Era Jack, sin embargo, quien más ansiaba ser como su padre. «Por lo que parece, mi pequeño Jack va a pasar por la misma fase que pasé yo en cuanto alcancé la edad adulta -comentó Fawcett, ufano, en una ocasión-. Ya le fascinan las historias que le contamos sobre Galla-pita-Galla.»17 Fawcett escribió e ilustró relatos para Jack, en los que lo dibujaba como un joven aventurero, y cuando estaba en casa, lo compartía todo con éclass="underline" salir de excursión, jugar al criquet, navegar. Jack era «la verdadera niña de sus ojos»,18 recordó un pariente.
En 1910, cuando Jack estaba a punto de ingresar en un internado junto con Raleigh Rimell, Fawcett le envió un poema desde «muy lejos, en la jungla». Se titulaba «Jack va a la escuela» y, en parte, decía así:
Nunca nos olvides, pequeño y audaz hombre.
Tu padre y tu madre confían en ti.
Sé valiente como un león, pero amable
al oponerte a los errores.
Nunca olvides que eres un caballero
y nunca dudes de que lo conseguirás.
La vida es corta y el mundo, ancho.
Solo somos una onda en la gran charca de la vida.
Disfruta de la vida tanto como puedas
y eso te ayudará a llegar más lejos.
Pero nunca olvides que eres un caballero
y que llegará el día en que todos, orgullosos,
recordaremos tus tiempos en la escuela.19
En otra carta para Nina, Fawcett hablaba del carácter y del futuro de su primogénito: «Un líder nato, creo (quizá un orador), siempre independiente, adorable, de personalidad voluble, que podría llegar lejos […]; un manojo de nervios (energía nerviosa inagotable), un muchacho destacado, capaz de extremos (sensible y orgulloso); el hijo que deseábamos y, creo, con una misión en la vida que aún desconocemos».20
Mientras tanto, las noticias de las proezas de Fawcett como explorador empezaban a propagarse. Aunque sus hazañas carecían de un logro claro y evidente, como llegar al polo Norte o a la cima del Everest -el Amazonas suponía un desafío ante esa clase de metas: nadie podría jamás conquistarlo-, Fawcett, avanzando centímetro a centímetro por la jungla, cartografiando ríos y montañas, catalogando especies exóticas e investigando a los nativos, había explorado más territorio de la selva amazónica que nadie hasta entonces. Como un periodista lo describió más tarde: «Probablemente fuera el primero y más destacado experto del mundo en Sudamérica».21 William S. Barclay, miembro de la RGS, dijo de Fawcett: «Durante años le he considerado uno de los mejores de la historia en su ámbito».22 Sus gestas llegaron en un momento en que Gran Bretaña, con la muerte de la reina Victoria y el alzamiento de Alemania, empezaba a inquietarse con respecto a su imperio. El recelo se vio exacerbado por la afirmación de un general inglés de que el sesenta por ciento de los jóvenes del país no cumplían con los requisitos físicos que exigía el servicio militar,23 y por una avalancha de novelas apocalípticas, entre las que se contaba Hartmann the Anarchist; or, The Doom of the Great City, que había escrito el hermano mayor de Fawcett, Edward. Publicada en 1893, esta novela de ciencia ficción, convertida en una obra de culto, detallaba cómo una célula clandestina de anarquistas («una enfermedad engendrada por una decadente forma de civilización»)24 inventaba un prototipo de aeroplano denominado Attila, y, en una escena que presagiaba el Blitz [3] de la Segunda Guerra Mundial, lo utilizaba para bombardear Londres. («Los pináculos del Parlamento se derrumbaban y sus muros se resquebrajaban con el estallido de los obuses en sus entrañas.»)25 El público estaba tan consternado por el estado de la hombría victoriana que el gobierno creó un cuerpo de investigación denominado Inter-Departmental Committee on Physical Deterioration («Comité Interdepartamental del Deterioro Físico»).
La prensa aprovechaba los logros de Fawcett, a quien retrataba como un «héroe de otros tiempos» y realzaba su hombría y su valor para atenuar la falta de confianza de los ingleses en sus hombres. Un periódico declaró: «"La atracción de lo salvaje" no ha perdido su poder en la clase de hombres audaces e ingeniosos a la que representa el comandante Fawcett». Otra publicación instaba a los niños a emularlo: «¡Existe un auténtico scout al que debéis seguir! Él deja de lado todo pensamiento acerca de su propia seguridad o comodidad para cumplir con el deber que le ha sido impuesto».26
A principios de 1911, con motivo de una conferencia en la sede de la Royal Geographical Society en la que Fawcett iba a presentar sus descubrimientos, docenas de científicos y exploradores de toda Europa se aglomeraron en el vestíbulo para atisbar al «Livingstone del Amazonas». El hijo de Charles Darwin, Leonard, en aquel entonces presidente de la Royal Society, le reclamó al frente del vestíbulo, y describió cómo el explorador había cartografiado «regiones que nunca antes habían sido visitadas por europeos» y había navegado ríos que «nunca antes lo habían sido». Darwin añadió que Fawcett había demostrado que existía aún un lugar «al que el explorador puede ir y dar un ejemplo de perseverancia, energía, coraje, previsión y todas las cualidades que conforman las de un explorador de la era que ahora concluye».27
Aunque a Fawcett le gustaba protestar e insistir en que él no buscaba «demasiada publicidad»,28 sin duda disfrutaba de las atenciones que recibía. (Una de sus aficiones era recopilar en un álbum artículos de prensa que hablaran de él.) Mientras mostraba diapositivas de la jungla y bocetos de sus mapas, dijo a la multitud congregada:
En lo que confío es en que la publicidad de estas exploraciones atraiga a otros espíritus aventureros a esta descuidada parte del mundo. Pero habrá que recordar que las dificultades son grandes y la historia de tragedias, larga, pues los rincones del mundo que permanecen ignotos cobran un precio por sus secretos. Sin ningún deseo de glorificarme, puedo dar fe de que se requiere gran entusiasmo para salvar, año tras año, el gran abismo que se extiende entre las comodidades de la civilización y los riesgos y castigos que acechan a cada paso en las selvas sin explorar de este aún poco conocido continente.29
Un emisario boliviano que estaba allí comentó al respecto del mapa emergente de Sudamérica: «Debo decirles que solo gracias a la valentía del comandante Fawcett esto ha sido posible […]. Si contáramos con más hombres como él, estoy seguro de que no habría un solo rincón de esas regiones sin explorar».30
La creciente leyenda de Fawcett se fundamentaba en que no solo había hecho viajes que nadie más había osado emprender, sino que además los había realizado en unos plazos que resultaban inhumanos. Completaba en meses lo que a otros les llevaba años, o, como prosaicamente lo describió Fawcett: «Soy un trabajador rápido y no dispongo de días de ocio».31 También resultaba increíble que rara vez cayera enfermo. «Estaba hecho a prueba de fiebres», dijo Thomas Charles Bridges, popular escritor y aventurero contemporáneo de Fawcett, a quien conoció. Esta particularidad provocó desenfrenadas especulaciones sobre su fisiología. Bridges atribuía su resistencia al hecho de tener «un ritmo cardíaco por debajo de lo normal».32 Un historiador observó que Fawcett disfrutaba de «una inmunidad virtual a las enfermedades tropicales. Tal vez esta última cualidad fuera la más excepcional. Había otros exploradores, aunque no muchos, que le igualaban en dedicación, coraje y fuerza, pero en su resistencia a la enfermedad era único».33 Incluso Fawcett empezó a maravillarse de lo que él denominaba una «constitución perfecta».34