Tres
Hasta que la alarma de su departamento comenzó a sonar, Azucena no comprendió lo que Anacreonte le había estado tratando de decir. ¡Se había olvidado por completo de apagarla! ¡Eso sí que era grave! El aura de Rodrigo no estaba registrada en el sistema electromagnético de protección de su casa, por lo tanto, si no desactivaba la alarma de inmediato el aparato iba a detectar a Rodrigo como un cuerpo extraño y como resultado iba a impedir que las células de su cuerpo se integraran correctamente dentro de la cabina aerofónica. ¡Tanto tiempo de espera para salir con esa estupidez! ¡No podía ser! Rodrigo, en el mejor de los casos, corría el peligro de quedar desintegrado en el espacio por un lapso de veinticuatro horas. ¡Tenía que actuar rápidamente y sólo contaba con diez segundos para hacerlo! Afortunadamente, la fuerza del amor es invencible y lo que el cuerpo humano es capaz de ejecutar en casos de emergencia es realmente notable. Azucena en un instante cruzó la sala, desactivó la alarma, regresó antes de que la puerta del aerófono se abriera, y aún tuvo tiempo de arreglarse el pelo y poner su mejor sonrisa para recibir con ella a Rodrigo.
Sonrisa que Rodrigo nunca vio, pues en cuanto puso sus ojos en los suyos se dio inicio al más maravilloso de los encuentros: el de dos almas gemelas, en el que las cuestiones del cuerpo físico pasan a ocupar un nivel inferior. El calor de los ojos de los enamorados derrite la barrera que la carne impone y los deja pasar de lleno a la contemplación del alma. Alma que, al ser idéntica, reconoce la energía del compañero como propia. El reconocimiento empieza en los centros receptores de energía del cuerpo humano: los chakras. Existen siete chakras. A cada uno le corresponde un sonido dentro de la escala musical y un color del arco iris. Cuando son activados por la energía proveniente del alma gemela, vibran a todo su potencial y producen un sonido. Obviamente, en el caso de las almas gemelas, cada chakra resuena y es, al mismo tiempo, el resonador del chakra de su compañero. Estos dos sonidos idénticos, armonizados, generan una sutil energía que circula por la espina dorsal, sube hasta el centro del cerebro y de ahí es lanzada hacia arriba, desde donde inmediatamente después cae convertida en una cortina de color que baña el aura de arriba abajo.
Durante el apareamiento de almas, Azucena y Rodrigo repitieron este mecanismo con cada uno de sus chakras hasta que llegó el momento en que su campo áurico formaba un arco iris completo y sus chakras entonaban una melodía maravillosa, parecida a la que emiten los planetas del sistema solar en su trayectoria.
Existe una diferencia abismal entre los apareamientos de cuerpos de almas diferentes y los de cuerpos de almas gemelas. En el primer caso, hay una urgencia por la posesión física, y por más intensa que llegue a ser la relación siempre va a estar condicionada por la materia. Nunca se logrará la comunión perfecta de almas por más afinidad que haya entre ellas. A lo más que se puede llegar es a obtener un enorme placer físico, pero no pasa de ahí.
En el caso de las almas gemelas la cosa se pone más interesante, pues la fusión entre ellas es total y a todos los niveles. Así como hay un lugar dentro del cuerpo de la mujer para ser ocupado por el miembro viril, entre átomo y átomo de cada cuerpo hay un espacio libre para ser ocupado por la energía del alma gemela, o sea, que estamos hablando de una penetración recíproca, pues cada espacio se convierte al mismo tiempo en el contenedor y en el contenido del otro: en la fuente y el agua, en la espada y la herida, en el sol y la luna, en el mar y la arena, en el pene y la vagina. La sensación de penetrar un espacio sólo es equiparable a la de sentirse penetrado. La de mojar, a la de sentirse mojado. La de amamantar, a la de ser amamantado. La de recibir el tibio esperma en el vientre, a la de eyacularlo. Los dos son motivo de orgasmo. Y cuando todos y cada uno de los espacios que hay entre átomo y átomo de las células del cuerpo han sido cubiertos o han cubierto, que para el caso es lo mismo, viene un orgasmo profundo, intenso, prolongado. La fusión de las dos almas es total y ya no hay nada que la una no sepa de la otra, pues forman un solo ser. La recuperación de su estado original las hace conocedoras de la verdad. Cada uno ve en el rostro de su pareja los rostros que la otra ha tenido en las catorce mil vidas anteriores a su encuentro.
Llegado ese momento, Azucena ya no supo quién ni qué parte del cuerpo le pertenecía y qué parte no. Sentía una mano pero no sabía si era la suya o la de Rodrigo. Era una mano, punto. Tampoco supo más quién estaba adentro y quién afuera. Quién arriba y quién abajo. Quién de frente y quién de espalda. Lo único que sabía era que formaba junto con Rodrigo un solo cuerpo que, adormecido de orgasmos, danzaba en el espacio al ritmo de la música de las esferas.
Azucena aterrizó nuevamente en su cama cuando sintió una pierna entre las suyas. De inmediato supo que esa pierna no le pertenecía, o sea, que no era ni de Rodrigo ni de ella. Rodrigo tuvo que haber sentido lo mismo, pues gritó al unísono con ella cuando descubrió el cuerpo de un hombre muerto a su lado. La vuelta a la realidad no podía haber sido más bestial. La recámara de la luna de miel estaba llena de policías, reporteros y curiosos. Abel Zabludowsky, micrófono en mano, sentado a la orilla de la cama de Azucena, entrevistaba en ese momento al jefe de campaña del candidato americano a la Presidencia Mundial del Planeta, quien acababa de ser asesinado.
– ¿Tiene usted alguna idea de quién disparó contra el señor Bush?
– No.
– ¿Cree usted que este asesinato es parte de un complot para desestabilizar los Estados Unidos de Norteamérica?
– No lo sé, pero definitivamente este cobarde asesinato nos ha sacudido la conciencia y no puedo más que condenar, al igual que todos los habitantes del Planeta, el que la violencia nos haya vuelto a ensombrecer. Y quiero aprovechar la oportunidad que me da para manifestar públicamente mi repudio absoluto a este tipo de actos y para exigir que la Procuraduría General del Planeta proceda de inmediato para saber de dónde proviene este ataque y quiénes son los autores intelectuales. Pienso que hoy es un día de luto para todos.
El jefe de la campaña presidencial, al igual que todo el mundo, estaba de lo más consternado. Hacía más de un siglo que se había erradicado el crimen del planeta Tierra y este hecho tan inexplicable los hacía volver a una época de oscurantismo que parecía, superada.
A Azucena y a Rodrigo les tomó un momento recuperarse de la impresión. Rodrigo no sabía qué estaba pasando, pero Azucena sí. Se le había olvidado apagar el despertador que tenía conectado a la televirtual. Tomó el control remoto que estaba en su mesa de noche y apagó el aparato. Las imágenes de todos los presentes en el lugar del asesinato de inmediato se esfumaron, pero el sabor amargo que les quedó en la boca, no. Azucena tenía náuseas. No estaba acostumbrada a enfrentarse con la violencia. Mucho menos de una manera tan brutal, tan directa. Es que la televirtual verdaderamente lo transporta a uno al lugar de los hechos. Lo instala en el centro de la acción. Curiosamente, por eso la había adquirido. Porque era muy agradable despertarse con el reporte climatológico. Uno podía amanecer en cualquier lugar del mundo o la galaxia. Gozar desde los paisajes más exóticos hasta los más sencillos. Abrir los ojos viendo el amanecer en Saturno, escuchar el sonido del mar neptuniano, gozar el calor de un atardecer jupiteriano o la frescura de un bosque recién bañado por la lluvia. No había mejor manera de levantarse antes de ir al trabajo. Nunca esperó tener un despertar tan violento después de la noche maravillosa que había pasado. ¡Qué horror! No podía quitarse de la mente la imagen del hombre con un balazo en la cabeza en medio de su cama. ¡Su cama! ¡La cama de Rodrigo y de ella manchada de muerte! Pero, al mirar nuevamente los ojos de Rodrigo, recuperó el alma y los horrores se esfumaron. Y al sentir su abrazo, recuperó nuevamente el Paraíso. Ella se habría quedado por siempre así de no haber sido porque Rodrigo la separó. Quería ir a su departamento a recoger sus cosas. Pensaba mudarse de inmediato y no separarse nunca más de ella. Antes de salir, Azucena le prometió que a su regreso no encontraría más sorpresas desagradables. Iba a desconectar todos los aparatos electrónicos de su casa y dejaría la alarma del aerófono desactivada para que Rodrigo no tuviera problemas para entrar nuevamente al departamento. Rodrigo festejó la medida con una amplia sonrisa y ésa fue la última imagen que Azucena tuvo de él.