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– No lo llevemos demasiado lejos, capitán, pero si Harper no lo hizo, ¿quién fue? ¿Quién cree usted que le dio el Sidewinder a los rusos?

– Si el caso está resuelto, sin duda mis teorías al respecto están fuera de lugar.

– Bien… -Benson sonrió-. Quizá. Pero debe comprender, capitán, que yo no tengo ninguna teoría acerca de ello. Y como dice el comandante Matheson, usted es el cronista, el historiador.

– De acuerdo -contestó Tannis, encogiéndose de hombros-. ¿Por qué no? Tendremos que remontarnos en el tiempo. Es de suponer que los rusos tuvieron el Sidewinder ya en el 58, pero tendrán que remontarse aún más, al 56. Veintinueve de octubre, ésa fue la fecha en que se inició la Guerra de los Seis Días…

– Quizá tenga que explicársela a nuestros colegas civiles… -le interrumpió Rawson.

– Los israelíes, los británicos y los franceses invadieron Egipto. Los israelíes destruyeron la fuerza aérea egipcia antes de que despegara, y sin cobertura aérea, su ejército fue destruido. El Canal de Suez quedó fuera de servicio.

– En realidad -adujo Nickel-, conocemos la historia. Nuestros chicos ganaron.

– Excepto por el hecho de que surgieron dificultades. Para Eisenhower. Si apoyaba a los israelíes y los británicos, se convertía en un imperialista y empujaba a Nasser y a los árabes hacia los rusos. Pero los israelíes eran nuestros chicos, todo el mundo lo sabía. Así que al final Eisenhower los detuvo. Eso supuso el fin de los británicos, esa única semana. Pero en los años inmediatamente posteriores a aquella guerra nosotros intentamos mantener una postura de equilibrio, tratando de no favorecer a ningún bando. O de parecer que no favorecíamos a uno de los bandos. Tal era el caso especialmente cuando se trataba de armas, en concreto aviones y misiles. Para los israelíes los aviones y los misiles eran vitales. Superados en número como estaban, debían tener la superioridad aérea. Eso significaba que debían tener el Sidewinder, y debían tener además un suministro seguro, un suministro que no pudiera ser suspendido por el Congreso y que no nos creara una mala imagen. La solución era evidente. En 1958, 1959 y 1960, este lugar era un hormiguero de científicos israelíes. En el comedor se servía comida kosher [16]. Y en 1961 la Autoridad Rafael para el Desarrollo Armamentístico empezó a producir una versión del Sidewinder bajo el nombre de Shafrir… ¿Comprende?, no estoy diciendo que los israelíes se lo dieran, pero sí que ocurrió durante este proceso.

Benson irguió la cabeza y lo miró pensativo.

– No se menciona nada de esto en el archivo.

– ¿Le sorprende?

– Entonces, lo que está diciendo -gruñó Rawson- es que Harper era verdaderamente apropiado. Eso significa. Incluso el hecho de que no hubiera pruebas suficientes para acusar a Harper resultaba perfecto. Con ello se conseguía que todos los demás quedaran libres de responsabilidades. -Se reclinó en su asiento, que crujió bajo su peso-. Pero permítame que le haga una pregunta. ¿Tiene alguna prueba que sugiera que la muerte de Buhler, algo que haya ocurrido desde el viernes por la noche, apoya su teoría?

– No.

Rawson asintió y miró a Benson de reojo. Eso era lo que estaban buscando desde el principio. Pero de inmediato Nickel se lanzó hacia delante.

– ¿Pero no es cierto que le gustaría que se reabriera el caso Harper?

– No especialmente. -Tannis alzó la mano-. Esto es ridículo. Lo que usted está tratando de sugerir…

– No estoy sugiriendo…

– Yo creo que sí, y no me gusta. Está insinuando que yo he usado la muerte de Buhler para reavivar el caso Harper. Pero recuerde que soy un oficial retirado de la Marina de Estados Unidos. En otro tiempo fui director de seguridad de este lugar. Y usted conduce una investigación sobre una amenaza para la seguridad de esta nación. Por lo tanto, no voy a darle a usted, ni a ningún otro federal, pruebas falsas sobre nada, cualesquiera que sean mis sentimientos personales.

Los labios de Matheson se convirtieron en una delgada y forzada línea.

– Bien dicho, Jack. Era necesario puntualizarlo.

– En cualquier caso -prosiguió Tannis-, si hay una relación, Buhler tiende a confirmar, ¿cómo debo llamarlo?, la versión estándar, que Harper lo hizo.

Tannis observó que el rostro de Nickel cobraba una expresión burlona, ansiosa. Entonces comprendió el porqué. Había planteado una estrategia, y era instructiva. La única evidencia que relacionaba la muerte de Buhler con Harper era su informe sobre la llamada telefónica, y estaban intentando afirmar que él se lo había inventado, que su interlocutor no había mencionado a Harper en absoluto o, al menos, que tenía una intención diferente al sacar a relucir su nombre. Eso significaba que, por alguna razón que se le escapaba, querían desligar por completo la muerte de Buhler de toda consideración sobre seguridad. Lo cual le parecía bien, Dios lo sabía. Había jugado como ellos habían querido, y aun así había ganado.

– No comprendo adónde quiere ir a parar -manifestó Nickel finalmente.

– Yo diría -intervino un Benson pacificador- que lo que usted quiere decir, capitán, es que Buhler procedía del Este, que quizá era del KGB, y por lo tanto, crearía un contexto desfavorable, desde el punto de vista de Harper, en el que volver a destapar aquel asunto.

– Algo parecido. Usted ha leído el expediente. La mayor prueba que existía contra Harper era su viaje a Checoslovaquia.

De hecho, Benson se había leído el expediente.

– Adujo que había ido a visitar a un amigo, Miroslav… el Impronunciable. Un viejo amigo de su padre, que había pagado su educación o algo parecido.

– El padre de Harper era un técnico -explicó Tannis, tras asentir-, un armero de la RAF Benson durante la guerra. Allí tenía su base el Reconocimiento Fotográfico británico. Miroslav Rechcigl era piloto, primero en Spitfires y luego en Mosquitoes. Acabaron conociéndose. Fue el padrino de Harper. En 1948, cuando los comunistas tomaron el poder en Checoslovaquia, volvió para intentar detenerlos. Por supuesto, no lo consiguió. Y se quedó atrapado allí. Pero tenía un montón de dinero en la cuenta corriente de un banco británico, en su mayor parte su paga acumulada desde la guerra. Se las arregló para transferir el dinero a Harper y así fue como éste llegó a Cambridge. Le estaba muy agradecido. Quería darle las gracias a Rechcigl y fue a verlo.

– Sin decírselo a nadie -afirmó Benson.

– Pero ése no era el punto principal -intervino Nickel-. Lo que no ha dicho, capitán, es que Rechcigl siguió volando después de la guerra para los británicos, quienes enviaron Mosquitoes en misiones fotográficas de espionaje sobre Rusia hasta 1950. Debemos suponer que los checos lo sabían. Debieron trabajarse a Rechcigl y a partir de ahí, el paso hasta Harper era muy corto.

– Puede pensar lo que quiera -replicó Tannis-, pero nunca hubo ninguna prueba. Justo lo contrario. La visita de Harper fue improvisada. Rechcigl no tenía la menor idea de que iba a presentarse. Y por el modo en que Harper lo contó, Rechcigl se mostró preocupado todo el tiempo, porque su visita lo señalaba como alguien que tenía conexiones con el Oeste.

Nickel zanjó la cuestión en aquel punto:

– No voy a discutir con usted, capitán. No tiene sentido. Porque no veo qué conexión podría tener todo eso con Buhler. Buhler era un germano oriental, no checo. Por lo que hemos podido averiguar, no tenía relación alguna con ningún servicio de inteligencia, ni en la época de Harper ni ahora. Déjeme establecerlo así en el acta: hasta este momento no hemos conseguido establecer ningún nexo de unión entre la muerte de Buhler y el caso Harper.

– Excepto -lo interrumpió Rawson- que usted dice que su comunicante nombró a Harper.

– Pero eso podría tener varias explicaciones -añadió Benson-. Por eso es un punto tan crucial. Y admito que me intriga la teoría del capitán, en cuanto al soplo sobre Harper, quiero decir. Podría tener sentido. El delator es un hombre de la zona. Ahora descubre que un germano oriental se aloja en un motel en Lone Pine. Llama al capitán Tannis para contárselo. Cuando le parece que quizás el capitán no le escucha, nombra a Harper para que el capitán se lo tome en serio.

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[16] Comida especialmente preparada y permitida por la religión judía. (N. de la T.)