Irene que sabia lo mucho que le gustaba a su hermana aquel hombre, la agarro del brazo y le susurro ni oído.

—Eva María. Haz el favor de comportarte como una señorita.

—No lo dudes —pero dos segundos después, al ver cómo una de aquellas jóvenes se acercaba más de la cuenta a su Damián rectificó—. Bueno… mejor comienza a dudarlo.