Выбрать главу

– No.

– ¿Cómo dices?

– No. -Jane le repitió sus propias palabras-: ¿Qué parte de esa palabra no entiendes? No vas a venir conmigo. No tienes otro cometido que protegerme, y de eso ya se encarga Brenner. Me dijiste que una de tus misiones aquí, en la Pista, era vigilar a Mario. Ahora eso es más importante que nunca.

– ¿Y qué hay de vigilarte a ti?

– Grozak parece haber cambiado de objetivos y se está centrando en Mario. Cuanto más motivo para mantenerlo a salvo. -Vio que Trevor apretaba los labios y añadió con fiereza-: Convencí a Mario para que volviera al trabajo y no voy a permitir que eches a perder eso. Es importante que acabe de traducir ese pergamino cuanto antes. Alguien tiene que estar aquí para animarlo y reforzarlo. Y ese alguien tiene que ser o tú o yo. Y yo me voy a Lucerna. -Abrió la puerta-. No intentes detenerme, Trevor.

– Ni se me ocurriría -respondió él sarcásticamente-. Probablemente me echarías a empujones del helicóptero.

– Exacto.

– Y ni en sueños intentaría sofocar ese fuego que parezco haber iniciado.

– No podrías. -Lo miró a los ojos-. Naciste en Johannesburgo y te has pasado dando tumbos de aquí para allá la mayor parte de tu vida. No sé si te consideras un ciudadano del mundo o un hombre sin patria. Pues bien, yo sí tengo patria, y protejo lo que es mío. Así que tienes toda la razón cuando dices que estoy que ardo. Haremos todo lo que podamos para que alejar a Grozak de mi gente, con independencia de quién esté en peligro.

– ¡Dios mío, una patriota!

– No me avergüenzo de ello. Puedes burlarte, si te complace.

– No me estoy burlando. Siento envidia. -Se apartó-. Adelante. Sube a ese helicóptero antes de que empiece a recordar el vídeo de Eduardo Donato. Cuidaré de Mario.

Minutos después Trevor observaba despegar al helicóptero, que se dirigió hacia el Este en dirección al mar. Apretó los puños. ¡Joder!, le entraron ganas de llamar al piloto, Cookson, y decirle que la trajera de vuelta. En su lugar llamó a Brenner.

– Va hacia allí. Cookson acaba de despegar. La quiero de vuelta aquí dentro de veinticuatro horas. Si le ocurre algo, te corto los huevos.

– Puedes intentarlo. -Brenner hizo una pausa-. La mantendré a salvo, Trevor.

– Si es que te deja. Es como un polvorín y lleva la bandera llena de estrellas. [1]

– Menuda mezcla -dijo Brenner-. Puede que sean unas veinticuatro horas interesantes. -Colgó.

¿Interesantes? Trevor observó el helicóptero mientras éste se alejaba en el horizonte. Aquella no era la palabra que él hubiera utilizado. Iban a ser…

– ¿Se ha ido?

Trevor se volvió y vio a Mario parado detrás de él, mirando fijamente el helicóptero.

Trevor asintió de manera cortante con la cabeza.

– Volverá en cuanto haga el dibujo.

– Quise ir con ella.

– Yo también. No lo consintió.

Mario mostró una leve sonrisa.

– Es una mujer muy fuerte. -Su sonrisa se desvaneció-. ¿Han encontrado ya a mí padre?

– No.

Mario se estremeció.

– Odio la idea de que su cuerpo haya sido tirado por ahí sin ningún respecto por… -Respiró hondo-. ¿Has enseñado el vídeo a la policía?

– No, pero lo voy a enviar a las autoridades inmediatamente. -Miró al muchacho a los ojos-. Si sigues sin confiar en mí, dejaré que hables con ellos, si quieres.

Mario negó con la cabeza.

– No tengo nada que hablar con ellos. -Y añadió con poca fluidez-. Lamento que… No debería haber creído a ese cerdo cuando escribió que tú… No, no le creí. En realidad no. Es que sencillamente no podía aceptar que yo…

– Olvídalo. Es comprensible.

– No puedo olvidarlo. Me oculté la verdad porque no era la que yo deseaba. Me encerré en mi capullo, como he hecho siempre. -Apretó los labios-. No puedo seguir haciendo eso.

Trevor lo miró de hito en hito con la frente arrugada.

– ¿Lleva esto a alguna parte?

– Sí. Jane no me dejó ir con ella, porque sabía que estaría más segura con Brenner. -Puso ceño-. No estoy preparado para la vida fuera de mi torre de marfil. Esto tiene que cambiar. No seguiré siendo un títere impotente con la cabeza metida en la tierra.

– No eres ningún títere.

– Grozak cree que sí. Mató a mi padre para obligarme a hacer lo que él quería. Y si puede, matará a Jane, ¿no es así?

– Preferiría cogerla viva. Pero, ¡joder, sí!, si conviniera a sus intereses, no dudaría en matarla.

– ¿Ves?, tengo que hacer esas preguntas que debería haber hecho cuando llegué aquí. No quería saber nada que pudiera hacerme sentir incómodo y apartarme de mi trabajo. -Meneó la cabeza-. Qué idiota fui…

– No necesitabas saber. Tu trabajo consistía en traducir esos pergaminos. El mío era protegerte.

– Y ahora tengo otro trabajo. No protegí a mi padre, pero puedo vengarlo.

– No, de eso nos ocuparemos nosotros.

Mario sonrió con tristeza.

– Porque crees que no soy lo bastante hombre para hacerlo por mí mismo. Te lo demostraré. Puedo parecer un inútil, pero no tengo miedo.

– Pues deberías tenerlo, ¡joder! -Trevor arrugó el entrecejo-. Si quieres vengarte, traduce ese pergamino.

– Lo haré. Eso no hace falta ni decirlo. Pero la rapidez con que lo haga depende de ti.

– ¿Percibo cierto tufo a chantaje?

– Es sólo un trato. Hay cosas que he de saber.

– ¿Cómo cuales?

– No sé nada de armas. Estoy seguro de que podrías enseñarme.

– Mario…

– Pistolas. Eso no debería de llevar mucho tiempo.

Trevor lo estudió. Jane tenía razón. Mario estaba cambiando, madurando, endureciéndose a ojos vista.

– Lo dices en serio.

– Y debería saber algo de defensa personal.

– No tengo tiempo para dirigir un curso de… -Se detuvo cuando le vio apretar las mandíbulas con determinación. ¡Ah, qué diablos! No podía discutirle los motivos al muchacho; él habría hecho lo mismo en idénticas circunstancias. Pero aquellas circunstancias nunca habían existido para él. No podía recordar ninguna ocasión en que de una u otra manera no hubiera estado luchando por sobrevivir. Las torres de marfil eran el material del que estaban hechos los mitos-. De acuerdo, dos horas al día. Instalaremos un campo de tiro en la Pista. El resto del tiempo estarás trabajando en los pergaminos. -Levantó la mano cuando Mario abrió los labios-. Y MacDuff me debe un favor. Le pediré que te enseñe algunas llaves de kárate. Eso es todo, Mario.

– ¿Empezamos hoy?

– De acuerdo, hoy.

– Es suficiente… por ahora. -Mario añadió-: Sólo una cosa más.

– Estás presionando mucho.

– Es algo que tengo derecho a saber. Es lo que debería haber preguntado en un principio. ¿Por qué persigue Grozak los pergaminos? ¿Por qué mató a mi padre?

Trevor asintió con la cabeza. El chico era muy imprevisible para contárselo todo, pero se merecía saber lo esencial.

– Tienes razón. No es justo que tenga secretos contigo. -Se volvió hacia la puerta de entrada-. Vamos, vayamos a la biblioteca y tomemos una copa. Puede que lo necesites; es una historia asquerosa.

– Tienes inquieto a Trevor -dijo Brenner cuando se reunió con Jane a su llegada a Lucerna-. Ha amenazado con mutilarme, si te no cuido de manera adecuada.

– Entonces, hazlo. Creo que tú también eres bastante bueno mutilando. -Cambió de tema-. ¿Has hablado ya con los camareros de la cafetería?

Él asintió con la cabeza.

– Está muy concurrida a primeras horas de la mañana. Parece ser que hay muchos habituales como Donato, que iba cada día. Albert Dengler, el hombre que atiende la barra, dice que vio bien al hombre con el que estaba sentado Donato. La cafetería es una especie de Starbuck, y fue él quien le sirvió cuando se acercó a la barra. Pensé que lo mejor era decirle sólo que Donato había desaparecido y no entrar en detalles.

вернуться

[1] The Star-Spangled Banner (La bandera llena de estrellas) es el himno de los Estados Unidos de América. (N. del T.)