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Mantuve mis manos siempre extendidas hacia un pueblo rebelde, aquellos que caminaban por camino no bueno, tras sus propios pensamientos. Ese pueblo me provoca a mi cara de continuo… que dicen: «¡Hazte allá, no te acerques, porque te santificaría!». [122]

»¿Acaso no es la Biblia la historia de nuestra rebelión y del perdón de Dios?

»Moisés dijo que nuestros antepasados se rebelaron contra el Señor desde el mismo día que salieron de Egipto. [123] En dos ocasiones estuvo Dios a punto de destruir Israel de no haber sido por Moisés, que le rogó que no lo hiciera. [124] ¿No fue Aaron -dijo Cohen mirando a Levin-, cuyas vestiduras viste usted, el que dijo de nuestros antepasados que eran un pueblo empecatado? [125] Y ¿no nos llamó el mismísimo Dios pueblo duro de cerviz? [126]

»¿Y acaso no rechazamos y nos rebelamos contra Dios cuando, a pesar de habernos él bendecido con su ley, seguimos nuestro camino una y otra vez, violando la ley, ignorando a sus profetas, y haciendo caer su cólera sobre nosotros?

»¿Por qué habría de sorprendernos entonces que nuestros antepasados, y nosotros, rechazáramos también al Mesías cuando Dios nos lo envió? ¡Desde luego que habría sido impropio de nosotros hacer lo contrario!

»Y como José, que cuando fue rechazado por sus hermanos salvó a los egipcios primero [127] y luego a su propia familia, Yeshua, cuando fue rechazado por nuestros antepasados, se concentró en la salvación de los gentiles. Así está escrito: "Al que no es mi pueblo lo llamaré pueblo mío". [128] Y ahora, por fin, ha llegado el momento de la salvación de Israel.

– Hablas de nosotros como si fuéramos un pueblo atroz -suspiró Samuel Newberg, que pretendía hacer una concesión más que plantar batalla.

– Pero no peor de lo que somos. La arrogancia no tiene cabida cuando nos encontramos ante un Dios sagrado. Y aun así, a pesar de todo, Dios nos dice por medio de Moisés que somos un pueblo santo para el Señor, al que Dios ha elegido entre todos los que pueblan la faz de la Tierra para que seamos su pueblo, su «personal propiedad». [129]Tal y como decía usted -dijo Cohen evocando el comentario anterior de Levin-, el historial que tenemos nosotros y los gentiles no es como para presumir. Ambos necesitamos el perdón de Dios.

Chaim Levin cruzó las manos pensativo. Pasó un largo rato sin que nadie pronunciara palabra. Luego, finalmente, Cohen añadió:

– Lo cierto es que no puedo contarle nada que usted ya no sepa. No puedo hacerle más fácil la decisión. No puedo convencerle más. Es más, me temo que no hay nada de qué convencerle. Usted conoce la verdad. La conoce desde hace tiempo.

El sumo sacerdote respiró hondo y dejó escapar el aire muy despacio, con la mirada fija en los ojos de Cohen mientras recapacitaba sobre lo que acababa de escuchar.

– Ya no se trata de hallar la verdad -concluyó Cohen-, sino de hallar el coraje para hacer frente a la verdad que ha hallado.

Chaim Levin frunció el ceño y pensó y asintió lentamente, y luego pensó y asintió otro rato más. Newberg y Benjamin Cohen aguardaban en silencio.

– No conozco vuestro libro -dijo Levin, por fin-. ¿Qué dicen los profetas cristianos que debe hacerse?

– La respuesta -dijo Cohen sacudiendo la cabeza- no la dan los profetas cristianos. Repare, más bien, en las palabras de Zacarías:

Y derramaré sobre la casa de David y sobre el habitante de Jerusalén espíritu de gracia y de plegaria, y mirarán hacia mí, a quien traspasaron, y plañirán por él cual suele plañirse al hijo único, y se hará duelo amargo por él como suele hacerse por el primogénito. [130]

Jueves 3 de septiembre, 4 N.E.

Megiddo, Israel

La luz roja de la cámara se iluminó, indicando que empezaba a emitir en directo para la cadena.

– Armagedón -arrancó el periodista en tono inquietante-, una palabra que ha infundido terror a la Humanidad durante casi dos mil años, una palabra convertida en sinónimo del fin del mundo. Soy Jane Reed y les hablo desde las ruinas de la antigua ciudad de Megiddo, sobre el valle de Jezreel, en Israel. Es de esta montaña, donde se erige esta antigua ciudad -la montaña de Megiddo o, en hebreo, Har-Mageddon-, de donde el apocalíptico Armagedón toma su nombre.

»A mi espalda, extendiéndose a lo largo de más de treinta kilómetros, se despliega el valle de Jezreel. -La cámara se paseó por la vasta expansión mientras la periodista continuaba su relato-. Fue precisamente esta vista aventajada del valle y las dos importantes rutas comerciales [131] que lo atravesaban los que convirtieron a Meggido en un importante emplazamiento estratégico de Oriente Próximo en la antigüedad, además de escenario de numerosas batallas entre el 3000 y el 400 a.E.P. [132] Aquí fue, donde en el año 1460 a.E.P., el faraón egipcio Tutmosis III lideró un exitoso ataque preventivo contra los príncipes de Megiddo y Kadesh para establecer la frontera occidental de su imperio en el río Éufrates.

»Y también es aquí donde las profecías del Nuevo Testamento dicen que se libraría la última batalla.

»Resulta irónico -continuó la periodista al tiempo que la cámara volvía a enfocarla a ella- que el valle que se despliega a los pies de Megiddo, o Har-Mageddon, que ocupa un lugar en la que ya se publicita como la que podría calificarse como una batalla final -una batalla que, aún más irónicamente, promete poner fin a la religión que alimentó la profecía e incluso a la religión que alimentó la religión-, pero es poco probable que ni la montaña ni el valle sean testigos de enfrentamiento alguno. En su lugar, el emplazamiento ha sido escogido como escenario para la puesta en escena de la que se espera sea con mucho la mayor movilización de fuerzas militares internacionales de toda la historia. Dentro de muy poco se reunirán aquí unidades militares de más de ciento cincuenta países miembros de las Naciones Unidas. -Ahora la emisión saltó a una grabación previamente preparada en la que una división del cuerpo de ingenieros de la ONU marcaba el terreno, dividiendo en secciones el valle, al tiempo que la voz de la periodista continuaba escuchándose de fondo-. Como avanzadilla, se han desplazado ya hasta aquí varios equipos logísticos, que están estudiando la topografía del terreno, y mañana por la noche varios convoyes nocturnos transportarán a la zona carpas e instalaciones sanitarias para los ejércitos de tierra que se espera que empezarán a llegar de aquí a cinco días.

»Aunque todavía no se han hecho públicas las cifras exactas -continuó, al tiempo que finalizaba el corte y la cámara volvía a emitir su rostro en directo-, se estima que en menos de dos semanas el valle estará acogiendo a muchos más de seis millones de soldados. Desde aquí, en algún momento a mediados de mes, los ejércitos de la ONU avanzarán hacia el sur pasado Jerusalén, cruzarán la frontera a Jordania y marcharán hasta la zona de los alrededores de Petra, plaza fuerte del KDP. Allí se les unirán otras unidades procedentes de China, India, Corea, Tailandia, Mongolia y otros países orientales. Será en Petra donde se libre la batalla, y ello se hará, por lo que, el secretario general Christopher Goodman ha venido a explicar, con métodos muy poco convencionales.

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[122] Isaías 65, 2-5.

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[123] Deuteronomio 9, 7.

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[124] Éxodo 32, 9-14; Números 14,11-19.

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[125] Éxodo 32, 22.

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[126] Éxodo 33, 3-5.

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[127] Génesis 41.

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[128] Oseas 2, 25; Romanos 9, 25.

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[129] Deuteronomio 7, 6; 14, 2.

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[130] Zacarías 12, 10.

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[131] La Vía Maris, que comunicaba Egipto y Mesopotamia, y la ruta que unía Palestina oriental con el Mediterráneo.

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[132] Antes de la Era Previa, es decir, a. C.