Выбрать главу

– Me encantaría -dijo.

– Sólo una cosa, señor Hawthorne -dijo el carcelero-. Ahora que es libre de ir y venir a su antojo, ¿no cree que estaría mucho mejor que dejara de llamarme «carcelero»? Me llamo Charlie.

– Pues claro, Charlie -dijo Decker.

11

RESCATE

6 de junio, 4 N.E.

Aquélla fue la primera noche que Decker durmió bien desde su llegada a Petra. Ya de mañana le despertó un golpe en la puerta, seguido de la simpática voz de su joven tocayo.

– Señor Hawthorne -llegó la voz de Decker Donafin desde el otro lado de la puerta.

– Despierte, señor Hawthorne. Mi madre dice que el desayuno estará listo enseguida. Si llegamos tarde, Tom no nos habrá dejado nada.

– Bueno, pues no puede ser -contestó Decker incorporándose en la cama-. Corre a la tienda y protege nuestra ración, que yo voy lo más rápido que pueda.

– Mi madre me ha dicho que podía esperarle aquí.

– Oh… Sí, claro. Enseguida salgo.

Decker se cepilló los dientes a toda prisa, se pasó una toalla húmeda por la cara y se vistió. No había mucha ropa donde elegir; no tenía más que lo que llevaba la noche del secuestro y un poco de ropa muy usada, pero limpia, que le había proporcionado el KDP. Enseguida, él y Decker Donafin estuvieron de camino. La tienda quedaba a unos mil doscientos metros y no fue hasta que habían recorrido casi la mitad del camino, cuando Decker se dio cuenta de que faltaba algo.

– Decker -le preguntó al niño-, ¿por qué no hay maná esta mañana?

Decker Donafin le miró sorprendido.

– Es sabbat, señor Hawthorne. El maná no cae en sabbat; por eso recogemos el doble el viernes. Mañana volverá a haber.

Rhoda y Rachael habían preparado un desayuno a base de fruta y tortas de maná. El maná empezaba a resultar algo monótono, pero la compañía lo compensaba con creces. Después de desayunar, Rhoda y los niños se marcharon, para atender a un servicio religioso que se celebraba a un extremo del campamento. Invitaron a Decker a que les acompañara, pero éste declinó el ofrecimiento y optó por ir a dar un paseo. Luego Rhoda y el joven Decker se habían ofrecido a hacer con él una visita guiada a las ruinas de Petra.

Cuando regresaron, Rhoda empaquetó el almuerzo, cogió su maletín de médico y emprendieron la marcha. El plan era empezar por la tumba del Frontón Partido, la tumba Renacentista, el Triclinio y la tumba del Soldado Romano. Desde allí visitarían las fachadas de Wadi Farasa y luego rodearían el resto del extremo sur de la ciudad. Por el camino Rhoda tenía que visitar a algunos pacientes, así que los dos Decker podían seguir adelante y ella les alcanzaría después.

El plan de Rhoda suscitó a Decker una pregunta que no se le había ocurrido hasta ese momento.

– Pero no entiendo -dijo-. ¿Por qué necesitáis médicos aquí? Creía que los KDP tenían el poder de sanar. ¿Por qué no recurre la gente a los KDP cuando están enfermos o heridos?

– Es Dios quien tiene el poder de curar, no los KDP -contestó Rhoda-. En ocasiones, Dios escoge a un miembro del KDP como agente suyo, para curar a una persona, pero no depende de nosotros decidir cuándo.

– Vamos, que si estás enfermo no te queda más que rezar por que Yahvé esté de buen humor. Y si no es así, llamas al médico y ya está. -Decker no tenía intención de iniciar una discusión, pero no pudo resistirse a hacer el comentario,

– No -sonrió Rhoda, tomándose las palabras de Decker a broma antes que como un deseo de cuestionar sus creencias-. No es cuestión de que Dios esté o no de buen humor, sino de cuál es su voluntad para con la vida de cada persona. Dios nunca ha pretendido hacerlo todo por nosotros. Nos ha dado pies para andar, un cerebro para pensar y manos para trabajar. Yahvé es un dios creador, y como hijos suyos que somos, está en nuestra naturaleza crear. Cuando trabajamos, ya sea como labradores o constructores o médicos, participamos de la creación de Dios. Un labrador utiliza la tierra, las semillas y la lluvia creadas por Dios y produce una cosecha para alimentar a su familia. El constructor toma las materias creadas por Dios y construye una casa. Yo, como médico, estudio el funcionamiento del cuerpo humano que Dios ha creado, y cuando hay una herida o cuando una enfermedad invade el cuerpo, entonces hago cuanto puedo para repararlo. El trabajo siempre ha formado parte del proyecto de Dios -dijo-. A Adán y Eva se les dijo que cultivaran el jardín del Edén, y nosotros seguiremos trabajando incluso después de que Jesús regrese y establezca su reino.

Se detuvieron a descansar un momento en el saliente de delante de la tumba del Frontón Partido. Ante ellos, en la llanura de Petra, se extendían kilómetros y kilómetros de tiendas de campaña, interrumpidos solamente por huertas de árboles frutales, pequeños parques infantiles, zonas de reunión, letrinas, etc.

– Háblame de Petra -dijo Decker mientras admiraba la vista.

– Supongo que sabrá -contestó Rhoda pasados unos instantes- que el nombre Petra proviene de la voz griega petros, que significa roca. El porqué de ese nombre para este lugar es más que evidente. -Decker asintió y Rhoda continuó-: En sus orígenes, Petra y sus alrededores estuvieron habitados por los edomitas, que eran los descendientes de Esaú, nieto de Abraham, al que también llamaban Edom. Luego, hacia el siglo tercero o cuarto a. C., Petra fue poblada por los nabateos, una próspera tribu de beduinos nómadas que comerciaba entre Arabia y el Mediterráneo. La ciudad les sirvió de capital durante cuatrocientos años. En esa época llegó a tener una población de doscientos cincuenta mil habitantes. Petra les proporcionaba un lugar seguro y agua en abundancia, y acabó convirtiéndose en la encrucijada de las rutas comerciales que unían Siria con el mar Rojo, y la India con el Golfo y el Mediterráneo.

»En el siglo primero, Petra pasó a formar parte de la provincia romana de Siria. Con el tiempo, la influencia de Roma y la desviación de las rutas comerciales a favor de ésta debilitaron la cultura nabatea, y Petra entró en declive. Tanto fue así que en la época de las Cruzadas la ciudad ya no era más que una ruina deshabitada. Si se siente con fuerzas para hacer la escalada, se pueden visitar los restos de los tres fuertes que levantaron los cruzados cuando ocuparon Petra en los siglos xii y xiii. Cuando se fueron, la ciudad quedó totalmente desierta, y su emplazamiento no tardó en caer en el olvido, sobreviviendo únicamente en las leyendas, como una suerte de versión árabe de Troya -dijo refiriéndose a la legendaria ciudad de la Ilíada de Homero.

»Entonces, en 1812, un explorador suizo, que se había disfrazado de peregrino musulmán árabe para poder entrar en la Meca, se topó con Petra en el viaje y habló al mundo entero de su descubrimiento. Después de aquello, cientos de expediciones arqueológicas y decenas de miles de turistas inundaron Petra.

– ¿Y ahora? -dijo Decker abarcando con un barrido de su mano el panorama que se desplegaba ante él-. Háblame de Petra en la actualidad.

– Oh -dijo ella ajustando su perspectiva temporal-. Bueno, la Biblia dice en el libro del Apocalipsis que Dios preparará un lugar en el desierto de Israel para escapar de Satanás durante la segunda mitad de la Tribulación. [72] Antes del Rapto, muchos asociaron ese lugar con Petra. Algunos, entre ellos el rabino Cohen y los padres de Scott, llegaron incluso a empezar a reunir fondos para dotar a la ciudad de armas defensivas. Pasado un tiempo, sin embargo, cayeron en la cuenta de que Dios pretendía defender Petra en persona y que sus esfuerzos no iban a ser necesarios, así que destinaron el dinero que habían reunido a la compra de semillas, fertilizante y aperos de labranza. Dios prometió proporcionarnos un refugio en el desierto, y dijo que nos proveería de agua en abundancia -Rhoda hizo una pausa y señaló hacia el Ain Musa, el canal del que Petra obtenía casi toda su agua-, y árboles. [73] Y bueno, además ya ha visto el maná cada mañana. Pero Dios nunca nos prometió variedad; de eso nos hemos ocupado nosotros con nuestras huertas. Aunque, claro, es Dios quien hace que crezcan las semillas. Nosotros hacemos nuestra parte y él se encarga del resto. Además, las huertas nos mantienen ocupados -añadió-. Lo cierto es que, pasado un tiempo, la vida aquí puede acabar resultando algo monótona.

вернуться

[72] Apocalipsis 12, 6.

вернуться

[73] Isaías 41, 17-20.