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Aunque conexión también puede querer decir salir corriendo,.porque conectarse quiere decir ESTAR en sintonía con lo que está pasando. Dicho de otra manera, hay una relación entre lo que hago, lo que siento, lo que percibí y el estímulo original.

Esta respuesta (Mi respuesta) me conecta DURANTE UN TIEMPO con la situación y la modifica (aunque más no sea, en mi manera de percibir el estímulo). La conexión, en el mejor de los casos, llegado un momento se agota, se termina, pierde vigencia y entonces vuelvo a estar en reposo. Este ciclo, que como dijimos se llama ciclo de la experiencia, se reproduce en cada una de las situaciones, minuto tras minuto, instante tras instante, día tras día de nuestras vidas. También cuando este estímulo es la muerte de alguien. Lo que me pasa a mí en este caso recorre exactamente el mismo circuito: percibo la situación del afuera, me conecto con una determinada emoción, movilizo una energía, que se va a tener que transformar en acción para que establezca contacto con esa situación concreta, hasta que esa situación se agote y vuelva al reposo. De lo que vamos a hablar es acerca de cómo esta elaboración se da, no sólo frente a la muerte de alguien, sino en muchas otras pérdidas, de la enfermiza conexión que no se agota, del apego y del desapego.

Pérdidas grandes y pequeñas pérdidas: Cada pérdida, por pequeña que sea, implica la necesidad de hacer una elaboración; no sólo las grandes pérdidas generan duelos sino que, repito, TODA pérdida lo implica. Por supuesto que las grandes pérdidas generan comúnmente duelos más difíciles, pero las pequeñas también implican dolor y trabajo. Un trabajo que hay que hacer, que no sucede solo. Una tarea que casi nunca transcurre espontáneamente, conmigo como espectador.

Si bien hay cierta parte que ocurre naturalmente, la elaboración implica como mínimo cierta concientización, un darme cuenta y un hacer lo que debo. Un camino no por elegido y necesario forzosamente placentero. Como ya está dicho, un camino doloroso. "Bueno, pero no hay que ser dramático, ¿por qué tendría que estar pensando que me voy a separar de las cosas?

Podría haber y de hecho hay muchas cosas que tomo para toda la vida. A ellas puedo aferrarme tranquilo porque estarán a mi lado hasta mi último minuto, porque yo he decidido que estén conmigo para siempre" Respuesta: ¡MENTIRAS! Este es el primero de los aprendizajes del ser adultos. Me guste o no, voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano, pero inevitablemente. Y si así no fuera, si yo me muriera antes de que me dejen y no quiero aceptar que de todas maneras todo seguirá sin mí, deberé admitir que seré yo el que abandona y sería innoble que no estar alerta, para no retener, para no atrapar, para no apegar, para no encerrar, para no mentir falsas eternidades incumplibles. ¿Cuánto puedo yo disfrutar de algo si estoy cuidando que nada ni nadie me lo arrebate? Supongamos que esta estatuita en tu escritorio, ese adorno o aquel cenicero están hechos de un material cálido y hermoso al tacto, de paso, estamos tan poco acostumbrados a registrar táctilmente las cosas que el ejemplo suena impertinente, tenemos muy poca cultura en el mundo sobre la importancia del sentido del tacto, uno puede encontrar en los negocios de regalos de todo el mundo objetos para satisfacer la vista y el oído, dulces y alimentos para satisfacer el gusto, perfumes y otras cosas para satisfacer el olfato, todo se vende, pero casi no hay cosas a la venta para disfrutar con el tacto. Es una cosa particular, no hay una cultura táctil, como si las manos sólo sirvieran para sostener, agarrar, pegarle a otro o cuando mucho acariciar; pero no hay buen registro del placer de lo táctil. Vamos a imaginar que esa estatuilla es, pues, una de las pocas cosas diseñadas para ser agradables al tacto. Supongamos ahora que yo la agarro porque me parece que alguien me la quiere sacar, La aprieto muy fuerte para evitar que me la quiten. Es muy probable que yo retenga el objeto, pero dos cosas van a pasar: la primera es que se acabó el placer, no hay ninguna posibilidad de que yo disfrute táctilmente lo que defiendo (pruébenlo ahora, pongan algo fuertemente entre sus manos y aprieten. Fíjense que no pueden percibir cómo es al tacto. Lo único que pueden percibir es que están agarrando, que están tratando de evitar que esto se pierda). La segunda cosa que va a pasar cuando retengo, es el dolor (sigan aferrando el objeto con fuerza para que nadie pueda quitárselo y vean lo que sigue). Lo que sigue a aferrarse siempre es el dolor. El dolor de la mano cerrada, el dolor de una mano apretada que obtiene un único placer posible, el placer del que no ha perdido, el único placer que tiene la vanidad, el de haber vencido a quien me lo quería sacar,.el placer de "ganar". Pero ningún placer que provenga de mi relación con el objeto en sí mismo. Esto pasa en la estúpida necesidad de mantener algunos bienes inútiles. Esto pasa con cualquier idea retenida como baluarte. Esto pasa con la posesividad en cualquier relación, aún en aquellos vínculos más amorosos (padres e hijos, parejas). Lo que hace que mis vínculos, sobre todo los más amorosos, sean espacios disfrutables, es poder abrir la mano, es aprender a no vincularnos desde el lugar odioso de atrapar, controlar o retener sino de la situación del verdadero encuentro con el otro, que como ya debo haber aprendido en el Camino del Encuentro, sólo puede ser disfrutado en libertad. Mucha gente cree que no aferrar significa no estar comprometido Un concepto que yo no comparto pero entiendo. La distorsión se deduce de pensar que como sólo me aferro a quienes son importantes para mí, entonces mi aferrarme es símbolo de mi interés y por lo tanto (¿?)… mi no aferrarme queda sindicado como la falta de compromiso del desamor (??). Esto es lo mismo que deducir que como los muertos no toman Coca- Cola, si tomas Coca-Cola te volverás inmortal. Tiene el mismo fundamento pensar que si tu pareja no te cela quiere decir que no te quiere. Que es la misma idea de aquellos que creen que si uno no se enoja no se pone en movimiento. Que es lo mismo que creer que si no te obliga la situación nunca haces nada. Que es la misma idea de que si los abogados no tuvieran un día límite para entregar sus escritos nunca los entregarían (…bueno, eso es cierto). Que es lo mismo que justificar el absurdo argumento de las guerras que se hacen para garantizar la paz. En la otra punta están los que creen lo mismo pero proponen lo contrario: Evitar el sufrimiento del duelo no comprometiéndose con nada ni con nadie.

Continuará…

Creo que es una posibilidad. Una manera de vivir en el mundo, una pauta cultural, enseñada, aprendida y muchas veces ensayada, pero de ninguna manera una posibilidad elegible. Si uno quiere un seguro contra el sufrimiento, no amar podría ser la prima a pagar. No enredarse afectivamente con nada ni con nadie. Posiblemente no consigas no sufrir pero sufrirás mucho menos; lo que seguramente perderás en el trato es la posibilidad de disfrutar. Porque no hay forma de disfrutar si estoy escapando obsesivamente del sufrimiento. Y la manera de no padecer "de más" no es no amar sino que es no quedarse pegado a lo que no está. La manera es disfrutar de esto y hacer lo posible para que sea maravilloso, mientras dure. Quiero decir, vivo comprometidamente cada momento de mi vida, pero no vivo mañana pensando en este día de ayer que fue tan

maravilloso. Porque mañana debo comprometerme con lo que mañana esté pasando para poder hacer de aquello también una maravilla. MI idea del compromiso es la del anclaje a lo que está pasando a cada momento y no a lo que vendrá después. Y creo que quedarse pegado a las cosas es vivir cultivando el pasado, cultivando lo que ya no es. Es ocuparme de los tomates que ya no están,, descuidando la lechuga que necesita de mí ahora.