»Cuando Juan y Cohen resucitaron, a los tres días, nos dejaron un recuerdo de su infame carácter destructivo: un terremoto que redujo a escombros el diez por ciento de la ciudad de Jerusalén, y mató a siete mil personas. Por fortuna, fue lo último que sabríamos de esos hombres.
»Durante los tres años siguientes, nuestro planeta experimentó, bajo mi liderazgo, un periodo de paz y prosperidad sin precedentes. Y en este ambiente de paz, mientras entrábamos en la Nueva Era de la Humanidad, aquella que Yahvé había intentado detener infructuosamente, gentes de todos los rincones del mundo, de todas las razas, culturas, nacionalidades y edades comenzaron a experimentar poderes de la mente y el espíritu con las que hasta ese momento sólo podían haber soñado.
»Hace trece meses, con la comunión, el mundo fue testigo del fin de las enfermedades, de milagrosas recuperaciones de heridas, e incluso del contrarresto del proceso de envejecimiento. La humanidad marchaba por fin a plena velocidad hacia su destino glorioso.
»Eso nos trae a los sucesos de las cuatro últimas semanas.
»Ante la incapacidad de poder controlarnos durante más tiempo, y con la Humanidad con un pie ya en el umbral de la Nueva Era, Yahvé y sus secuaces, el KDP y los fundamentalistas, desataron otra serie de plagas para que, temerosos, nos sometiéramos de nuevo. Primero fueron las lesiones sobre los que habían osado dar el primer paso hacia la Nueva Era tomando la comunión. Luego transformó los mares y después el agua dulce en sangre. Y cada vez que Robert Milner detenía una plaga, otra nueva seguía a la anterior. Después llegó el calor extremo y, finalmente, la oscuridad. La suma de estas cinco últimas plagas se ha cobrado un total de quinientos diez millones de muertos más.
»Pero ahora todo eso se ha acabado. Os repetiré lo que dije antes: ¡no habrá más plagas!
»Los ejércitos de Yahvé son como un taburete de tres patas, formados por el KDP, los fundamentalistas y los judíos que viven en Petra. Gracias a los esfuerzos conjuntos de la policía y de las fuerzas de seguridad de todo el mundo, el plan para hacer frente a la amenaza fundamentalista está siendo un éxito. ¡Hemos separado esa pata del taburete y dividido su poder! ¡No habrá más plagas!
»El KDP, los fundamentalistas, los moradores de Petra, y Yahvé han hecho todo el daño que podían hasta ahora. De modo que permitid que la primera prueba de que lo que os digo es verdad se os ofrezca y sea confirmada cada día, al comprobar que no se abaten sobre nosotros más plagas.
»Pero no basta con quitarle una pata al taburete. Debemos completar nuestra meta haciendo frente también al KDP y a los habitantes de Petra. Si no hacemos nada, aprenderán a sostenerse sobre dos patas y harán cosas aún peores, tanto que destruirán a la Humanidad por completo.
»He sido criticado por no tratar con mayor dureza al KDP y a quienes lo apoyan. Admitiré que siempre he tenido la esperanza de que el KDP se diese cuenta de lo equivocado de sus formas y acabara por unirse a nosotros. No me arrepiento de haber mantenido la esperanza. Sin embargo, sí que lamento el sufrimiento humano que han causado mientras nosotros les tendíamos la mano de la paz. Ahora ha quedado claro que no nos acompañarán en nuestro viaje. Como ellos así lo han elegido, nosotros debemos abandonarles. Sé que habrá quienes teman que la paciencia que he demostrado tener con el KDP en el pasado me empuje una vez más a ofrecerles la rama de olivo. Permitid que os asegure que eso no va a ocurrir. El KDP y el resto del Culto de Yahvé han demostrado ser fanáticos maníacos, intolerantes y estrechos de miras que cruelmente invocan plagas sobre la Tierra como si de una diversión se tratara. Ha llegado el momento de hacerles frente con el mismo fervor.
»Se han reunido en la antigua ciudad fortificada de Petra, un emplazamiento irónicamente oportuno, puesto que la suya es una religión antigua; una religión vieja y frágil que está a punto de derrumbarse sobre ellos. Que la leyenda de Josué sirva entonces como metáfora de su propia aniquilación. En esa leyenda, el pueblo de Israel, bajo el reinado de Josué, se reunió en torno a la ciudad amurallada de Jericó. [83] Reunámonos, pues, en Petra. Pero, a diferencia del pueblo de Israel que invocó a Yahvé para que destruyera Jericó, nosotros no invocaremos a nadie. Ni tampoco iremos armados. Puesto que sólo con la unión de nuestra voluntad y fuerza interior, el universo entero será testigo de que no hay muro de piedra ni dios autoproclamado que pueda hacer frente a la Humanidad unida. Porque igual que en la leyenda cayeron los muros de Jericó, caerán también las murallas de Petra sobre quienes han hecho llover el terror sobre nosotros. Deshagámonos de una vez por todas de Yahvé y de quienes con grado nos hincarían de rodillas a la fuerza para que le adorásemos.
»Hasta aquí mi propuesta. Pero yo ofrezco más.
»He dicho que os brindaría la forma de que estuvieseis seguros de que lo que prometo -el fin de las plagas, el fin de Yahvé, y nuestra victoria- está a nuestro alcance.
»La prueba que os ofrezco no será un milagro salido de las manos de Robert Milner. Ni tampoco causaré yo, personalmente, ningún hecho milagroso. Al contrario, el milagro lo obraréis vosotros, la Humanidad, y sólo necesitaréis valeros de la voluntad y el poder que lleváis dentro de cada uno. Pues dejadme que os asegure -dijo Christopher- que, durante estos tres últimos años desde que la Humanidad comenzara a experimentar los poderes de la mente y del espíritu, la evolución no se ha detenido.
»Dentro de dos semanas, os será mostrada la primera de tres importantes señales con las que se os demostrará definitivamente que la Humanidad, durante los tres últimos años, ha dado un paso de gigante en el proceso evolutivo. Sois vosotros, quienes escucháis mi voz y os habéis unido al resto de la Humanidad, quienes obraréis el milagro. ¡Y veréis por vosotros mismos por qué os teme Yahvé!
»La Humanidad debe ser libre para alcanzar su destino. El profesor Harold Goodman no halló por azar las células de la Sábana a partir de las cuales yo fui clonado. Yo he venido a la Tierra para actuar de catalizador y hacer posible que la Humanidad alcance su destino. Pero no es mi función conducir a la Humanidad a la Nueva Era. Al contrario, cada uno debe entrar en ella motu proprio y por medio de su propio poder. Y cada uno de vosotros debe participar, pues aunque cada uno de nosotros debe acarrear su propio peso, todos debemos caminar juntos como una sola familia.
»Todos nosotros hemos perdido amigos o familiares en las últimas semanas -dijo Christopher, para concluir-, y sería comprensible que se produjera una liberación sana de cólera. Y si buena parte de esa cólera se dirige contra mí, entonces, que así sea. Conozco de sobra las llamadas que se han hecho pidiendo mi dimisión y sé que muchos de los que escucháis me odiáis tanto como a Yahvé por todo lo que os ha ocurrido. Pero antes de que abandonéis el camino que nos ha traído hasta aquí, sabed que las plagas no son ni han sido jamás el resultado de un enfrentamiento entre Yahvé y yo. Las plagas que nos afligen tienen una única y sencilla razón: ¡después de miles de años de estancamiento, la evolución ha situado a la Humanidad al borde de una transformación que conducirá a quienes la asuman tan por encima de los limitados confines de la forma humana actual como la Humanidad lo está ahora de una sencilla ameba unicelular!
»¡Uníos a mí en esta última batalla contra el Culto de Yahvé y abramos juntos para siempre la puerta de la cárcel del estancamiento evolutivo donde tanto tiempo hemos permanecido encerrados! Gracias, y buenas noches.»