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– Pero ¿no podemos responder de otra forma?

Christopher negó con la cabeza.

– No es tan sencillo, Decker, y el KDP lo sabe. Por esa razón hablan con tanta seguridad. No es una coincidencia que las plagas hayan ido de mal en peor. Debemos detener al KDP antes de que se haga más fuerte y pueda atacar de nuevo, porque, de hacerlo, la siguiente plaga acabará con todos los seres humanos del planeta, salvo el KDP y sus seguidores de Petra. Nadie fuera de las murallas de Petra, ni siquiera los fundamentalistas, sobrevivirá.

– Sólo estoy hablando de un pequeño retraso. En Petra hay tantas personas cuya única falta ha sido dejarse engañar por el KDP -suplicó Decker-. Si marchas sobre Petra en septiembre, tendrán el mismo final que el de quienes los han engañado.

– No sé qué es lo que piensas que voy a hacer -objetó Christopher-. ¿Crees que vamos a entrar allí y matarlos a todos? Igual que a los fundamentalistas, se dará al pueblo de Petra la oportunidad de renegar de Yahvé y del KDP. Quienes estén dispuestos a abandonar Petra y rechacen al KDP podrán hacerlo.

– Pero ¡no lo harán! -insistió Decker-. Si marchas sobre Petra en septiembre, estarás cumpliendo al pie de la letra lo que el KDP ha anunciado que harás. Tú, con tus acciones, estarás dando crédito al KDP. ¿Y si fueras el mes que viene, en agosto?

Christopher sacudió la cabeza.

– Es imposible que estemos listos tan pronto.

– Entonces, ¿por qué no esperar hasta octubre? Tú mismo has dicho que el KDP se había debilitado tanto que sería incapaz de invocar más plagas durante un buen tiempo.

Christopher no contestó, pero era obvio que no había cambiado de idea.

Decker intentó atacar por otro flanco.

– Christopher, cuando recomendé que se recurriera al uso de la marca, lo hice para sacar partido de las profecías de la Biblia. Lo que te estoy sugiriendo ahora es exactamente lo mismo, sólo que ahora creo que deberíamos hacer justo lo contrario de lo que dicen las profecías -y mientras hablaba se le ocurrió otra idea-: Además -dijo-, si marchas sobre Petra en septiembre, caerás en una trampa.

Christopher recibió la sugerencia con una mirada desacostumbradamente fría.

– Es curioso, Decker, pero me parece que no soy yo el que te preocupa.

– Pues no exclusivamente, no -se apresuró a admitir Decker-. Mentiría si dijera lo contrario. Pero mis motivos no restan valor a lo que digo. Si sólo pudieras esperar un mes, la gente de Petra se daría cuenta de que el KDP se equivoca y su férreo control sobre ellos se haría añicos. Podemos cumplir nuestra misión y evitar una masacre.

– Pero, Decker, es que no entiendes que cada día de retraso será como posponer la extirpación de un cáncer mortal. ¡En un mes, en sólo un mes, esa gente a la que intentas proteger ha matado a más de quinientos millones de personas y acabado con la práctica totalidad de las criaturas marinas del planeta! No es mi deseo matar a nadie -continuó Christopher-, pero te equivocas. Por mucho que retrase mis planes, ellos nunca reconocerán estar equivocados. Se limitarán a encontrar la forma de reinterpretar las profecías, para que éstas digan que yo iba a llegar el mes siguiente, o el siguiente, o el mes después del siguiente. ¿Tienes idea de cuántas veces han recurrido estos tipos religiosos al revisionismo profético en el pasado? Los líderes de los Testigos de Jehová hicieron del revisionismo casi un arte, prediciendo numerosos eventos que jamás ocurrieron, [84] incluido el fin del mundo en la década de 1870 y en 1914, [85] y de nuevo en 1975. [86] Una y otra vez, hacían los líderes sus predicciones, y una y otra vez se equivocaban. Y cuando la fecha de la predicción prescribía, se inventaban alguna excusa diciendo que lo que habían predicho sí que se había cumplido, aunque sólo en el «reino celestial» o de modo «invisible». [87] O bien alegaban jamás haber hecho la predicción y que lo que habían dicho había sido malinterpretado o aceptado demasiado literalmente por otros. Y aun así, una y otra vez, sus seguidores les creían. Ninguna verdad, por clara que estuviera, les apartó de lo que querían creer.

Christopher meneó la cabeza para expresar la futilidad de cualquier intento de convencer a los seguidores del KDP de que estaban equivocados.

– Si pospongo al mes siguiente la marcha sobre Petra, el KDP se inventará una excusa. Harán precisamente lo mismo que hacían los líderes de los Testigos de Jehová. Y sus seguidores seguirán creyéndoles a pies juntillas.

Lo que Christopher decía tenía sentido. Y mientras Decker recapacitaba sobre todo ello, las caras de Rhoda y Tom hijo y Rachael y Decker Donafin y toda la gente de Petra pareció que empezaban a desdibujarse en su memoria. A lo mejor Christopher tenía razón; a lo mejor no era más que el cansancio y la edad.

– Pero no podemos dejar que… -Decker intentó pensar en algo, en otra razón, pero al parecer se estaba quedando sin argumentos. Con todo, no podía darse por vencido y dejar que la gente de Petra muriera. Tenía que haber una manera… algo en lo que no había caído todavía.

– Siento que no podamos estar de acuerdo en esto, Decker -dijo Christopher-, pero he de hacer lo que creo que es lo mejor. Y, francamente, no tengo tiempo para seguir discutiendo sobre el tema. -Se levantó y volvió a su mesa, dejando a Decker allí sentado.

De no haberle dado la espalda tan rápidamente, Christopher habría podido ver el gesto repentino de asombrada reminiscencia que turbó el rostro de Decker, y la expresión de horror que le siguió: un horror tan grande que todos los pensamientos sobre Petra, la única razón por la que había viajado hasta allí, quedaron totalmente eclipsados en su mente.

Decker había visto algo. No era una metamorfosis monstruosa como la del sueño del avión, pero era igual de terrorífica. Había sido la expresión en el rostro de Christopher cuando había dicho que no tenía tiempo para discutirlo. Sólo había sido un gesto, pero su significado no se podía ignorar. Decker sólo lo había visto antes en una ocasión, era exactamente la misma expresión que llenaba el rostro de Christopher en el Líbano, hacía tantos años, cuando le preguntó sobre Tom.

En este instante, el universo cambió.

Y entonces lo dijo.

– Hay otra cosa.

Con esas tres palabras, Decker cruzó la línea de cortesía que había mantenido durante más de veinte años. Había aconsejado, e incluso discutido con Christopher, pero nunca hasta entonces se había enfrentado a él. Lo cierto era que sus palabras podían haber significado cualquier cosa. Podía haber dejado la cosa tal como estaba. Pero Decker se sentía como atrapado en una tempestad que, incapaz de esquivarla por más tiempo, no le quedaba más remedio que atravesar.

– No hay nada más que discutir. -La expresión no se había borrado del rostro de Christopher.

– No me refiero a Petra -dijo levantándose de la butaca, para mirar a Christopher de igual a igual.

– ¿Entonces? -preguntó Christopher, que parecía ignorar la tempestad que arreciaba en la mente y el corazón de Decker-. ¿Qué más he hecho que no merezca tu aprobación?

Decker captó un leve y velado sarcasmo en la voz de Christopher que no había escuchado nunca hasta entonces. Y, de repente, comprendió por qué Christopher no le había telefoneado en todo el tiempo que había estado en Derwood. Christopher ya no le necesitaba. Se había servido de él y ahora había perdido toda utilidad. Lo cierto era que Christopher ya no tenía tiempo para Decker.

– Ibas a abandonar a Tom Donafin -contestó.

Christopher respondió con una mirada de absoluta perplejidad.

– ¿De qué demonios estás hablando? -preguntó. Su voz revelaba confusión, por la relevancia que Tom Donafin podía tener en aquella conversación, y también una cólera creciente-. ¿Abandonarle? ¿Dónde?

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[84] Véase David A. Reed, Index of Watchtower Errors (Grand Rapids, Mclass="underline" Baker Book House, 1990).

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[85] Studies in the Scriptures, vol. 3 (Allegheny, PA: Watch Tower; 1891).

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[86] «Why are you looking forward to 1975?», Watchtower, 15 de agosto, 1968, pp. 494-501. También, The Truth That Leads to Eternal Life (Brooklyn: Watch Towei; 1968), p. 95; Awake, 8 de octubre, 1968, pp. 13-14; y Man's Salvation Out of the World Distress in Hand! (Brooklyn: Watch Tower, 1975), p. 75.

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[87] Golden Age (Brooklyn: Watch Towei; 1930), p. 503.