Выбрать главу

Se queda ahí sentada, ante su escritorio. Mece la cuna vacía. Y espera.

Cinco minutos después, suena el teléfono. Recuerda que si habla mientras el aparato se carga puede darle un calambre. Maquinalmente arranca el cargador.

– Están en el piso de él -dice, antes de que el otro hable-. Y no espera un bebé tuyo ni de nadie

– No he podido hablar con ella, ni siquiera usando un prepago… -La voz de Tariq suena rota-. Ahora lo entiendo. Ellos… Yo, yo… No tengo a nadie. Sólo a usted.

Diana sonríe.

– Eso es, hijo. Se van. Mañana, en un Mercedes Cupé rojo. Se marchan a Damasco. Con los veinte millones de dólares que han obtenido gracias a ti, sacándoselos a la vieja Asmar.

Silencio, al otro lado.

– ¿Tariq? -Sabe que el otro sigue ahí.

Finalmente, responde:

– ¿Lo tenían planeado desde el principio?

– Desde el principio, Tariq. Te utilizaron. -Pausa-. ¿Mataste al embajador?

– Cora me juró que iba a denunciarnos, que sabía lo nuestro. Lo sentí. Era un buen hombre…

– Iennku y Setota tampoco merecían morir.

– ¿Quiénes son? -pregunta el joven, desconcertado.

– Las criadas de Asmar. Puede que a ti no te importen, pero a mí sí. Incluso tú me importas, mi pobre Tariq. La pareja se larga a disfrutar de su amor y del dinero. Tú, aquí, con la policía detrás.

– Eso no es problema. Sé dónde esconderme. Ya te dije que tengo amigos.

– Lo sé, querido Tariq. Lo sé. Como sé que harás algo para que nunca lleguen a Damasco, ¿lo harás? Claro que sí. Y esta vez no habrá daños colaterales. ¿Me explico? Eso me lo debes a mí. Sólo los culpables deben morir. Graba esta enseñanza mía en tu cerebro. Para ahora. Para siempre.

Corta la comunicación. Elimina la fotografía de la memoria del teléfono. Cora y Salva han dejado de sonreír.

EPÍLOGO

Martes, 6 de octubre de 2009

Más que abrazarla, Lady Roxana la estruja. Es una cálida bienvenida en el más que refrigerado aeropuerto de Luxor, en donde el avión de Egypt Air ha aterrizado después de un viaje de poco más de cuatro horas, con escala en El Cairo para abastecerse de turistas.

Tras un rato de «Qué bien estás» y otros saludos femeninos que tan gratos le resultan a una viajera necesitada de olvido, Diana Dial recibe las palabras que desea que alguien pronuncie.

– ¡He pasado tanto miedo! -exclama la otra-. La CNN no deja de dar la noticia; Al Jazira y Al Arabiya, lo mismo.

– ¿Qué…? -se hace la tonta.

– ¡Por Dios, Diana! ¡Gracias a Dios que ya estabas volando! ¡Otro atentado en Beirut! ¡Y esta vez contra españoles! ¡Oh, qué contenta estoy de que hayas dejado ese maldito país para siempre!

El chófer de Lady Roxana se hace con su única maleta, se meten en el coche.

Poco después, con un té de menta en la mano, asomada al Nilo, en el mirador de la villa que su amiga posee al lado del hotel Winter, Diana pregunta:

– ¿En qué consiste ese trabajo que tienes para mí?

Lady Roxane abre los brazos y la túnica amarilla que la cubre se despliega como el sol sobre el río.

– ¡Un crucero a la antigua usanza con muchas, muchas sorpresas! -exclama.

– Cuéntame -la alienta Diana.

Más tarde le pedirá ayuda para obtener el visado de Joy, de quien se ha despedido dejándole una carta con instrucciones y un sobre con dinero. «Nos veremos pronto. Liquida el piso. Despídeme de Georges. Te llamaré. No aguanto este país.»

De cuanto ha quedado atrás, Joy es lo único que quiere recuperar. Ni siquiera se ha despedido de Fattush.

Algún día. Algún otro día.

Maruja Torres

María Dolores Torres Manzanera, más conocida como Maruja Torres, nació en Barcelona en marzo de 1943. De familia murciana, ejerce como periodista, columnista, escritora y guionista de cine. Comenzó a trabajar a los catorce años como mecanógrafa, y acabó siendo secretaria de redacción de la sección “Página femenina” del diario La Prensa y colaboradora de la revista de cine Fotogramas. Fue enviada especial en los frentes del Líbano y Panamá para el diario El País, periódico para el que también es columnista.

En 1986 publicó su primera obra: ¡Oh, es él! Viaje fantástico hacia Julio Iglesias, enfocado en la figura del cantante con tono humorístico. Su segunda novela, Mientras vivimos, obtuvo el Premio Planeta del año 2000, y Esperadme en el cielo (2009) obtuvo el Premio Nadal. En la obra autobiográfica Mujer en guerra (1999) narra su vida periodística. Es colaboradora de las revistas Qué leer y El espectador.

Si bien no tuvo formación académica periodística, ha cultivado todas las áreas del periodismo, desde el reportaje de guerra hasta la crónica de sociedad. Son rasgos definidores del estilo de Maruja Torres la agudeza, el humor corrosivo, la parodia de las ideas y las frases hechas, la crítica burlona y también despiadada dirigida a las mentiras del poder y a la supuesta superioridad que da la riqueza.

***