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Vitali se mantuvo bien erguido, decidido a observarlo durante tanto tiempo como pudiera, hasta que ese punto de luz ubicado en la punta de la gran columna de humo se fusionara con el espacio.

…Pero ahora el dolor que sentía en el brazo y el pecho llegaron a un punto máximo, como si una mano huesuda lo hubiese estado apretando. Boqueó, falto de aire. Así y todo, trató de mantenerse parado. Pero ahora había una luz nueva que estaba surgiendo en derredor de él, aún más brillante que la luz proveniente del cohete y bañaba la estepa de Kazajstan, y Vitali no pudo resistir más.

2. EL OJO DE LA MENTE

Mientras el auto la llevaba hacia los predios, a Kate el lugar le dio la impresión de ser un típico ambiente de Seattle: colinas verdes que descendían en suave declive hasta el océano, enmarcadas por el cielo gris y bajo del otoño.

Pero la mansión de Hiram, una gigantesca cúpula geodésica que era todo ventanas, daba la impresión de haber aterrizado recién sobre la ladera. Era uno de los edificios más feos, de estilo más recargado que Kate hubiera visto jamás.

Al llegar entregó el abrigo a un robot teleguiado. Se le hizo un examen de identidad, no sólo una lectura de sus implantes sino que, también, era probable que se hubiera hecho la equiparación de imágenes para identificar su cara; incluso un muy discreto estudio de la secuencia de adn, todo esto realizado en cuestión de segundos. Después, los robots sirvientes de Hiram la escoltaron al interior de la casa.

Hiram estaba trabajando. Eso no sorprendió a Kate: los seis meses transcurridos desde el lanzamiento de su sistema tecnológico de transmisión de datos por tubos del diámetro de la boca de un gusano habían sido los más ajetreados de Hiram. La corporación Nuestro Mundo había alcanzado un suceso máximo, el mayor que jamás había tenido, según los analistas. Pero iba a regresar a tiempo para cenar, dijo el robot.

Así que ella fue conducida hasta donde estaba Bobby.

La sala era grande; la temperatura, neutra; las paredes tan suaves y carentes de detalles como una cáscara de huevo. La luz estaba baja; el sonido anecoico, amortiguado. Los únicos muebles eran varias otomanas para recostarse, tapizadas en cuero negro. Al lado de cada una de las otomanas había una mesa pequeña con una jarra para agua y un estante para suministro de alimentos por vía intravenosa.

Y aquí estaba Bobby Patterson, probablemente uno de los hombres jóvenes más ricos, más poderosos del planeta, recostado solo sobre una otomana en la oscuridad, los ojos abiertos pero la mirada en blanco; los miembros totalmente relajados. Tenía una banda de metal alrededor de las sienes.

Kate se sentó en una otomana al lado de Bobby y lo estudió: pudo ver que estaba respirando con lentitud y la aguja para alimentación intravenosa que se había colocado en un receptáculo del brazo abastecía con suavidad a su desatendido cuerpo.

Estaba vestido con una camisa negra holgada y pantalones cortos. El cuerpo, que se revelaba en los sitios en que la ropa suelta caía sobre la piel, era de gran musculatura, pero eso no decía mucho sobre su estilo de vida; un cuerpo así esculpido ahora se podía obtener con facilidad mediante tratamientos con hormonas y estimulación eléctrica; hasta lo pudo haber conseguido mientras estaba tendido ahí, pensó Kate, como una víctima en coma yaciendo en una cama de hospital.

Había vestigios de baba en la comisura de sus labios, un tanto abiertos. Kate se la quitó con un índice y le cerró la boca empujándole el mentón con suavidad.

—Gracias.

Giró sobre sí misma, sobresaltada: Bobby, otro Bobby, vestido de forma idéntica al primero, estaba parado al lado de ella, sonriendo. Irritada, Kate le lanzó un puñetazo al abdomen; el puño, claro está, pasó directamente a través de este Bobby, que no retrocedió.

—Así que me puede ver —dijo Bobby.

—Lo veo.

—Usted tiene implantes retinianos y cocleares, ¿sí? El diseño de esta sala permite producir virtuales compatibles con todas las generaciones recientes de tecnología para incremento del sistema nervioso central. Naturalmente, para mí usted está sentada en el lomo de un fitosaurio de aspecto maligno.

—¿Un qué?

—Un cocodrilo del triásico. Que está empezando a darse cuenta de que usted está ahí. Bienvenida, Ms. Manzoni.

—Kate.

—Sí. Me alegra que hubiera aceptado mi… nuestra invitación para cenar. Aunque no supuse que se tomaría seis meses para responder.

Kate se encogió de hombros.

—“Hiram Se Hace Aún Más Rico” realmente no es gran cosa como artículo.

—Hmmm. Lo que entraña que ahora se enteró usted de algo nuevo. —Por supuesto, Bobby tenía razón. Kate nada dijo.

—O —prosiguió— a lo mejor usted por fin sucumbió a mi encantadora sonrisa.

—A lo mejor sí… si su boca no estuviera ribeteada con baba.

Bobby miró a su propia forma inconsciente.

—¿Vanidad? ¿Debemos preocuparnos de nuestra apariencia, aun cuando estuviésemos explorando un mundo virtual? —Frunció el entrecejo. —Claro que sí, usted tiene razón. En realidad, es algo sobre lo que debe meditar mi personal de comercialización.

¿Su personal de comercialización?

—Pero claro. —“Levantó” una de las bandas metálicas para cabeza que estaban cerca de éclass="underline" una copia virtual del objeto separada del objeto real, que permanecía sobre la otomana. —Este es el Ojo de la Mente, la tecnología más reciente en rv de Nuestro Mundo. ¿Quiere probarla?

—Por cierto que no.

Bobby la estudió.

—Usted no es lo que podríamos llamar virgen en cuanto a rv, Kate. Sus implantes sensoriales…

—…son nada más que lo mínimo que se necesita para moverse en el mundo moderno. ¿Alguna vez intentó pasar a través del aeropuesto de SeaTac sin facultades de rv?

Él rió.

—En realidad, por lo general se me escolta para pasar. Supongo que usted cree que todo es parte de una gigantesca conspiración de las grandes compañías.

—Por supuesto que lo es. La invasión tecnológica de nuestro hogar y nuestro auto y nuestro lugar de trabajo llegó al punto de saturación hace mucho. Ahora vienen para apoderarse de nuestro cuerpo.

—¡Qué enojada está! —Sostuvo en alto la banda de cabeza. Era un momento extrañamente recursivo, pensó Kate, abstraída: una copia virtual de Bobby sosteniendo la copia virtual de un generador virtual. —Pero esto es diferente. Inténtelo. Dé un viaje conmigo.

Kate vaciló… pero después, sintiendo que se estaba comportando con rudeza, aceptó; después de todo, aquí era una invitada. Pero le rechazó la oferta de la alimentación intravenosa.

—Tan sólo echaremos un vistazo por ahí y regresaremos antes de que nuestro cuerpo se caiga a pedazos. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —contestó Bobby—. Elija una otomana. Limítese a encajar la banda cefálica sobre las sienes, de este modo. —Con cuidado, Bobby levantó el conjunto virtual por sobre la cabeza. Su cara, con gesto de interés, era innegablemente hermosa, pensó Kate: parecía Cristo con la corona de espinas.

Kate se tendió en una otomana cercana y se colocó una banda cefálica Ojo de la Mente sobre la cabeza. Daba sensación de calor y elasticidad y, cuando Kate la bajó más allá del cabello, pareció colocarse sola en su lugar.

El cuero cabelludo, bajo la banda, experimentó un pinchazo.

—¡Auch!

Bobby estaba sentado en su otomana.

—Infusores. No se preocupe por eso. La mayor parte de la entrada de información se hace por vía estimulación magnética intracraneana. Cuando hayamos vuelto a efectuar la carga inicial de programas, no sentirá cosa alguna… —Cuando Bobby se acomodó definitivamente, Kate pudo ver los dos cuerpos de él, el de carne y hueso y el de píxels, brevemente superpuestos.