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– Da la impresión de que no ha habido nadie aquí desde hace semanas -manifestó Anne.

David asintió. También él tenía esa impresión. Tannis no estaba allí, y su ausencia se hacía más significativa aún; se había marchado. Pensó en dejar un mensaje, ¿pero qué sentido tendría? Finalmente dijo:

– Voy a entrar.

Una gran puerta cristalera que daba al patio conducía a la parte posterior de la casa, pero estaba cubierta por un diáfano visillo blanco y una cortina de color azul oscuro, bien cerradas. No se podía ver el interior. Había una carretilla apoyada contra la pared y dentro una paleta y una pala. La paleta parecía más pesada. Anne se dio cuenta de que estaba asustada cuando David rompió el cristal; aquello era ilegal. Pero no dijo ni una sola palabra. Pensó: «Has venido para ayudarle, no para deternerlo», y cuando él devolvió el pico a su lugar, algo puntilloso, como para enmendar lo hecho, apartó la cortina y entró la primera.

Silenciosamente, David la alcanzó.

No se movió y le alegró que ella no hablara. Se dio cuenta de que estaba tratando de fijar aquella imagen en la memoria, como alguien que al despertar intenta recordar un sueño. Había vuelto a China Lake; por primera vez lo sintió realmente. Sin embargo, no estaba seguro del motivo. ¿Por qué no se había sentido así en Los Ángeles? Durante toda la mañana había estado intentando decidir si debían ir a visitar la base. Allí, pensaba, descubriría si todavía le quedaba algo por sentir. Pero ya lo sentía ahora claramente, en aquella sala de estar corriente, con una chimenea de ladrillo en el extremo más alejado y el habitual mobiliario de estilo californiano, un sofá bajo y sillas de piel. No había recuerdos explícitos del pasado, ni una sola fotografía, nada emblemático, todo era neutro. Desde luego, la característica más obvia de la estancia, la enorme alfombra de borra beige que cubría el suelo de pared a pared, era anacrónica en todos los sentidos, pasada de moda, aunque no se había inventado siquiera cuando David había estado allí. Algo hizo que todo acudiera de nuevo a su mente. Quizá fuera sencillamente el hecho de estar una vez más en una habitación vacía, ese olor a cerrado, el silencio que yacía dentro de una quietud más profunda. Cuando aguzó el oído, sin embargo, le pareció reconocer el sonido de agua, como el lento goteo de los evaporadores que utilizaban para el aire acondicionado en las oficinas y laboratorios, y muy distante, oyó otro sonido familiar, el zumbido de un lejano avión.

Finalmente, Anne llamó:

– ¿Señor Tannis?

David sonrió y notó que se relajaba.

– No pasa nada. No hay nadie.

Y era cierto. Tannis se había ido, efectivamente, o, mejor dicho, probablemente no había vuelto de Aberporth, de los Clints of Dromore. Sin embargo, no resultaba tan fácil determinar exactamente lo que había ocurrido, los términos de su partida, por así decirlo. Recorrieron la casa. Encontraron ropas en el armario de su habitación y dos maletas Samsonite sobre el estante superior, de modo que tal vez no se había ido demasiado lejos. Por otro lado, no había calcetines ni ropa interior en la cómoda. Y aunque no quedaba leche en la nevera, el grifo del fregadero de la cocina goteaba, como si acabara de salir y fuera a volver en cualquier momento. Ni siquiera el gran hallazgo que hicieron les dio la respuesta a su pregunta. Fue en el despacho. Resultaba evidente que lo habían ordenado, los lápices en tarros, un bloc de papel alineado con una esquina del escritorio. Pero tampoco se podía deducir claramente si el hombre que había estado trabajando allí se había ido para siempre o si volvería a la mañana siguiente. En cualquier caso, ambos se dieron cuenta de inmediato de que la luz del contestador automático parpadeaba.

– Y mira -anunció Anne, cogiendo la papelera-. Debe de ser recién comprado. Aquí está el cartón en el que venía envuelto.

– Sí. No puede estar muy lejos. De lo contrario, ¿para qué molestarse?

– Vamos, rebobina la cinta.

David dobló el flexo de la lamparita de viejo latón que ocupaba una esquina del escritorio y la encendió sobre el contestador. Hizo retroceder la cinta hasta el principio. El teléfono había sonado. El que llamaba había colgado. Un agente de bolsa, que llamaba desde Denver, había dejado nombre y número de teléfono. Vendedores ambulantes: vendían revistas, bombillas para los minusválidos. «Llamaba sólo para recordarle, capitán, que la próxima reunión de la VFW [48] es el martes a la hora habitual.»

– ¿Qué es la VFW?

– Ni idea -replicó David, sacudiendo la cabeza. ¿Veteranos…?

Pero luego lo descubrieron. Desgraciadamente, no había indicio alguno de dónde procedía la llamada. Al parecer, nadie allí tenía la costumbre de mencionar el día y la hora en que había dejado el mensaje. De todos modos tampoco había demasiados mensajes, así que aquél no podía datar de hacía mucho tiempo.

«¿Jack? Bill Matheson. Mira, eh… No quiero ser demasiado inseguro sobre esto, pero eh… los otros creen que han encontrado al sujeto con el que B, ya sabes, el infortunado individuo extranjero que descubriste allí, podría haber querido ponerse en contacto. ¿Alguien llamado Vogel? A mí no me sonaba el nombre, pero, bueno, evidentemente… evidentemente tiene una granja o una casa cerca de Indian Wells y el condado se la va a quedar porque… Mierda.» Se interrumpía en ese momento, pero la siguiente llamada era del mismo hombre. «Soy yo de nuevo, Jack, creo que se había acabado la cinta. Pero quiero acabar con esto. ¿Has oído hablar de ese Vogel? Hay alguien con ese mismo nombre al final de la carretera de Trona. Enviaron a un agente allí y encontraron a una mujer que vive en un remolque con un crío. Dice que su padre no está allí. Se supone que está en México. ¿De acuerdo? ¿Podrías llamarme para hablar de esto? Gracias.» Había colgado. La cinta siguió. El agente de bolsa una vez más. Alguien que había colgado. Otro. Y luego media docena de llamadas más antes de la suya, esa misma mañana.

David apagó el contestador.

– Esto lo demuestra, David -dijo Anne-. Hay una investigación en marcha.

Él sonrió.

– Ahora empiezas a creerte todo esto, ¿no es cierto?

– Ahora es real, de un modo diferente. -Su rostro estaba serio.

Él le tocó la mano, luego abrió el cajón del escritorio y encontró la agenda de Tannis. Buscó a Matheson.

– Es de la Marina, un comandante. Trabaja en China Lake.

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[48] Siglas de Veterans of Foreign Wars. Veteranos de Guerras en el Extranjero. (N. de la T.)