Kirk y Zero cortaron el chorro de fuego y los cinco saltaron a la orilla verde del lago enfurecido.
Podían oler el hedor a melaza de muerte y azufre en el aire, y la humedad los cubrió casi al instante con una capa de sudor. Las criaturas que luchaban en el agua chapoteaban y se retorcían mientras desgarraban el cuerpo de la megaesquila en un frenético festín que teñía de azul la superficie del lago.
Un agudo zumbido de insectos llenó el aire procedente de la lejana jungla.
Los hombres corrieron en grupo alejándose de la orilla del lago y formaron rápidamente un círculo alrededor de Pound.
Andy era el único que no tenía un lanzallamas.
Pound manipuló nerviosamente el teléfono vía satélite con el lanzallamas colgado de un hombro.
Los botones del teléfono parecían un caos de símbolos mientras Pound trataba de resolver cuáles debía pulsar y en qué orden. De una de sus orejas brotaba un hilo de sangre. La conmoción provocada por los terribles golpes del monstruo le había obnubilado el cerebro, junto con la falta de sueño y una fiebre voraz.
Los otros disparaban con los lanzallamas para defender el círculo cuando más enjambres surgían del trío de árboles cercanos.
Quentin dejó caer su lanzallamas.
– ¡Cúbreme! -le gritó a Andy.
– ¿Eh?
Quentin no le contestó, sino que corrió hacia el «árbol» más alto en el borde del lago y apoyó un estetoscopio en el tronco. El agua agitada se tronó de un azul lechoso junto a él mientras se recrudecía la batalla submarina.
– ¿Qué está haciendo con ese árbol?, ¿un chequeo? -gritó Kirk, sorprendido.
– ¡Sí… sí… sí! Esta cosa tiene corazones -gritó Quentin-. ¡Es un animal! Sabía que debía de tener un sistema de distribución vascular…
De pronto, el «árbol» se hundió en la tierra y cubrió a Quentin con sus «hojas» como si de una sombrilla se tratara.
La tierra se estremeció violentamente debajo de sus pies, provocando que Pound pulsara equivocadamente el último número en el teléfono.
– ¡Maldita sea! -gritó.
El temblor de tierra hizo que saliera despedido hacia atrás. Cuando golpeó contra el suelo, la culata del lanzallamas interrumpió su caída y Pound disparó accidentalmente una lengua de fuego hacia atrás…, que calcinó la escotilla aún abierta del vehículo explorador.
Olas espumosas salpicaban la orilla del lago cerca de los árboles, donde aún podían oír los gritos de Quentin debajo de las hojas estrechamente cerradas.
– ¡Quentin! -gritó Andy, y echó a correr hacia los árboles.
– ¡Andy! ¡No lo hagas! -gritó Zero.
Las hojas de los otros dos árboles se inclinaron sobre él y una criatura brillante que parecía una versión aún más grande de un camaroneé descendió suspendida de la cola similar a una correa elástica y atrapó a Andy, quien lanzó unos chillidos desesperados mientras era izado del suelo en cuestión de segundos.
El seísmo finalmente cesó.
Entonces, una oleada de criaturas surgió de la pared vegetal de la jungla a pocos cientos de metros y se dirigió directamente hacia los tres hombres.
Zero dio media vuelta y echó a correr.
Pound y Kirk lo imitaron.
13.00 horas
Zero miró brevemente hacia atrás y disparó su lanzallamas hacia un enjambre de bichos voladores que se lanzaban contra él.
– Jodidas pirañas voladoras -masculló.
Mientras continuaba su carrera delante de Kirk y Pound, jadeando presa del pánico, Zero recordó la cámara de la NASA que llevaba sujeta a la cabeza. Pulsó el botón que tenía sobre la sien derecha e hizo girar la cinta para que enfocara detrás de él. Luego ajustó el brazo del visor delante para tener una visión de lo que sucedía detrás.
Con un ojo en el visor corrió para salvar la vida, siguiendo más o menos las huellas dejadas por el vehículo explorador en la ladera de la colina mientras fintaba a derecha e izquierda como un corredor ofensivo buscando conseguir el tanto de la muerte súbita más largo de todos los tiempos.
13.01 horas
Otto captó las imágenes que transmitía la cámara de Zero.
– ¡Tengo algo!
En el monitor pudieron ver perfectamente a los perseguidores de Zero y a los otros dos hombres que corrían detrás de él.
– ¡Oh, no!
Nell se desplomó en una silla detrás de Otto con los ojos fijos en la pantalla.
13.02 horas
Zero continuó su carrera colina arriba, siguiendo las huellas del vehículo explorador hacia el centro de la isla.
Las avispas se lanzaban en picado a su alrededor mientras seguía zigzagueando como Red Grange. [5] Cuando las criaturas se lanzaban hacia él, las esquivaba, aceleraba o reducía la velocidad para evitarlas.
Kirk y Pound corrían detrás por la empinada ladera de la colina. Pound estaba casi sin resuello y se tambaleó cuando cinco avispas lo atacaron simultáneamente. Lanzó un grito.
Mientras las fauces abdominales le perforaban el cuello y los brazos, las avispas le inyectaron cápsulas llenas de embriones, que se abrieron paso al instante perforándole la carne.
Pound soltó el lanzallamas y cayó a tierra retorciéndose de dolor. Las larvas devoraban nervio tras nervio. Los estallidos de dolor lo sumieron en un profundo estado de choque. Las gafas cayeron a tierra y el mundo se convirtió en una mancha borrosa. Trató de gritar pidiendo ayuda, pero no pudo. Dos gusanos perforadores aterrizaron en su frente y gritó mientras le taladraban los párpados con sus abdómenes.
13.02 horas
A través del visor de la cámara que llevaba instalada en la cabeza, Zero vio que una nube de insectos cubría el cuerpo de Pound mientras el enviado presidencial se agitaba violentamente en la ladera de la colina detrás de él. Zero tuvo la sensación de que Pound seguía gritando durante mucho tiempo.
Kirk atravesó el campo de densa vegetación verde siguiendo los pasos de Zero, quien se dirigía hacia el cañón que habían atravesado hacía poco tiempo dentro de la seguridad que les confería el vehículo de la NASA. A mitad de camino de los campos de tréboles, Zero continuó ganando terreno pero, de pronto, Kirk se dobló, completamente exhausto. La cabeza le daba vueltas y el sudor le escocía en los ojos mientras trataba desesperadamente de recobrar el aliento. La suela de su bota derecha parecía estar derritiéndose.
Kirk se volvió y lanzó un chorro de fuego líquido hacia la multitud de criaturas que subían la colina tras sus pasos. Imperturbables ante la lengua de fuego, comenzaron a girar alrededor de él en círculos cada vez más estrechos y, chamuscados y humeantes, se lanzaron sobre él con sus fauces abiertas y sus aguijones venenosos.
Kirk gritó y giró, tambaleándose mientras trataba de arrancarse una rata del pecho con la mano izquierda y disparaba el lanzallamas con la izquierda. Dos ratas Henders, que ascendían por la ladera con saltos de seis metros por debajo del chorro de fuego, se aferraron a sus piernas. Kirk alcanzó a oír dos ruidos sordos cuando sus pinzas cortaron los músculos de sus pantorrillas. Dejó escapar un grito escalofriante y cayó al suelo con las piernas inutilizadas.
Cuando un enjambre de pequeños animales se abatió sobre él, Kirk se colocó de espaldas y disparó el lanzallamas hacia lo alto de la colina en un intento desesperado de freír al mayor número posible de perseguidores de Zero.
Pero fue la carne de Kirk lo que más ayudó a Zero. La carnicería le proporcionó al camarógrafo unos minutos preciosos mientras la horda que lo perseguía hacía un alto y retrocedía para devorar al conductor caído.