Echaba de menos a su duque de mala reputación más de lo que había anticipado cuando ella prácticamente lo había desterrado de su vida. Echaba de menos a Adrian más en estos últimos días que cuando ella había perdido a su difunto marido en el año siguiente a su muerte.
Levantó los hombros mientras se acercaba a la puerta de la biblioteca para investigar la causa del último percance de Harriet. Casi nunca se lamentaba de haber empezado la academia. Ya que se llenaron sus horas de soledad y eso le dio una gran satisfacción.
Que gratificante sería guiar a Harriet en las maneras elegantes de la feminidad. Al menos la desconcertante chica no había emitido otro de esos gritos espeluznantes.
Apoyo su amado manual en la cadera y abrió la puerta de la biblioteca. Por un intervalo incalculable de tiempo se sorprendió demasiado ante la escena que encontró para dar siquiera una respuesta. De hecho, no había ningún precedente en su vida que la preparara para manejar el cuadro impactante que vio, y como una Boscastle, Emma había sufrido una buena cantidad de conmociones.
Dos de los rufianes jóvenes más desaliñados que había tenido el disgusto de encontrar estaban intentado sacar a Harriet a través de la ventana del jardín. Una corbata, sucia, por supuesto, había sido atada en la boca de la chica para hacerla callar.
Al parecer esta humillación no desanimó la ardua lucha de Harriet por su libertad. Aunque cada uno de sus secuestradores le sujetaba un brazo y una pierna, Harriet luchó contra ellos con las asombrosas contorsiones corporales de un mono y una serie de sordas maldiciones que dio a Emma un momento de gratitud culpable por la corbata que amordazaba a la infortunada chica.
– ¡Cómo se atreven! -dijo en un gruñido suave que no sólo sorprendió a los secuestradores si no a sí misma.
De hecho, ahora que la sorpresa inicial había pasado, se sintió poseída por una ira ardiente. No solamente la casa de su hermano, si no su propia academia, santuario para las personas con influencias sociales, estaba siendo violada por lo que sólo podría describirse como la escoria de los bajos fondos de Londres.
Una multitud de razones volaron por su mente. Heath había ido a Angelo’s temprano para encontrarse con Dominic. Era de suponer que comerían después o se detendrían en el club. Sus cuñadas, Julia y Eloise, se encontraban en ese momento probablemente admirando las láminas de moda con la modista.
Charlotte y las otras chicas deberían estar estudiando latín a esta hora en el ala este. Hamm, el gigantesco sirviente de Heath, estaba en algún lugar de la casa.
Midió la distancia hasta el cordón del timbre. Tomando ventaja evidente de la inesperada llegada de Emma, la joven Harriet acababa de dar una patada en el pecho de uno de sus captores. El rufián emitió un grito bajo de dolor y cruzó las manos sobre sus partes magulladas. Su compañero se echó a reír en un tosco divertimiento hasta que Harriet levantó su hombro para propinarle el mismo ataque.
Libre de sus ineptos secuestradores, Harriet arrancó la sucia corbata de su boca y la arrojó al suelo. -¡Eso es todo por ahora, apestosos hijos de perra! ¡Ayúdeme, Señora Lyon! ¡Estoy siendo secuestrada por un par de asesinos llenos de piojos!
El más alto de los dos jóvenes lanzó una pierna sobre el alfeizar de la ventana mientras evaluaba a la defensora de Harriet. -Esta es nuestra hermana, y considero que tenemos el derecho a traerla de vuelta. Nuestro padre está enfermo, y él quiere a su hija a su lado.
– ¿Es eso cierto Harriet? -Emma preguntó-. ¿Estas dos personas son familiares tuyos?
Harriet resopló. -Me parten en dos, Lucas y Rob.
Ella cayó brevemente en el montón de cristales rotos en el suelo, solamente para saltar volviendo enseguida a sus pies. -El viejo cabrón no está más enfermo que yo.
Emma la miró con horror. -Tu codo esta sangrado, Harriet.
– Su piel va ser un filete crudo si ella no viene con nosotros -anunció el otro hombre, agarrando Harriet por su brazo lesionado-. No tiene sentido fingir que perteneces aquí. Todos sabemos que nunca serás un bolso de seda refinado.
Emma se dirigió hacia la ventana. Su garganta se había cerrado, y, sin embargo su voz resonaba en el aire, en sus oídos. -Mientras las autoridades no se pongan de acuerdo. La Srta. Gardner se queda bajo mi supervisión.
Su mano sucia se deslizó a la funda de cuero que sobresalía por debajo de su chaqueta de piel gastada. -Ella tiene trabajo que hacer en casa. -Bajó la cabeza con la agresividad de un toro.
– ¿Qué clase de trabajo? -preguntó Emma, Harriet estaba dispuesta a usar su ingenio y mantener la calma.
– Un trabajo aquí en Mayfair -el otro hombre respondió desde su lugar oscilante en el alfeizar de la ventana-. Un trabajo decente como criada de la condesa, ni más ni menos. No se puede mejorar eso, ¿verdad?
Emma tomó nota de que la mano de su hermano había desaparecido por completo en el interior de su chaqueta. -Creo que puedo. Tal vez yo podría hablar con su patrón y explicarle la situación.
Harriet dio una risa amarga ante eso. -Adelante. Usted, señora Lyons, vaya caminando hasta la puerta para explicar que su nueva empleada está siendo instalada por los cerdos de sus hermanos para robarla a ciegas durante una fiesta.
Fue en este punto que el criminal llamado Rob sacó de su chaqueta una navaja en forma siniestra conocida como balisong [4] o mariposa. Emma nunca habría reconocido el aparato horroroso que tenía su hermano Grayson ya que lo había montado, sobre la pared en el cuarto de armas en su casa campestre. -¡Fuera de mi camino -gritó Rob a Emma-, o te cortaré tu pequeña nariz entrometida!
Harriet se liberó y colocó su delgado cuerpo frente a Emma mientras levantaba los puños en dirección a la cara de Rob. -Gritas tanto que voy a coser tus bolas juntas cuando estés borracho. Lo juro sobre la tumba de la zorra de nuestra madre.
– Guarda el cuchillo -murmuró Lucas desde la ventana-. No tengo todo el día. Harriet siempre lo estropea, de todos modos. Vamos a buscar a alguien más.
Rob asintió con la cabeza aparentemente de acuerdo. Luego lanzó su brazo sin previo aviso y atrapó a Harriet por la cintura. -En este momento. Yo soy el que da las órdenes. -Apretó el cuchillo de mariposa contra la parte posterior de la oreja mientras fulminó con la mirada a Emma-. Y tú mantén tu pequeña y bonita boca cerrada hasta que nos marchemos o voy a rebanar esta oreja de cerda aquí mismo.
– Alguien viene -murmuró Lucas y abrió las piernas sobre la repisa de la ventana-. Alcánzala y corre.
Emma fue detrás de ellos. Aun sabiendo que deploraba la violencia de cualquier manera, pero se había criado en una familia de cinco hermanos corpulentos y una hermana menor con una naturaleza exuberante. Más de una vez Emma se había destrozado en una ronda de puñetazos, así como también rescató a un hermano atado a una silla en la despensa del mayordomo, durante una fiesta de tortura familiar. Por lo tanto, sin dudarlo, ella levantó su biblia personal de buena conducta en una mano y, tomando sólo una fracción de segundo para apuntar, la envió a toda velocidad a la cabeza del secuestrador de Harriet.
Lo golpeó en la cuadrada sien, su precioso manual de modales refinados, todo ese asesoramiento desperdiciado sobre una frente primitiva. El golpe lo dejó momentáneamente sin sentido. Empujó a Harriet hacia abajo sobre sus manos y rodillas. Cuando él se enderezó, estaba señalando el balisong en dirección a Emma y avanzando hacia ella.
Emma giró en movimiento. Le lanzó un cojín a la cara, seguido de las obras completas encuadernadas en cuero de Shakespeare. Él maldijo, con los brazos cubriéndose la cara así que no vio a Harriet que entraba por detrás y lo empujaba contra la ventana.