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Antes de la destrucción hay un período de calma en que se aclara la mente y se toman las decisiones exactas. Si ella no deja a un lado su actividad, no va a permitir que llegue la paz y no vamos a poder entrar en acción. ¡Y con la cantidad de cosas que hay que violentar y destruir! Es increíble que Isabel haya olvidado que su misión en la Tierra es propiciar el caos como parte del orden en el Universo. El Universo no puede permitir que el orden se instale en forma definitiva. Hacerlo significaría su muerte. La vida surgió como una necesidad de equilibrar el caos. Si el caos termina, la vida también.

Si el alma de todos los seres humanos estuviera llena de Amor y todos se encontraran ocupando el lugar que les corresponde, sería el fin del Universo.

Por eso es necesario crear todo tipo de guerras y conflictos sociales que distraigan al hombre de su búsqueda del orden, de la paz y de la armonía. Por eso es necesario llenarles el corazón de odio, confundirlos, atormentarlos, explotarlos, mantenerlos continuamente ocupados. Por eso hay que instalarlos dentro de una estructura de poder piramidal, de modo que no puedan pensar por sí mismos y siempre tengan una orden que ejecutar, un superior arriba de ellos diciéndoles lo que tienen que hacer.

Porque el día en que las células de su cuerpo se liberaran de la energía negativa entrarían en sintonía con la positiva y estarían en condiciones de recibir la Luz Divina, lo cual sería desastroso. De ninguna manera lo puedo permitir. Y es por su propio bien. El alma humana es impura. No está capacitada para recibir el reflejo luminoso de Dios. Si lo hiciera en el estado en que se encuentra, quedaría ciega. Y nadie desea eso, ¿verdad? Entonces estarán de acuerdo conmigo en que hay que evitarlo. La mejor forma de conseguirlo es poniendo la cortina de humo negro del ego frente a sus ojos para que el hombre no vea más allá de sí mismo y no pueda percibir otro reflejo que el de su propio ego proyectado en la niña de sus ojos. Y si acaso llega a adivinar una luz externa, la verá como un simple reflector que fue puesto para darle más brillo y presencia a su persona, nunca como la Luz Verdadera. Así es prácticamente imposible que el hombre recuerde de dónde viene y qué tiene que hacer en la Tierra. En ese estado de oscuridad será muy fácil alinearlo dentro de una estructura de poder terrenal. Dejará su voluntad al servicio de su superior y no opondrá la menor resistencia para ejecutar las órdenes que éste le dé.

Las órdenes se transmiten verticalmente. ¿Y quién está hasta arriba de la pirámide? Los gobernantes. ¿Y a ellos quién les dice lo que tienen que hacer? Nosotros los Demonios. ¿Y a nosotros quién nos da la línea? El Príncipe de las Tinieblas, el encargado de que el odio permanezca en el Universo. Sin odio no habría deseo de destrucción. Y sin destrucción -lo repetiré una y mil veces, hasta que se lo aprendan- ¡no hay vida! La destrucción forma parte de un plan realmente perfecto de funcionamiento del Universo. El mismo que Isabel está a punto de echar a perder.

Nunca me lo esperé. En varias vidas ha sido elegida para ocupar el puesto más alto dentro de la pirámide de poder y nunca nos había fallado. Se hace respetar y obedecer a la fuerza. Con lujo de crueldad impone sus reglas. Se sabe mantener en el trono a base de intrigas. Sabe mentir, traicionar, torturar, transar, traficar, transgredir. Sus virtudes son innumerables, pero la más importante tal vez sea que sabe mantener a la gente ocupada física e intelectualmente, sin tiempo para entrar en armonía con su ser superior y recordar su verdadera misión en la Tierra. ¡Y ahora resulta que se nos ha enamorado! Y en el peor momento, cuando tenemos que dar la batalla final y las acciones de Azucena nos tienen todo el tiempo con el Jesús en la boca. Realmente estoy preocupado.

Cuando uno está enamorado, mantiene su mente y su pensamiento en sintonía con el ser que se ama. Cuando uno se coloca en la sintonía del amor, abre la puerta al Amor Divino, y si éste se cuela en el alma estamos perdidos, pues al igual que ocurre con el ser amado, cuando uno conoce el Amor Divino sólo desea sentir su presencia en el interior. Ese día Isabel olvidaría que nació para destruir. Dejaría de trabajar para nosotros y se pasaría al otro lado, al terreno de la creación, de la armonía, del orden. El poner cosas en su lugar sólo le estaba permitido en el solitario, porque al estar ocupada acomodando cartas se ponía en un estado de tranquilidad mental que nosotros aprovechábamos perfectamente para darle instrucciones, pero ahora ni siquiera el solitario le ha calmado la mente.

Después de jugar horas y horas lo único que logró fue un dolor de cabeza espantoso que nadie le ha podido quitar. La idea de que dentro de su equipo hay alguien que la está traicionando no la deja vivir. Sabe que a la fuerza debe haber un traidor por algún lado, de otra manera no se explica cómo Azucena sigue viva. Alguien le tiene que haber advertido del atentado en contra de ella y proporcionado la solución: el cambio de cuerpos. Se ha empezado a alejar de todos sus colaboradores, pues en cada uno de ellos ve al traidor. Se dedica a estudiarlos y esperar que cometan un error para descubrirlos.

Estar ocupada en los demás le impide concentrarse en su estado interior. A ella nunca le ha gustado verse a sí misma. Nunca. Ni siquiera en el espejo. Lo cual es lógico, pues los espejos reflejan la imagen de lo que ella realmente es. Generalmente, cuando a la gente le desagrada su imagen, o de plano no la quiere ver, crea un reflejo de la persona que le gustaría ser, y de esa manera deja de mirarse a sí misma para convertirse en la imagen falsa.

Los deseos actúan como espejos. Cuando Isabel dice estar tan empeñada en destruir a Azucena lo que realmente quiere es destruirse ella misma. A mí me parece muy bien, porque no tengo nada en contra de la destrucción, pero me pregunto si Isabel opinaría lo mismo. Últimamente parece que, olvidándose de mis enseñanzas, teme destruir. Es una pena que esté llena de miedos y remordimientos. No quiere aceptar que actuó mal al dejar con vida a Rodrigo, la única debilidad que ha tenido en la vida. Ahora no le queda otra que eliminarlo, y no quiere. Éste y otros juicios que su mente elabora son los que la están aislando de mí. Los juicios siempre lo desconectan a uno de la vida. El pensar si debo hacer esto o lo otro o ir de aquí para allá causa gran desasosiego. La respuesta correcta está en nuestro interior, pero para escucharla es necesario el silencio, la calma, la parálisis.

Ojalá que Isabel pronto se tranquilice y pierda el miedo, uno no debería tener temor de sus actos, ya que la energía del universo siempre es duaclass="underline" masculina y femenina, negativa y positiva. En ella, el Bien y el Mal siempre están unidos; el miedo y la agresión, el éxito y la envidia, la fe y el temor. Por lo tanto, uno jamás puede tomar una decisión equivocada. Lo que hicimos nunca va a estar mal si realmente actuamos siguiendo nuestros sentimientos. Va a estar mal a nuestros ojos sólo si dejamos que los juicios intervengan, si la mente da cobijo a la culpa. Porque si uno hiciera a un lado la razón y se conectara directamente con la vida donde el Bien y el Mal caminan de la mano, si uno viviera de acuerdo con la vida, descubriría que no hay nada malo en el Universo, que cada partícula lleva en su interior la misma capacidad para crear y destruir. Es más, yo, Mammón, existo gracias a la autodestrucción de Isabel. Esto me limita enormemente, pero significa que si ella perdiera esa capacidad, automáticamente yo desaparecería de su vida. ¡Y eso realmente sería muy triste!