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—¿Acepta una taza de café? Hay un bar al lado. Es la hora de mi descanso.

—No creo que lo sea —replicó ella; eran las cinco menos cuarto de la tarde. Ella miró hacia el Extraño—. Claro que me gustaría tomar café, pero…

—Vuelvo en diez minutos, E’nememen Asfah —le dijo Orr a su patrón mientras iba a buscar su impermeable.

—Tómese la tarde —dijo el Extraño—. Hay tiempo. Hay regresos. Ir es regresar.

—Muchas gracias —dijo Orr, y le estrechó la mano.

En su mano, la gran aleta verde se sentía fría. Salió con Heather a la cálida tarde lluviosa de verano. El Extraño los miró a través de la vidriera, así como un animal marino podría mirar desde un acuario, viéndolos pasar y desaparecer en la bruma.

FIN