—Diagramma della verità —dijo—. El Diagrama de la verdad.
—Nunca había oído hablar de él.
—No me sorprende. El Diagramma fue la obra más secreta de Galileo. Supuestamente consiste en un tratado sobre hechos científicos que no le permitieron compartir. Al igual que algunos otros manuscritos anteriores suyos, un amigo lo sacó a escondidas de Roma y fue publicado en secreto en Holanda. El folleto se hizo muy popular entre la comunidad científica clandestina de Europa. Más adelante, el Vaticano descubrió su existencia y promovió una campaña de quema de ejemplares.
Vittoria estaba intrigada.
—¿Y crees que ese Diagramma contiene la pista? El segno. La información acerca del Sendero de la Iluminación.
—Gracias al Diagramma, las ideas de Galileo se extendieron. De eso estoy seguro. —Langdon entró en la tercera hilera de cámaras y siguió examinando las etiquetas indicadoras—. Los archiveros llevan años buscando un ejemplar. Pero entre las quemas de volúmenes vaticanas y la baja ratio de permanencia del folleto, el Diagramma parece haber desaparecido de la faz de la Tierra.
—¿Ratio de permanencia?
—Su durabilidad. Los archiveros puntúan los documentos del uno al diez según su integridad estructural. El Diagramma fue impreso en papiro de junco. Es como el papel de seda. Su promedio de vida no alcanza los cien años.
—¿Por qué no utilizaron algo más resistente?
—Se hizo a petición de Galileo. Para proteger a sus seguidores. De este modo, todo científico al que atraparan con un ejemplar podía tirarlo al agua y el folleto se disolvería. Algo genial para destruir pruebas, pero terrible para los archiveros. Se cree que sólo un ejemplar del Diagramma sobrevivió más allá del siglo XVIII.
—¿Uno? —Vittoria, momentáneamente anonadada, miró alrededor de la sala—. ¿Y está aquí?
—Confiscado por el Vaticano en los Países Bajos poco después de la muerte de Galileo. Llevo años solicitando que me dejen verlo, desde que averigüé que estaba aquí.
Como si hubiera leído la mente de Langdon, ella caminó hasta el otro lado del pasillo y empezó a examinar la cámara contigua, doblando así el ritmo de la búsqueda.
—Gracias —dijo él—. Busca etiquetas relacionadas con cualquier cosa que tenga que ver con Galileo, ciencia, científicos... Lo sabrás en cuanto lo veas.
—Muy bien, pero todavía no me has dicho qué te ha llevado a pensar que el Diagramma contiene la pista. ¿Tiene algo que ver con ese número que no dejaba de aparecer en las cartas illuminati? ¿El 503?
Langdon sonrió.
—Sí. Me ha llevado tiempo, pero finalmente me he dado cuenta de que 503 no es más que un simple código. Y señala claramente el contenido del Diagramma.
Por un instante, Langdon revivió el momento en que había experimentado la inesperada revelación. Un 16 de agosto. Hacía dos años. Se encontraba a orillas de un lago, en la boda del hijo de un colega. De repente empezó a sonar música de gaitas y la comitiva nupcial hizo su excepcional entrada, surcando el lago en una barcaza. La embarcación estaba decorada con flores y coronas. En el casco había pintado un numeral romano: DCII.
Extrañado, Langdon le preguntó al padre de la novia:
—¿Y ese 602?
—¿602?
Él señaló la barcaza.
—DCII es el numeral romano para 602.
El hombre se rio.
—No se trata de ningún numeral romano. Es el nombre de la barcaza.
—¿DCII?
El hombre asintió.
—Dick y Connie II.
Langdon se sintió avergonzado: Dick y Connie eran la pareja de novios. Obviamente le habían puesto ese nombre a la barcaza en su honor.
—¿Qué pasó con la DCI?
El hombre soltó un gruñido.
—Se hundió ayer durante el ensayo del banquete.
Langdon rio.
—Lamento oír eso.
Observó de nuevo la barcaza. «DCII —pensó—. Como si de un QEII[4] en miniatura se tratara.» Y un instante después, cayó en la cuenta.
Ahora, Langdon se volvió hacia Vittoria.
—Como he dicho antes, 503 es un código. Un truco de los illuminati para ocultar lo que en realidad era un numeral romano. El número 503 en numerales romanos es...
—DIII.
Él levantó la mirada.
—Qué rapidez. No me digas que eres una illuminata.
Ella se rio.
—Uso numerales romanos para codificar estratos pelágicos.
«Por supuesto —pensó él—. ¿Acaso no lo hacemos todos?»
Vittoria se lo quedó mirando.
—Y ¿qué significa DIII?
—DI, DII y DIII son abreviaciones muy antiguas. Las utilizaban los científicos de antaño para distinguir los tres tipos de documentos galileanos que más se solían confundir.
Ella exhaló un suspiró.
—Dialogo... Discorsi... Diagramma.
—D-uno. D-dos. D-tres. Todos científicos. Todos controvertidos. 503 es DIII. Diagramma. El tercer libro.
Vittoria se sentía confusa.
—Pero hay algo que todavía no veo claro. Si ese segno, esa pista, ese anuncio del Sendero de la Iluminación realmente se encuentra en el Diagramma de Galileo, ¿cómo es que el Vaticano no lo vio cuando confiscó todos los ejemplares?
—Quizá lo vieron pero no lo reconocieron. ¿Recuerdas los indicadores de los illuminati ocultos a plena vista? ¿La disimulación? Al parecer, el segno está escondido del mismo modo, a plena vista. Invisible para quien no estuviera buscándolo. Y también para quien no lo comprendiera.
—Y ¿eso qué quiere decir?
—Quiere decir que Galileo lo escondió bien. Según los documentos históricos, el segno fue revelado mediante lo que los illuminati llamaban lingua pura.
—¿Un lenguaje puro?
—Sí.
—¿Las matemáticas?
—Eso creo. Parece lo más obvio. Al fin y al cabo, Galileo era un científico, y escribía para científicos. Las matemáticas habrían sido una elección lógica para ocultar la pista. El folleto se titula Diagramma, así que imagino que algún diagrama matemático también debe de formar parte del código.
Vittoria se mostraba ahora algo más esperanzada.
—Bueno, supongo que Galileo podría haber creado una especie de código matemático que pasara inadvertido a los clérigos.
—No pareces muy convencida —dijo Langdon avanzando por el pasillo.
—No lo estoy. Básicamente porque tú tampoco pareces estarlo. Si estás seguro acerca del DIII, ¿cómo es que no lo publicaste? Así, alguien que sí tuviera acceso a los archivos vaticanos podría haber entrado y comprobarlo hace mucho.
—No quería publicarlo —dijo él—. He trabajado muy duro para conseguir la información y... —Se interrumpió de golpe, avergonzado.
—Querías la gloria.
Langdon notó que se sonrojaba.
—En cierto modo. Es sólo que...
—No tienes por qué avergonzarte. Estás hablando con una científica. Publicar o perecer. En el CERN lo llamamos «demostrar o asfixiarse».
—No se trataba únicamente de ser el primero. También me preocupaba que, si la información que contiene el Diagramma caía en las manos equivocadas, éste pudiera desaparecer.