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Con varias cervezas sobre la mesa Juan, junto a Carlos y algunos hombres más, reían mientras las muchachas revoloteaban a su alrededor intentando llamar su atención.

—No me jodas, macho —rio Lucas—, Que tengo que ir a pasar la ITV antes de un mes.

—Pues lo siento, pero mi prima ha dicho que no piensa ponértelo fácil —rio Damián—. Tú sabrás qué has hecho, pero que sepas que la tienes muy cabreada.

—Joder con tu prima —se mofó.

—Eso te pasa por mamonazo y por jugar con fuego —se burló Carlos.

Juan, divertido por lo que escuchaba, sintió que una de aquellas jóvenes, la del top azul, se sentaba en el brazo del sillón donde estaba sentado. La miró pero no dijo nada. Estaba claro que ella quería algo que en otras ocasiones habría estado dispuesto a darle, pero que aquella noche no se iba a dar el caso. ¿O sí?

—Pero qué pequeño es el mundo, por Dios. Siempre tenemos que acabar en los mismos bares —dijo Eva de pronto acercándose a ellos.

Damián al escuchar la voz de esta se volvió y tras pasear su mirada por ella sonrió y dijo:

—… la hermanita de Morán. ¿Tú por aquí?

—¿Algo que objetar, cucaracho?— respondió aquella.

Damián resopló con resignación, agarró su cerveza y a la pelirroja que hablaba con él y se alejó. Después de lo que había pasado entre Eva y él una noche loca meses atrás, estaba claro que no podían verse sin discutir. Aquella descarada y él nunca iban a poder llevarse bien a pesar de lo mucho que se atraían.

—Será capullo el tío —se quejo Eva ron media sonrisa al ver que se alejaba con la pelirroja.

Al escuchar el comentario de su hermana, Juan miró hacia la derecha y por fin conectó con la gélida mirada de Noelia. Sin levantarse del sillón la observó acercarse pero no llegó hasta él, Lucas la interceptó en el camino.

—Hola preciosa, ¿qué tal?

—Bien… ¿Y tú? —respondió con una maravillosa sonrisa mientras en su interior deseaba levantar a la mujer que estaba sentada tan cerca de Juan.

Lucas, sin necesidad de mirar, sabía que Juan les observaba y aunque intuía que no tenía nada que hacer con ella, decidió vengarse de lo ocurrido días atrás. Y, apoyando su mano sobre la cintura de Noelia, preguntó en tono cautivador:

—¿Bailas? Todavía recuerdo lo mucho que te gusta bailar.

Noelia quiso decirle que no, pero al ver que Juan continuaba su animada charla con aquella muchacha, que ahora le estaba tocando el cuello con las yemas de los dedos dijo:

—¿Por qué no?

Lucas cruzó una mirada con Carlos quien le pidió prudencia y este sonrió. Si algo detestaba Lucas era la prudencia. Cogió a Noelia de la mano y se encaminó hacia la pista de baile. Una vez allí la agarró de la cintura y comenzó a bailar con ella al compás de la música.

Carlos al ver aquello a miró en dirección a su amigo y, al acercarse, pudo ver las arrugas que se le formaban en la frente y como se le tensaba la mandíbula por momentos.

—Cambia esa cara, nenaza. Lucas solo lo está haciendo para tocarte los cojones ¿no lo ves?

Juan les miró con gesto hosco. Conocía perfectamente a Lucas. Pero el que tuviera a Noelia entre sus brazos le molestaba igualmente. Le fastidió tanto que tras controlar al del polo naranja al fondo del local, preguntó enarcando la ceja: ¿Estás seguro?

Carlos sonrió.

—Conozco a ese mamonazo y solo quiere jugar.

Ambos rieron aunque a Juan no se le pasó por alto la sonrisa de Noelia. ¿Que hacia sonriendo así al guaperas de Lucas? Después cruzó una mirada con su hermana Irene y al ver la guasa en sus ojos y cómo disfrutaba de su incomodidad resopló.

Aquellos bailaron varias canciones y eso a Juan le quemó por dentro, pero incapaz de montar un numerito delante de sus hombres, esperó pacientemente. Diez minutos después, cuando dejaron de bailar, el del polo naranja se acercó a ella y la llevó de nuevo a la pista. El enfado de Juan creció y más cuando vio que ella ni le miró. Cuando por fin la canción acabó y dejaron de bailar en lugar de acercarse a él, Noelia regresó junto al grupo con el que había comenzado la noche. Juan, desde la distancia, observaba sus movimientos junto a su amigo Carlos.

—¿Sabes Morán? Cuando me la lleve a mi cama esta noche, te aseguro que escucharás sus dulces gemidos de placer desde tu casa. Ah… y por el idiota del polo naranja no te preocupes, si alguien disfrutará de ella esta noche, seré yo —dijo Lucas, acercándose a ellos.

Carlos, sorprendido por aquel comentario, respondió:

—Lucas… ¿Por qué tienes que ser tan capullo?

La carcajada de Juan no le dejó escuchar su contestación.

—Mira Lucas, si vuelves a ponerle la mano encima o a divagar delante de mí sobre algo que nunca, nunca, sucederá, el que va a escuchar tus gemidos de angustia por la paliza que te voy a dar, seré yo. Por lo tanto, aleja tus calientes pensamientos de ella si no quieres problemas conmigo.

Lucas, divertido por la contestación, y por lo que aquella manifestación de posesión daba a entender, soltó una risotada.

—¿Son celos lo que intuyo?

—No —respondió Juan.

Carlos miró hacia el otro lado. Estaba claro que su amigo se negaba a aceptar algo que cada día era más palpable. Lucas, asombrado, le dio un golpe en el hombro a Juan.

—No me jodas Morán que te has pillado por la morena —le espetó.

—No.

—¿Seguro capullin?

—Seguro —zanjó Juan.

Tras cruzar una mirada con Carlos, Lucas soltó una risotada.

—Me alegra saberlo, Morán. Ya sabes que soy de los que piensa que para qué vas a tener solo una, cuando se pueden tener varias. Y nosotros podemos tener la que queramos.

Aquella machada tan de hombres hizo saltar a Carlos.

—Eso lo dices porque todavía no ha llegado la que te robe el corazón, y sientas que solo quieres estar con ella y…

—No sigas churri… eso nunca pasará —corrigió Lucas alejándose entre carcajadas.

Aún entre risas, Carlos cogió dos de las cervezas que llevaba el camarero en una bandeja y le ofreció una a Juan.

—A mí no me engañas. Te gusta Noelia y…

—No pretendo engañarte y se acabó hablar del tema —gruñó este.

Carlos dio un trago a su bebida y loa dejó sobre la mesa.

—Bebe y deja de mirarla, la vas a desgastar.

Juan bebió como un autómata, pero no podía dejar de mirarla. ¿Qué le ocurría? ¿Tanto se le notaba? ¿Qué hacía ella con aquellos hombres y por qué no estaba con él? Finalmente no pudo más. Se levantó y se encaminó hacia donde estaba. La agarró con posesión por la cintura ante la mirada atónita del tipo del polo naranja y atrayéndola hacia sí la besó en el cuello, para dejar claro que ella estaba con él y con nadie más.

Sus hermanas al ver aquello sonrieron y se miraron con complicidad. Su hermano había picado y estaba probando por primera vez en su vida de su propia medicina. Aquel arranque de posesión no lo había tenido Juan en su vida y eso solo podía significar una cosa. Esa chica le gustaba y mucho.

Por su parte, Noelia, incapaz de no dejarse llevar por aquel arrebato pasional, disfrutó del contacto entre ellos hasta que le escuchó susurrarle al oído:

—¿Divirtiéndote con otros hombres canija?

—Tanto como tu con otras mujeres —respondió levantando el mentón.

Al ver que ella intentaba separarse de él, la agarró con más fuerza y volvió al ataque.

—Te he visto muy compenetrada bailando con Lucas y luego con el idiota este de naranja. ¿Debo pensar que deseas tener algo con ellos?

Boquiabierta se dio la vuelta para encarársele y tras cruzar una mirada con Lucas que sonreía con guasa desde la barra, dijo en tono nada conciliador.

—¿Debo pensar que tú buscabas algo con la chica del top azul?

Su contestación y su mohín de enfado le hizo sonreír. Aquella mirada furiosa, y como ella se estiraba para parecer más alta le puso duro en décimas de segundo, y no se lo pensó. Dejó la cerveza que llevaba en la mano sobre la mesa, rodeó a Noelia con sus fuertes brazos y tras mirar a sus desconcertadas hermanas, a los hombres que las acompañaban y a sus compañeros, gritó divertido encaminándose hacia la puerta del locaclass="underline"