Dante oyó la voz burlona del otro animal desde alguna parte por encima del risco.
– ¡Oh, mieeeeerda! -resonó en el vacío.
Sabía que un tirón más de la cuerda y estaría dentro de las babeantes fauces del monstruo, y decidió morir de otra manera.
– Adiós, chicos -dijo, y acto seguido se desenganchó de la cuerda.
La criatura gritó como una sirena afónica, su voz se alejó de él mientras caía al vacío.
22.45 horas
La última imagen que alcanzaron a ver en la pantalla fue el ojo de la cámara cayendo al abismo mientras el alarido de la bestia se apagaba. La transmisión se cortó cuando la cámara chocó contra el suelo.
– ¡Cynthea, joder! ¿Qué me estás haciendo? -gritó Barry.
– Oh, Dios santo -chilló ella-. ¿Cuándo cortaste la transmisión?
– ¡No lo bastante a tiempo, maldita sea! -exclamó Barry.
22.58 horas
El capitán Sol utilizó los fórceps del médico de a bordo para colocar un pequeño cañón de latón en la cubierta de batería del Golden Hind. [1]
– Bien -asintió Zero.
– ¿Está derecho?
– Sí -respondió Zero.
– Vale -dijo Samir.
El capitán Sol alzó su diminuto vaso del tamaño de un dedal.
– ¡Brindo por ello!
Hizo un brindis con Zero y luego bebió un trago de tequila.
Zero brindó con él.
En los últimos días el único entretenimiento disponible a bordo del Trident había sido observar cómo el capitán Sol construía su modelo a escala.
El radioteléfono comenzó a sonar de pronto y Samir se levantó de su silla y contestó la llamada. Escuchó durante unos diez segundos.
– Eh, bueno, creo que necesita hablar con el capitán -dijo, pasándole el auricular a Sol. Zero observaba la escena con curiosidad.
El capitán sonrió con satisfacción, llevándose el auricular a la oreja mientras Samir se encogía de hombros.
– Capitán Sol, aquí el teniente Scott del Enterprise. Debo informarle de que se ha detectado una señal de comunicación procedente de los alrededores de su barco. De hecho, creemos que procede de su barco. Todas las transmisiones están prohibidas y son contrarias a las órdenes impartidas por la marina de Estados Unidos. Debemos pedirle que se prepare para un abordaje inmediato.
– ¡Cynthea! -exclamó el capitán Sol.
– Repita eso, por favor -dijo la voz en la radio.
– Gracias, Enterprise, estoy de acuerdo, cualquier transmisión que detecten no está autorizada. Permítanme que haga una comprobación en mi barco para ver qué está pasando, ¿de acuerdo?
– Nosotros lo ayudaremos, Trident. ¿Lo ha entendido?
En ese momento se oyeron sonidos de motores y vieron que tres lanchas hinchables grises de alta velocidad se acercaban al Trident a través de la cala.
– ¡Sí, Enterprise] Entendido. -El capitán Sol apretó los dientes y apagó el radioteléfono-. Maldita sea, Cynthea, ¿qué ha hecho esta vez?
7 DE SEPTIEMBRE
19.32 horas
DISERTACIÓN ESCUPE FUEGO DE ESTA NOCHE: ¿POR QUÉ MORIMOS?
por el doctor Geoffrey R. Binswanger
Una vez más, el Lillie Auditorium estaba lleno hasta la bandera en esa fría noche de otoño.
La intensidad de las luces se atenuó, y Geoffrey hizo su aparición en el escenario vestido con zapatillas amarillas, vaqueros, su camiseta Kaua'i y una chaqueta Nehru de pana verde lima y roja.
– Buenas noches, damas y caballeros. ¿Por qué una tortuga de las islas Galápagos vive ciento cincuenta años, una mosca apenas un día y un ser humano raramente supera los ochenta años? ¿Es simplemente porque nuestras partes se gastan a diferentes velocidades? ¿O existe acaso una razón, o incluso alguna ventaja evolutiva, para la brevedad de la vida? Y, en caso de que existiera algún propósito biológico positivo, ¿significa eso que el reloj puede reiniciarse, suponiendo que la evolución haya empleado alguna clase de mecanismo para «ajustar» el cronómetro de la vida en primer lugar?
Geoffrey accionó el mando a distancia. En la pantalla que había a sus espaldas apareció la imagen de un reloj para cocer huevos sobre la encimera de una cocina de los años cincuenta, lo que provocó las primeras risas.
– La pregunta que quiero plantear esta noche, y a la que quiero ofrecer una posible respuesta, es la siguiente: ¿podría la velocidad a la que llega la muerte tener una ventaja para la supervivencia? A primera vista parece una idea ridícula, pero creo que podría haber una explicación muy simple para la variación que observamos en la duración de la vida animaclass="underline" los animales podrían envejecer y morir sólo para impedirles procrear con sus propios hijos.
Geoffrey mostró entonces una imagen del peludo primo Eso, el personaje de La familia Adams. Unas cuantas risas se dejaron oír entre el público.
– Nosotros, por supuesto, tenemos tabúes muy estrictos en relación con el incesto desde tiempos inmemoriales. De hecho, la procreación entre padres e hijos provoca daños particularmente desastrosos a la integridad genética de casi toda la vida en este planeta, causando esterilidad tanto en los animales como en las plantas en apenas unas generaciones. Antes de que se establecieran los tabúes humanos, es posible que la naturaleza se encargara de poner en práctica su propio tabú a través de la imposición de una duración máxima del plazo vital para impedir así que se produjera esa catástrofe genética.
Geoffrey pulsó de nuevo el mando a distancia y en la pantalla aparecieron células microscópicas sobre un campo azul.
– En los antiguos mares de la Tierra, donde se formó el ADN y la vida unicelular contribuyó a replicarlo durante más de mil millones de años, no había necesidad de limitar la duración de la vida. Las bacterias y la mayoría de las células ni siquiera se reproducían sexualmente y, si lo hacían, las posibilidades de que siquiera encontraran a alguien de su misma progenie eran prácticamente nulas. Los científicos han especulado que, de hecho, ciertas formas de bacteria pueden ser inmortales. En el año 2000, los investigadores de la Universidad West Chester encontraron bacterias que habían permanecido con vida durante doscientos cincuenta millones de años encerradas en cristales de sal que estaban enterrados a gran profundidad.
Geoffrey mostró la imagen de un terrario lleno de hámster.
– Pero los animales con acceso a grupos de reproducción más pequeños tienen un problema. Cuantos más hijos tienen con cada embarazo, se convierten en una amenaza más grave para la charca genética, a menos que el ADN se proteja a sí mismo implantando una bomba de tiempo en esos animales preparada para estallar antes de que se produzca una reproducción entre generaciones.
La siguiente diapositiva mostraba un primer plano de los pilotes de un muelle cubiertos de mejillones.
– Para ver si esa correlación pudiera contener algo de verdad, comencé por comparar la duración de la vida de un animal con su comportamiento reproductivo. Los mejillones pueden vivir hasta los cien años. Viven en colonias y mezclan en el agua del mar miles de millones de células sexuales para reproducirse. Con el flujo de la marea en una dirección durante su desove sincronizado y la propia multitud de participantes, la posibilidad de una reproducción incestuosa es virtualmente inexistente. No hay presente ninguna duración de vida que resulte discernible. Las almejas gigantes, que se reproducen de una manera muy similar, pueden vivir quinientos años. Los gusanos que viven cerca de los respiraderos termales en el fondo del mar y muchos corales que se reproducen de esta manera se cree que viven cientos de años.