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Encendió otro Lucky. ¿Importaba acaso? Todo aquello pertenecía a un pasado muy lejano. El hombre que él había sido también había desaparecido tiempo atrás, y los acontecimientos, los hechos, incluso en su mente, no eran más que un borrón difuso. La Exhibición Aérea Tushino, 9 de junio de 1961, y las fotografías de los Mig-15 con el misil copiado claramente visible debajo de las alas. Las fotografías habían sido la confirmación final; lo sabían desde mucho antes, pero entonces habían entrado en acción todos los equipos de investigación oficial. Harper, el pobre imbécil, sólo había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. No era extraño, decidió, que no pudiera recordar cómo era, porque en realidad nada tenía que ver con todo aquello, tan sólo había sido el cabeza de turco más conveniente desde el punto de vista generalizado. «Jack, ¿por qué demonios arriesgas el cuello por ese pequeño bobo? El chaval lo hizo, acabemos con ello de una vez. ¿De verdad quieres que continúe esta investigación?» Claro está que no había habido el menor peligro de que eso ocurriera. ¿No le iba a servir toda una vida pasada en la Marina para comprender cómo funcionaba la burocracia? Sabían reconocer a un primo mejor que nadie en el mundo; hubieran impedido que se hiciera público lo de Adolf Hitler de no haber creído que sacarían provecho de la situación, ascensos para sí mismos, por ejemplo. Y la inteligencia británica, recordó, «tus colegas, viejo», se había mostrado de acuerdo y plenamente satisfecha tras un breve arranque de lealtad, pero claro, también habían estado a punto de mantener en secreto lo de Philby [5]. Al final era probable que Harper estuviera agradecido. Porque ni siquiera lo acusaron… aunque en realidad él les estaba haciendo un favor, ya que si hubieran presentado cargos contra él habría habido un juicio y titulares en los periódicos: TRAIDOR BRITÁNICO ENTREGA A LOS RUSOS NUESTRO MEJOR MISIL. No, era más sencillo y mucho más discreto retirarle sus acreditaciones, ponerlo en la lista negra y negarle el trabajo en cualquier laboratorio que hubiera soñado siquiera con sacar un centavo al Tío Sam. Tannis se preguntó qué habría sido de él. Sin duda habían arruinado su carrera como científico y por entonces no tenía más allá de la veintena. Había nacido un niño, lo sabía, justo en medio de todo aquel asunto, pero en cualquier caso, su mujer lo había dejado. Recordó de nuevo a la mujer, Diana, con aquella chillona voz británica que hace que cualquier mujer parezca virgen, incluso cuando suspira por dejar de serlo.

Apagó el Lucky. Desprecio, eso era lo que sentía, por todos ellos. ¿Pero por qué debía preocuparse? No corría el más mínimo peligro, de eso estaba totalmente convencido. Como amenaza, Harper no significaba nada, ya no. En realidad sólo existía una dificultad. Harper era inocente. Lo habían incriminado injustamente, como Tannis había afirmado en su momento, sugerencia que había supuesto una amenaza entonces, pero que ya no podía serlo. Sin embargo, significaba que Harper era un cabo suelto y que alguien, su bromista amigo, quizás intentaba desenmarañarlo. Nunca se sabía lo que podía ocurrir cuando se desenmarañaban las cosas. Tannis recordó de nuevo al alemán en la carretera bávara y la mirada de sus ojos antes de que apretara el gatillo. Sí. Podía hacer lo mismo con aquel tipo, si resultaba necesario. ¿Pero por qué tomarse la molestia? Que aquel personaje fuera al Hideaway si le apetecía. Servían allí una excelente costilla de primera calidad. Y luego, si seguía buscando problemas, podía presentarse en su casa… él estaría esperándolo.

Pero aunque tales pensamientos y preguntas acudieran a su mente, eran esencialmente formales y académicos. Durante unos instantes Tannis dudó, porque lo habían pillado con la guardia baja, aunque no le gustara admitirlo, porque habían perturbado la satisfacción que sentía de sí mismo después de tantos años. Pero supo en todo momento lo que debía hacer. En aquella parte del desierto todo el mundo sabía que Tannis tenía un secreto. Algunos creían que era personal, otros lo suponían profesional. Unos pocos percibían que se había producido un giro peculiar en su carrera. Desde luego, muchos suponían que aún tenía contacto con los «servicios de espionaje»; los enterados apostaban por el DIA o el NIS, mientras que los menos informados hablaban de la CIA o el FBI. Y unos pocos, los que le conocían a fondo, señalaban que había empezado como científico, en el CalTech, y especulaban que un fracaso había acabado con su carrera. Un fracaso… muy pocas personas podían haberlo relacionado con Harper, pues sólo unos pocos, incluso entre los militares estadounidenses (tan grande fue la discreción de la Marina sobre el patinazo) conocían la verdadera historia de cómo el Sidewinder, el primer misil del mundo con sistema de guiado por calor, había caído en manos rusas. En cualquier caso, no era necesariamente fracaso la palabra que Tannis le atribuía. Pero Tannis no iba a confesarlo de ningún modo, ni siquiera después de tantos años, e incluso mientras aquellos pensamientos se apoderaban de su mente, Tannis se arrodilló para abrir el cajón cerrado con llave de su escritorio. Dentro había una caja cerrada con un candado en cuyo interior guardaba su grande y viejo Colt, la misma pistola con la que había matado a aquel alemán. Lo sacó, le puso un cargador y montó el arma. Luego puso el seguro y se lo metió en el bolsillo, pesado como un martillo… Por supuesto, iría. Iría porque la curiosidad mató al gato. Porque quería darle una vuelta más a la pista. Porque todo lo que le restaba por hacer con sus secretos era llevárselos a la tumba. Las razones no importaban demasiado. Tannis era quien era y hacía lo que hacía; ni más ni menos.

Hubo, de hecho, otro detalle. Pues cuando salió de la casa, Tannis sintió el viento golpeando su rostro y se detuvo para girarse. Moviéndose incesante por la faz de la tierra, el viento había elegido tocar su rostro, y él alzó los ojos. La noche en el Mojave estaba salpicada de brillantes estrellas y durante un instante le dieron luz suficiente para ver. Lo vio, lo sintió: aquel día, más de veinte años atrás, la suave arena caliente bajo sus botas, cuando subía con dificultad por la quebrada en Darwin Springs, los hombres del FBI jadeando a su lado, siguiendo los surcos de las huellas del jeep. Y finalmente la cara de Harper, pero aún no lo bastante clara como para reconocerla, tan joven, tan asustada, y tan inocente.

2

La base de China Lake está a 240 kilómetros al noreste de Los Ángeles, tomando la salida 395 de la autopista. Fundada en 1943, se la conoció originalmente por Estación de Pruebas de la Artillería Naval, o NOTS [6]. En 1967 se cambió este nombre por el de Centro de Armamento Naval (NWC) [7]. Sin embargo, casi nadie ha oído hablar de ninguna de ambas organizaciones, en contraste, por ejemplo, con la cercana Base Edwards de las Fuerzas Aéreas, donde Chuck Yeager rompió la barrera del sonido y donde aterriza la lanzadera espacial, o con la Estación Aérea Miramar de la Marina, en San Diego, donde se ubica la escuela Top Gun. Incluso dentro de la misma Marina, China Lake es prácticamente desconocida. Y quienes la conocen, a menudo hablan de ella recelosamente como de algo «fuera del círculo», reputación inconformista que sirve para realzar el hecho de que NOTS (para usar el antiguo término, como Tannis hacía normalmente) es diferente de cualquier otra base que dirija la Marina estadounidense. Opera bajo el mando de la Marina, pero su historia la relaciona con instituciones externas civiles, sobre todo el Instituto Tecnológico de California, en Pasadena. Y aunque una parte del personal de la base pertenece a la Marina, en particular los pilotos del escuadrón VAX, la mayoría de la población es civil. Además, esa población está constituida por científicos, ingenieros y técnicos; «los condenados profesores», como los llamaban al principio. Pero sus logros son innegables y silencian a los críticos, pues China Lake ha producido algunos de los materiales bélicos más efectivos del mundo, desde los cohetes en barrera utilizados durante la invasión del norte de África en 1943, a las cargas de explosivos de vidrio óptico de las primeras bombas atómicas y un amplio espectro de misiles con sistema de guiado y bombas: Zuni, ASROC, Shrike y, sobre todo, el Sidewinder (o AIM-9, como se lo conoce oficialmente).

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[5] Harold Adrian Russell Philby, nacido en la India en 1912. Agente de los servicios de espionaje británicos hasta 1951. Uno de los mayores espías soviéticos durante la

Guerra Fría. En 1949 llegó a primer secretario de la embajada británica en Washington, donde trabajó como oficial de enlace con los servicios de espionaje norteamericanos.

Huyó a Rusia en 1963. (N. de la T.)

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[6] Siglas del nombre en inglés, es decir, Naval Ordnance Test Station. (N. de la T.)

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[7] Siglas de Naval Weapons Center. (N. de la T.)