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Jon Hansen y Decker Hawthorne discutían en el reservado del tren del secretario general acerca del inminente debate sobre el estado del mundo que se celebraba todos los años.

– He recibido los borradores de los informes anuales de todos los miembros del Consejo de Seguridad y los de cada una de las agencias de la Secretaría, a excepción del de la Organización para la Agricultura y la Alimentación -informó Decker a Hansen-. Aquí tiene la quinta versión de su discurso. Toda la información está actualizada salvo los datos de la FAO. -Decker entregó a Hansen un documento de ochenta y cuatro páginas, que el secretario procedió a ojear, revisando por encima el contenido.

– Como ve -continuó Decker-, ya están casi listas las secciones relativas al hambre en el mundo y a la producción agrícola, de manera que sólo tendremos que rellenar las cifras exactas una vez dispongamos del informe de la FAO. Luego daremos un poco de color al texto con algunas pinceladas personales referentes a su próximo viaje a Pakistán.

– ¿Has tocado cada uno de los ocho puntos que te detallé sobre la distribución de los recursos agrícolas? -preguntó Hansen.

– Sí, señor. Esa parte empieza en la página dieciséis.

Hansen fue pasando hojas hasta llegar a la página indicada y empezó a leer. Aunque no es posible legislar contra el hambre, Hansen creía que era deber de Naciones Unidas hacer todo lo que estuviera en su mano para minimizar el sufrimiento mediante el envío masivo de alimentos a los países afectados. Pero alguien tenía que pagar esos alimentos y ése era el problema que Hansen pretendía abordar con sus ocho puntos sobre la distribución de los recursos agrícolas.

– Sí, me parece bien -dijo Hansen después de leer por encima el texto-. ¿Viajarás a Roma desde Francfort? -le preguntó a Decker.

– Sí. Jack Redmond y yo hemos quedado en reunimos con Christopher en la sede de la FAO en Roma para definir del todo la previsión y recomendación definitiva de cuotas agrícolas de cada región para su distribución a los países pobres. Nos reuniremos con usted el miércoles en Pakistán.

– Muy bien. La aportación de Jack es esencial -dijo Hansen refiriéndose a su asesor político-. Dentro de un mes presentaré la medida ante la Asamblea General y necesitamos adoptar una postura firme y aceptable en lo que a la distribución de cuotas se refiere. -Decker asintió conforme-. Nos va a costar implementar este proyecto -dijo Hansen-. Los que tienen en abundancia no están dispuestos a dar nada. El problema con el Nuevo Orden Mundial es que quien lo forma es el viejo pueblo de siempre -dijo Hansen repitiendo una de sus frases preferidas-. Nos vendría muy bien si tú, Jack y Christopher podéis endulzar un poco el proyecto.

– Creo que Jack y Christopher tienen unas cuantas ideas que podrían ser de ayuda -dijo Decker. Siempre intentaba velar al máximo sus comentarios sobre Christopher. El orgullo que sentía era más que evidente, pero nadie podía poner en duda que el rápido ascenso de Christopher dentro del seno de la Secretaría de la ONU era más que merecido. Los logros que había cosechado los últimos tres años como director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con sede en Roma, le habían convertido en el aparente sucesor de Louis Colleta, el director ejecutivo del Consejo Económico y Social (ECOSOC) en Nueva York, quien había anunciado que se retiraría en primavera. No era de extrañar que hubiese sido el propio Christopher, como director general de la FAO, el encargado de desarrollar buena parte del proyecto de ocho puntos de Hansen.

Hasta la reorganización del Consejo de Seguridad, el ECOSOC había sido la agencia desde la que se habían coordinado más de la mitad de las docenas de organismos de la ONU, entre ellas la FAO. Tras la reestructuración, todos los organismos de Naciones Unidas habían sido reagrupados de forma más o menos lógica y pasado a depender de una de las diez agencias que ahora presidía cada uno de los miembros temporales del Consejo de Seguridad.

El ECOSOC había dejado de tener a su cargo el elevado número de organismos que tuviera cuando era uno de los cinco órganos principales de Naciones Unidas, pero seguía siendo una agencia de gran relevancia. Y aunque cada miembro temporal del Consejo de Seguridad fuera el presidente y la cabeza visible de una de las diez agencias, las actuaciones eran responsabilidad directa del director ejecutivo de la agencia, un cargo que solía ocupar un funcionario especializado.

Ascender al puesto de director ejecutivo del ECOSOC no sólo significaba acceder a un ámbito de mayor responsabilidad, también ofrecía a Christopher otra ventaja en comparación con su puesto actual como director general de la FAO. El nuevo cargo le colocaría física y políticamente más cerca de las riendas del poder.

– Calculo que podré informarle sobre nuestras recomendaciones en el vuelo de regreso de Pakistán -dijo Decker.

– No, necesito que te quedes en Pakistán con Christopher cuando yo regrese a Nueva York. Tendrá que ser Jack quien me ponga al día en el avión -dijo Hansen.

Aquello no era lo que Decker tenía pensado; Jack Redmond era un buen asesor, pero hubiese querido ser él quien informara al secretario.

– Sí, señor -contestó resignado.

– Bien, bien -dijo Hansen prestando de nuevo atención al borrador-. ¿Qué me dices del embajador Faure? -preguntó sin apartar la vista del documento.

– No creo que podamos contar con su apoyo para el plan de distribución agrícola, si es a lo que se refiere.

– Ese hombre acabará sacándome de mis casillas -comentó Hansen secamente mientras daba un trago a su copa de cerveza alemana-. Haga lo que haga, él siempre está ahí para llevarme la contraria.

Decker conocía sobradamente los sentimientos que el embajador francés inspiraba en Hansen. Albert Faure era su espina clavada y la situación iba a peor. Aproximadamente un año antes, Faure había conseguido ser elegido miembro temporal de Europa en el Consejo de Seguridad, un cargo que apenas daba poder en el seno del Consejo. [39] El único poder real de los miembros temporales, y rara vez se recurría a él, era su derecho a dirigirse en cualquier momento al Consejo de Seguridad en nombre de la agencia a la que representaban, si las circunstancias así lo justificaban, incluso aunque ello significara interrumpir otros procedimientos. La agencia de Faure era la Organización Mundial de la Paz. [40] En el pasado había sido un cargo de prestigio y gran influencia, pero después de cinco años de paz mundial parecía haber dejado de ser suficiente para un hombre de la ambición de Faure. Para desgracia de Hansen, la situación proporcionaba a Faure tiempo libre suficiente para perseguir otros objetivos, entre ellos poner a otros miembros en contra de Hansen. Hasta el momento, Faure no había logrado reunir un grupo fuerte de oposición a Hansen en el Consejo de Seguridad ni en la Asamblea General, pero podía convertirse en una seria amenaza si conseguía que las naciones agropecuarias formaran una coalición contraria a las medidas de distribución agrícola.

– Tiene que haber otra manera de hacer frente a este individuo en lugar de ignorar sus tejemanejes, como hemos venido haciendo hasta ahora -dijo Hansen.

– Se puede intentar convencer al presidente francés para que lo reemplace por alguien más afín. Es una táctica que ya funcionó hace unos años con el embajador de México -sugirió Decker.

– Sí, y con el embajador de Mali -añadió Hansen.

– ¿ Ah, sí? No sabía que hubiésemos tenido algo que ver con aquello.

– Bueno, en esa ocasión le encargué a Jack Redmond que se ocupara del asunto por mí.

Decker tomó nota de aquello por lo que pudiera valerle en el futuro.

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[39] La nueva estructura no permitía a los miembros temporales introducir, secundar o votar mociones en el Consejo de Seguridad. Dichos privilegios estaban reservados a los diez miembros permanentes (uno por cada una de las diez áreas regionales mundiales).

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[40] La Organización Mundial de la Paz se creó en el seno de la nueva estructura de Naciones Unidas a fin de consolidar la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano, el grupo de Observadores Militares de las Naciones Unidas en India y Pakistán y el resto de fuerzas de paz terrestres, aéreas y navales de Naciones Unidas.