Tampoco hizo daño que Angus sobrepasara los seis pies por unas buenas cuatro pulgadas [10], lo cual le daba casi un pie encima del mensajero.
Margaret estaba sentada donde él la había dejado, tamborileando sus dedos contra la mesa e ignorando los dos grandes tazones de cranachan que George debía haber puesto ante ella.
– Aquí está usted, my lady, -dijo él jovialmente, dándole la misiva.
Ella debía haber estado aturdida, pero se llamó la atención y sacudió la cabeza antes de tomarlo.
El mensaje era de verdad de su familia. Angus había logrado obtener aquella información del mensajero. Él no estaba preocupado de que fuera una emergencia; el mensajero -cuando preguntó, otra vez firmemente- le habido dicho que el mensaje era muy importante, pero que la mujer que se lo había dado no había parecido demasiado histérica.
Él observó a Margaret con cuidado mientras sus temblorosas manos rompían el sello. Sus ojos verdes ojearon las líneas rápidamente, y cuando alcanzó el final, ella parpadeó varias veces. Un estrangulado sonido surgió de su garganta, seguida de un jadeo de "no puedo creer que él hiciera eso".
Angus decidió que era mejor pisar con cuidado. De su reacción, él no podía decir si ella estaca a punto de comenzar a gritar o llorar. Los hombres y los caballos eran fáciles para predecir, pero solo Dios entendía el funcionamiento de la mente femenina.
Él dijo su nombre, y ella empujó dos hojas de papel hacia él en respuesta.
– Voy a matarlo, -dijo con los dientes apretados. -Si él no está muerto aún, maldición, voy a matarlo.
Angus miró los papeles en su mano.
– Lea lo último primero, -dijo Margaret amargamente.
Él cambió las hojas y comenzó a leer.
Rutherford House Pendle, Lancashire
Queridísima hermana:
Esta nota nos fue entregada por Hugo Thrumpton. Él dijo que estaba bajo órdenes estrictas de no traerla hasta que te hubieses marchado hacia un día.
Por favor no odies a Edward.
Dios este contigo.
Tuya, tu amada hermana, Alicia Pennypacker
Angus levantó la vista y la miró con ojos interrogantes.
– ¿Quién es Hugo Thrumpton?
– El mejor amigo de mi hermano.
– Ah.
Él sacó la segunda carta, que estaba escrita por una mano decididamente más masculina.
Thrumpton Hall
nr. Clitheroe, Lancashire
Querida Margaret
Es con un corazón dolido que escribo estas palabras. Para este momento has recibido mi nota informándote de mi viaje a Gretna Green. Si reaccionas como sé que vas a hacerlo, estarás en Escocia para cuando leas esto.
Pero no estoy en Escocia, y nunca tuve ninguna intención de fugarme para casarme. Más bien me marcho mañana hacia Liverpool para unirme a la Marina Real. Usaré mi parte para comprar mi comisión.
Sé que nunca quisiste esta vida para mí, pero soy un hombre ahora, y como hombre debo escoger mi propia fortuna.
Siempre supe que estaba destinado a la vida militar; desde que jugué con mis soldados de estaño como un muchacho joven tuve muchas ganas de servir a mi país.
Rezo para que me perdones mi hipocresía, pero sabía que vendrías por mí a Liverpool si fueras consciente de mis verdaderas intenciones. Tal despedida me dolerá para el resto de mis días.
Es mejor de esta manera.
Tu amado hermano,
Edward Pennypacker
Angus alzó la vista a los ojos de Margaret, que estaban sospechosamente brillantes.
– ¿Tenía usted alguna idea? -preguntó él tranquilamente.
Ninguna, -dijo, su voz temblorosa sobre la palabra. -¿Piensa usted que yo habría emprendido este loco viaje si hubiera soñado que él habría ido a Liverpool?
– ¿Qué planea hacer después?
– Volver a casa, me imagino. ¿Qué más puedo hacer? Él probablemente está a mitad de camino a América ahora.
Ella exageraba, pero Angus calculó que se había ganado ese derecho. No había mucho que uno podría decir en tal situación, sin embargo, él se inclinó y empujó su tazón de budín un poco más cerca.
– Tenga su cranachan.
Margaret miró su comida.
– ¿Usted quiere que yo coma?
– No puedo pensar en nada mejor para hacer. Usted no tocó su haggis.
Ella recogió su cuchara.
– ¿Soy una hermana terrible? ¿Son una persona tan terrible?
– Desde luego que no.
– ¿Qué tipo de persona soy que él sintió la necesidad de enviarme hasta Gretna Green solo para que entonces él pudiese realizar una fuga limpia?
– Una hermana bien amada, me imagino, -contestó Angus, llevando un poco de cranachan en su boca. -Maldito sea, esto está rico. Usted debería probar un poco.
Margaret bañó su cuchara, pero no la levantó hasta su boca.
– ¿Qué quiere decir?
– Obviamente él le ama demasiado para soportar un doloroso adiós. Y suena como si usted hubiese presentado una verdadera lucha a su alistamiento a la marina si hubiera sabido sus verdaderas intenciones.
¡Margaret había estado a punto de replicar, "Desde luego!" pero en cambio ella solamente suspiró. ¿Qué ganaba defendiendo su posición o explicando sus sentimientos? Lo que estaba hecho, estaba hecho, y no había nada que ella pudiera hacer sobre eso.
Ella suspiró otra vez, más fuerte, y levantó su cuchara. Si había una cosa que ella odiaba, eran las situaciones sobre las cuales ella no podía hacer nada.
– ¿Va a comer ese pudín, o es este algún tipo de experimento científico del equilibrio de la cuchara?
Margaret parpadeó para salir de su aturdimiento, pero antes de que ella pudiera contestar, George McCallum apareció en su mesa.
– Tenemos que limpiar para la noche, -dijo él. -No tengo la intención de echarlos, pero mi esposa insiste. -Él sonrió burlonamente a Angus. -Usted sabe como es.
Angus hizo un gesto hacia Margaret.
– Ella no ha terminado su cranachan.
– Lleve el tazón a su habitación. Es una lástima desperdiciar la comida.
Angus asintió y se puso de pie.
– Buena idea. ¿Estás lista, dulzura?
La cuchara de Margaret resbaló de su mano, aterrizando en su tazón de cranachan con un ruido apagado. ¿Acababa él de llamarle dulzura?
– Yo… Yo… Yo…
– Ella me ama tanto, -le dijo Angus a George, – que a veces pierde el poder del habla.
Mientras Margaret estaba embobada mirándolo, él encogió sus poderosos hombros y dijo satisfecho, -¿Qué puedo decir? la abrumo.
George rió en silencio mientras Margaret farfullaba.
– Mejor cuide su espalda, -el posadero aconsejó a Angus, -o usted se encontrará lavando su cabello con el mejor cranachan de mi esposa.
– Magnifica idea, -dijo Margaret entre dientes.
Angus se rió mientras se paraba y le ofreció su mano. De algún modo él sabía que el mejor modo de distraerla de sus penas era provocarla con otra broma sobre ella siendo su fiel esposa. Si él hubiera mencionado al bebé, ella probablemente olvidaría a su hermano totalmente.
Él comenzó a abrir la boca, pero luego observó el destello furioso en sus ojos y se lo pensó mejor. Un hombre tenía que pensar en su propia seguridad, después de todo, y Margaret lo miró lista para hacer algún serio daño físico o al menos arrojar un tazón de cranachan en él.
De todos modos, él con mucho gusto aceptaría el disparo de pudín si esto significaba que ella pudiese dejar de pensar en su hermano, aún durante unos momentos.