Lo que Decker estaba a punto de escuchar iba a superar todas sus expectativas. Christopher no contestó de inmediato, sino que permaneció un rato en silencio, como si tomase algo muy seriamente en consideración. Decker pensó al principio que sólo buscaba una respuesta a su pregunta, pero por la expresión del chico se dio cuenta de que era algo totalmente diferente. ¿Acaso había adivinado la razón que se ocultaba tras su pregunta?
– Señor Hawthorne -empezó Christopher. Nunca hasta entonces le había visto Decker tan serio-. Hace tiempo que quiero hablar con usted sobre una cosa, pero el momento nunca parece el idóneo.
Christopher respiró hondo mientras Decker esperaba ansioso y sorprendido.
– Sé quién soy -dijo-. Sé que me clonaron a partir de las células que el tío Harry encontró en la Sábana de Turín.
– ¿Qué dices? ¿Cómo lo sabes? -consiguió farfullar Decker a pesar de su asombro.
– Bueno, ya de pequeño me sentía diferente a los otros niños. Pero cuando se lo comentaba a la tía Martha, ella me decía que todos los niños se sienten así de vez en cuando y que no me tenía que preocupar. La tía Martha era una mujer maravillosa; siempre conseguía hacerme sentir bien.
»Luego, cuando crecí, unos días antes de cumplir los doce, tuve una pesadilla terrorífica en la que me crucificaban, ¡literalmente! Fue tan real. No hablé de ello a la tía Martha ni al tío Harry porque pensaba que no era más que una pesadilla. Pero en los meses que siguieron tuve el mismo sueño varias veces más. Yo había oído hablar de la crucifixión, por supuesto, pero no era algo que me asustara particularmente, desde luego no para provocar una pesadilla recurrente. Aquellos sueños eran siempre terroríficos mientras sucedían, pero cuando despertaba me parecían absurdos y no tardaba en volverme a dormir.
»Entonces, hace aproximadamente un año ocurrió algo. Yo estaba con el tío Harry en su despacho; él sentado en su mesa trabajando mientras yo hacía mis deberes en su enorme y mullido sillón. Así estábamos cuando yo me quedé dormido. Volví a tener la misma pesadilla y al parecer empecé a hablar en sueños. Cuando desperté, el tío Harry estaba sentado delante de mí y me miraba con una expresión muy rara. Había recogido casi todo lo que dije en su vieja grabadora. Me preguntó qué había soñado y yo se lo conté. Cuando me puso la cinta yo no entendí nada de aquello. Era mí voz, pero lo que hablaba no era inglés.
»El tío Harry llamó a alguien del departamento de lengua de la universidad, reprodujo la cinta al teléfono y le preguntó si podía identificar aquella lengua. El hombre dijo que era arameo antiguo mezclado con algunas palabras hebreas.
»Fue entonces cuando el tío Harry me contó lo de la Sábana y todo lo demás. El profesor del departamento de lengua había dicho que al parecer yo había pronunciado un par de cosas que se parecían mucho a las palabras que se cree dijo Jesús cuando lo crucificaron.
»Aquello daba miedo pero, a decir verdad, también resultaba genial, sobre todo después de que el tío Harry me contara su teoría sobre la posibilidad de que Jesús proviniera de otro planeta. Supongo que a todos los chavales les gusta pensar que son especiales. Me hizo prometer que no se lo diría a la tía Martha ni a nadie más; tenía miedo de lo que la gente pudiera pensar o hacer si lo supiera. Sobre todo le preocupaban los cristianos conservadores, porque seguro que creen que clonar a Jesús es un pecado. Me dijo que el único que lo sabía además de nosotros era usted. Y, claro, por entonces estaba en el Líbano.
– Pero ¿cómo puedes recordar todo eso?
– El tío Harry se preguntaba lo mismo, y tenía una teoría que lo podía explicar. Decía que cada célula del cuerpo posee los patrones del cuerpo entero -no sólo información como la raza, el sexo, el color del pelo y de los ojos, o sobre si serás alto o bajo-, sino todo lo que cada célula del cuerpo necesita saber para cumplir con su función. Es así como un óvulo fertilizado se puede reproducir para formar algo tan complejo como un ser humano. La información incluso le dice a las células de un dedo en qué dedo están y cómo se supone que han de crecer para que ese dedo encaje con el resto de dedos en la mano y sea del mismo tamaño que el dedo correspondiente de la otra mano. Decía que esa información es también la que hace que sea posible la clonación.
»Pero el tío Harry creía que es posible que las células sean portadoras de más información aún. Me decía que para los científicos, aproximadamente el noventa y cinco por ciento del ADN es "ADN basura", porque es repetitivo y no se ha averiguado todavía para qué sirve. Él pensaba que a lo mejor el "ADN basura" sirve para recoger los cambios que puedan producirse en otras células, de forma que todas ellas almacenan información sobre el resto, incluidas las células del cerebro. Esto, según él, podía resolver algunos interrogantes sobre la evolución y lo que él llamaba el inconsciente colectivo de las especies, pero no me lo explicó del todo.
Decker reconoció la referencia a las teorías del protegido de Freud, Carl Jung.
– Antes de morir; el tío Harry estaba experimentando con ratones blancos para ver si un ratón clonado puede recordar el camino de salida de un laberinto del que previamente se ha enseñado a salir al ratón original. Creo que nunca llegó a completar esta fase de la investigación.
»Él achacaba mi memoria parcial al trauma celular provocado por la crucifixión, la resurrección y la clonación.
– ¿Recuerdas algo de después de la resurrección de Jesús? -preguntó Decker.
– No. El tío Harry me dijo que no podía tener recuerdos de eso porque a mí me había clonado a partir de una célula que quedó adherida a la Sábana a los pocos segundos de resucitar.
– ¿Y recuerdas algo más de tu vida como Jesús aparte de la crucifixión?
– El tío Harry intentó despertar mi memoria leyéndome extractos de la Biblia de la tía Martha. Fue interesante, pero no me ayudó a recordar; aunque sí había algo en la Biblia que no era del todo correcto.
Aquello intrigó a Decker.
– ¿El qué? ¿Qué estaba equivocado?
– Bueno, la Biblia da a entender que Jesús sabía en todo momento que lo iban a matar; que todo estaba escrito, pero no fue así. Ya sé que todo esto suena muy raro, pero en mi sueño, antes de la crucifixión, recuerdo que yo estaba ante Pilatos y que él me hacía preguntas. En todo ese rato no dejaba de pensar que de un minuto a otro vendrían los ángeles a rescatarme. Pero algo fue mal, señor Hawthorne; ¡creo que la crucifixión nunca tenía que haber ocurrido! Pasé horas clavado a aquella cruz, con clavos que me atravesaban las muñecas y los pies, intentando comprender qué era lo que había ido mal. Por eso dije: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿para qué me desamparaste?». [33] Creo que no estaba escrito que yo muriera. ¡Creo que se suponía que Dios debía rescatarme! [34]Era evidente que se trataba de un recuerdo muy doloroso para Christopher.
– Lo siento -dijo Decker. Y apoyó la mano sobre el hombro del chico intentando reconfortarle.
En ese momento sonó el teléfono.
Decker frotó afectuoso la espalda de Christopher y fue a contestar. Era el embajador Hansen.
– Decker, no sé cómo decirte esto y que te resulte menos duro -dijo Hansen-, así que te voy a leer directamente el despacho que me envía el embajador Rogers desde Tel Aviv.
En lo que a su petición se refiere, le informo de que hacia las cinco horas del horario oficial del Este, las veinticuatro horas en Israel, se procedió a enviar un conductor al hospital Tel Hashomer para el traslado del señor Tom Donafin a la embajada británica con la intención de acelerar su partida de Israel. Se esperaba que ambos estuvieran de regreso a las dos horas. Tres horas después, es decir, hacia aproximadamente las tres en Israel, el conductor no había regresado todavía a la embajada y no pudo contactarse con él por el teléfono móvil.