– De lo que recogí de los experimentos, bolsa de pastor *, moneywort *, y consuelda * eran los cruciales. En lo que se refiere a las otras sustancias, no eran más que material de realce.
Leonora inclinó la cabeza, y posó su taza.
– Dame unos pocos minutos para consultar a Cook y a la señora Wantage. Estoy segura que podemos preparar un brebaje bastante creíble.
Volvió quince minutos más tarde. Los demás seguían sentados, reclinados hacia atrás, satisfechos, disfrutando de su café. Colocó una fórmula pulcramente escrita delante de Tristan y volvió a ocupar su asiento.
Él la cogió, la leyó e inclinó la cabeza.
– A mi parecer tiene apariencia verosímil. -Se lo pasó a Jeremy. Miró a Humphrey-. ¿Puedes pasarlo a limpio?
Leonora clavó los ojos en él.
– ¿Qué pasa con mi copia?
Tristan la miró.
– ¿No estaba escrito por un hombre?
– Oh. -Aplacada, se sirvió otra taza de té-. ¿Cuál es vuestro plan? ¿Qué tenemos que hacer?
Tristan percibió la mirada inquisitiva que le dirigió sobre el borde de la taza, suspiró interiormente y explicó.
Como había anticipado, ningún argumento podía disuadir a Leonora de participar con él en la cacería.
Charles y Deverell pensaban que era un gran chiste, hasta que Humphrey y Jeremy también insistieron en participar.
Habría que atarlos corto y llevarlos al club bajo la vigilancia de Gasthorpe. Tristan consideró que si no estaban allí, no había ninguna manera de impedir su aparición en el parque de St. James; finalmente, decidió sacarles el mejor partido.
Leonora resultó ser sorprendentemente hábil para disfrazarse. Tenía la misma altura que su criada Harriet, así que le pidió que le prestase la ropa; con la cuidadosa aplicación de hollín y polvos, se convirtió en una vendedora de flores pasable.
Engalanaron a Humphrey con algunas de las antiguas ropas de Cedric. Haciendo caso omiso de los edictos de la elegancia, fue transformado a fondo en un espécimen poco respetable, su escaso cabello blanco hábilmente despeinado, aparentemente descuidado. Deverell, quien había regresado a su casa en Mayfair para crear su propio disfraz, había vuelto y mostrado su aprobación, después tomó a Humphrey a su cargo. Se pusieron en camino en un coche de alquiler para ocupar sus posiciones.
Jeremy fue, con diferencia, el más difícil de disfrazar; su figura alta y esbelta, bien definida, y sus facciones proclamaban buena crianza. Al final, Tristan aceptó que fuera con él a Green Street. Regresaron media hora más tarde con el aspecto de dos rudos braceros; Leonora tuvo que mirar dos veces antes de reconocer a su hermano.
Éste sonrió abiertamente.
– Esto es mejor que estar encerrado en el armario.
Tristan le miró ceñudamente.
– Esto no es una broma.
– No. Por supuesto que no. -Jeremy trató de parecer apropiadamente contrito, y falló miserablemente.
Se despidieron de Jonathon, infeliz pero resignado por perderse toda la diversión, prometiendo contarle todo en cuanto regresaran, después se dirigieron al club para ver a Charles y a Duke.
Duke estaba en extremo nervioso, pero Charles le tenía a su disposición. Cada uno tenía definido su papel en el juego; Duke sabía que tenía que explicar meticulosamente todos los detalles, pero aunque eso era lo más importante, le habían dicho muy claramente el papel que Charles iba a representar en el caso de que no siguiera sus instrucciones, todos estaban seguros, pasase lo que pasase que sería suficiente para asegurar la continúa cooperación de Duke.
Charles y Duke serían los últimos en salir con destino al parque de St. James. La reunión estaba programada para las tres en punto, cerca de Queen Anne Gate’s…
Eran poco después de las dos cuando Tristan ayudó a Leonora a subir al coche de alquiler, metió a Jeremy y se pusieron en marcha.
Bajaron del coche cerca del final del parque. Dieron una vuelta por el césped y se separaron, Tristan siguió hacia adelante, dando grandes zancadas, deteniéndose de vez en cuando como si buscase a un amigo. Leonora seguía unas yardas atrás, un cesto vacío colgaba sobre su brazo, una vendedora de flores dirigiéndose a casa al final de un buen día. Detrás de ella, Jeremy seguía recto, aparentemente contrariado consigo mismo y prestando poca atención a los demás.
Finalmente Tristan llegó a la entrada conocida como Queen Anne Gate’s. Se apoyó contra el tronco de un árbol cercano y se situó, un tanto malhumorado, para esperar. Según sus instrucciones, Leonora entró en el parque por un lateral. Se sentó en un banco de hierro forjado, al lado del camino de la puerta Queen Anne; se hundió en él, estiró las piernas hacia adelante, balanceando el cesto vacío contra ellas, y fijó la mirada en la vista que tenía por delante, hacia el sendero de césped que bajaba hasta el lago.
En el siguiente banco de hierro forjado situado a lo largo del camino se sentó un viejo, un hombre fuerte con cabellera canosa cubierto por una auténtica montaña de bufandas y abrigos desparejados. Humphrey. Más cerca del lago, pero en línea con la puerta, Leonora sólo podía ver la vieja gorra a cuadros que Deverell se había bajado sobre la cara; cayó bruscamente hacia abajo contra el tronco de un árbol, al parecer dormido profundamente.
Sin prestar atención a nadie, Jeremy pasó recto; salió por la puerta, cruzó la carretera, luego se detuvo mirando fijamente el escaparate de una sastrería.
Leonora meció las piernas y el cesto ligeramente, y se preguntó cuánto tiempo tendrían que esperar.
Era un día excelente, no soleado, pero lo bastante agradable para que hubiera muchas otras personas holgazaneando, disfrutando del césped y el lago. Suficiente, al menos, para que su pequeña banda fuera poco notoria.
Duke había podido describir a su extranjero sólo en los términos más superficiales; como Tristan había comentado con algo de aspereza, la mayor parte de los caballeros extranjeros de origen alemán que estaban actualmente en Londres, concordaban con su aspecto. No obstante, Leonora mantuvo los ojos abiertos, explorando a los paseantes que pasaban por delante, como una florista desocupada sin más trabajo que hacer durante el resto del día.
Vio a un caballero que venía a lo largo del camino desde el lago. Estaba meticulosamente vestido con un traje de un gris apagado. Tenía puesto un sombrero gris y llevaba un bastón asido con fuerza. Había algo acerca de él que le resultaba conocido, estrujó su memoria, algo extraño sobre la forma en la que se movía… luego recordó la descripción de la casera de Duke acerca del visitante extranjero. Un atizador atado con una correa a su columna vertebral.
Éste tenía que ser su hombre.
Pasó por delante de ella, caminando por el borde, cerca de donde estaba Tristan, miraba fijamente a la puerta, una mano golpeando ligeramente su muslo con impaciencia. El hombre sacó su reloj, comprobándolo.
Leonora clavó los ojos en Tristan; estaba segura de que él no había visto al hombre. Ladeó la cabeza como si acabara de fijarse en él, hizo una pausa como discutiendo consigo misma, después se levantó y paseó tranquilamente, meciendo las caderas al mismo tiempo que el cesto.
Él la recorrió con la mirada, enderezándose cuando ella llegó a su lado.
Su mirada se fijó rápidamente más allá de ella, percibió al hombre, después la miró a la cara.
Leonora sonrió, le dio un toque con el hombro en el lado más cercano, imitando lo mejor que podía los encuentros que ocasionalmente había presenciado en el parque.
– Puedo fingir como si estuviese sugiriendo un poco de coqueteo para animar el día.
Él le sonrió abiertamente, lentamente, mostrando los dientes, pero sus ojos permanecieron fríos.
– ¿Qué crees que estás haciendo?.
* Bolsa de pastor (Capsella burla pastoril) Planta anual que mide de 1 a 2 palmos de altura y que pertenece a la familia de las crucíferas; debe su peculiar nombre a la forma de sus frutos, que semejan el zurrón que llevan los pastores de ciertas regiones. La planta contiene aminas tipo colina, tiramina e histamina; también tiene flavonoides, ácido fumárico y taninos, así como un alcaloide: la bursina. A la planta se le reconocen propiedades vasoconstrictoras, hipertensoras, hemostáticas, diuréticas y cicatrizantes.
* Moneywort (Lysimachia nummularia) Planta del dinero.
* Consuelda (Symphytum Officinale L.) La consuelda es una hierba vivaz, de 60-100 cm. de altura, provista de un rizoma en forma de remolacha, con raíces negras ramificadas del grosor de un dedo. La raíz contiene resinas, goma, fécula, abundante mucílago, pequeñas cantidades de esencia, colina, asparagina y una importante cantidad de alantoína; esta última es una sustancia blanca, cristalizable, que se presenta en muchas partes -principalmente en la orina- del metabolismo de importantes compuestos de los mamíferos, pero no en el hombre ni en los monos superiores. Hace mucho tiempo ya que se utilizó para activar y fomentar la formación de epitelio de heridas y úlceras.