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La carpeta verde fue a parar al bolso de rafia, y Cora Susan besó a Joseph Andrews y se alejó por el césped. Se movía con aire ensimismado, como pensándoselo muy bien antes de dar cada paso.

3. CIUDADANO

A unos treinta y tantos kilómetros de allí, por el noreste, Clint Smoker se estaba instalando en su mitad de una cabaña levantada en los terrenos de una mansión de estilo moro conocida localmente como La Ponderosa. En la parte de Clint, como en todas las demás, en la pared iluminada por el ventanal había una reproducción a gran tamaño, y vivo colorido, de «La Creación» de Miguel Ángel. Clint escribía:

Jefe: Llegue sin novedad. El hotel es espléndido. Mi acompañante, Kate, está particularmente impresionada por los duendecillos borrachos que se alinean día y noche a lo largo de la avenida de entrada. Aquí se pueden conseguir buenas informaciones. Ya sé que recibiste la orden de mantener la boca cerrada, y espero que eso te haga feliz.

Sí, pensó Clint. Según Jeff Strite, Heaf fue convocado -no precisamente a Downing Street, sino a un sofocante sótano en la FPA [21]-, junto con los demás propietarios de revistas porno, convencionales y electrónicas, de las Islas Británicas. Un hombre del Palacio con apellido compuesto se presentó y les dijo que el material acerca de la princesa era falso y estaba amañado, y que quería que tuvieran la amabilidad de callar acerca de él. Heaf regresó al Lark derramando lágrimas de orgullo.

Creo que vas a tener una merma en los ingresos a causa de tus recientes contactos con la realeza; pero bueno, ya me conoces: soy un cínico. A pesar de ello, aún podemos tocar temas relacionados con la pequeña Victoria, o que guarden cierto paralelismo con ella. Tengo un par de ideas al respecto. De momento, como te prometí, te envío un editorial revisado acerca del pajillero de Walthamstow:

En el pasado mes se ha desarrollado una tragedia en el corazón de Essex.

Durante dos días y dos noches un hombre inocente y herido -al que nos enorgullece calificar como un lector del Lark- ha estado languideciendo en un calabozo de Rotherthithe sin recibir tratamiento alguno, antes de ser puesto en libertad bajo fianza.

Hoy se enfrenta a una acusación de escándalo público.

Y todo eso… ¿por qué?

Los especialistas en sanidad hace tiempo que han convenido en que masturbarse periódicamente es importantísimo para el bienestar masculino.

Como bien sabe cualquier polla, un meneo decente reduce la tensión y te relaja para el resto del día.

Y tampoco hay nada mejor para inducir a un buen sueño nocturno.

Imagínense, pues.

En el aislado retiro de una zona desocupada de unos baños públicos, ese ciudadano sin tacha estaba tratando de aliviarse con la edición diaria del periódico que ahora tiene usted en sus manos.

Pero lo que no podía ni imaginar es que alguien irrumpiría en ese mismo instante en aquel lugar: una cuarentona cargada con cubo y fregona.

¡Enhorabuena, querida!

¡La jodiste bien!

En su confusión, lamentablemente estorbado por su propia ropa, resbaló en las baldosas mojadas del suelo y se causó graves lesiones.

¡Poco se imaginaba que su tribulación -¿o sería más exacto decir «su martirio»?- aún estaba por empezar!

A ese hombre queremos decirle que no le olvidamos.

Le decimos que estamos con él y que seguiremos siempre a su lado.

Y os invitamos a todos a meneárosla en honor del Hombre de Walthamstow.

Clint había echado un breve y admirativo vistazo a su cuarto de baño, pero aún no lo había usado. Ahora levantó el precinto de plástico que ceñía la tapa para sentarse a horcajadas en la taza del váter. Al cabo de pocos segundos notó que experimentaba una gradual despersonalización, como si estuviera a punto de percibir los sones y colores introductorios de una enfermedad capaz de cambiar una vida. Su mirada se movió hacia la izquierda. El lavabo…, ¡qué pequeño era! Su mirada se movió a la derecha: el portarrollos de papel higiénico, las dimensiones actuales del papel de celulosa: reducidas. Y el asiento en el que se acomodaba: pequeño como un orinalito infantil. Cuando te limpiabas, parecía… Sí, el contraste te daba la sensación de haber mejorado algo. Pero te servía de poco.

Regresó, paseando, a su estudio. Ducha y cambio de ropa en un minuto: quitarse la ropa del avión (las impolutas zapatillas de deporte, el aerodinámico chándal) y vestirse con algo elegante. Para las cinco y media estaba fijado un cóctel de inauguración… Para conocer a sus compañeros…, ¿clientes, invitados, huéspedes? ¿Cómo los llamaba el folleto: residentes? No…, ciudatianos. Ciudadanos de la Academia de San Sebastiano para Hombres con Aparato de Inserción corto… La reproducción de la pared que quedaba frente al ventanal… ¡Uf! ¡Qué estado el de aquel Adán…! Vamos…, habría que encajarlo en algún lugar mejor que aquél. No casaba allí con aquel anacardo entre sus piernas.

¿Estaría Miguel Ángel burlándose…, meándose de risa? ¿O sería Dios quien…?

4. EN EWELME

– ¿Qi? ¿Qi? No, no, no… No puedes escribir una q sin su u. Ahora, si tú no juegas, lo haré yo… ¡Juego…! Veamos dónde estamos… Q, i…, vale. ¿Qué significa eso? Bueno…, ya se ve…, todas las q llevan una u detrás. ¡Ah! ¡Ésta no! Bueno…, es una palabra muy rara. Aquí dice que es «la fuerza vital de la persona de un individuo, cuyo libre fluir en el cuerpo se piensa que asegura la salud física y espiritual». Bien…, que Dios nos ayude. ¿Y ahora qué pasa? Yo me llevo los puntos. Si no te importa. Y has hecho eso dos veces. En una palabra que cuenta el triple.

– Sesenta y nueve.

– ¿Sesenta y nueve? Yo tengo trece menos. Y cambio mis letras. ¿Dónde está la bolsa?

– Lo siento, papá, pero… ¿te importa que lo dejemos ahora?

– ¡Oh! No te vayas, querida. Apenas acabamos de empezar. Quédate y tómate un buen tazón de chocolate caliente, por lo menos.

Al minuto siguiente, Enrique preguntó:

– ¿Qué harías tú, Bugger? Estoy tratando de animarla, pero la agoto, y me agoto a mí mismo también. Y cuando intento sacarla de…

– Escribidle, señor -dijo Brendan-. Escribid.

El rey se quedaba despierto hasta tarde, oyendo el mar de Irlanda. Ewelme se encuentra en la punta noroccidental de la península de Gales, al extremo de una carretera de un solo carril de kilómetro y medio de longitud. Su situación, junto con el tiempo, infaliblemente espantoso, espanta a los intrusos y ciertamente a todos los visitantes: ninguno que se hubiera alojado en Ewelme estaba deseoso de volver a hacerlo. Enrique, sentado en su escritorio con el abrigo puesto, sentía vibrar sus oídos cada vez que la campana de la torre daba los cuartos de hora. El viento era de esos que cometen asesinatos en la noche, inesperados raptos, terribles ahogos…

Queridísima hija:

Mi espíritu se duele por ti. De verdad. Jamás te he visto tan profundamente abatida. Incluso después del accidente de mamá, la energía de tu juventud pareció empujarte a seguir. Ahora duermes dieciséis horas diarias y apenas comes nada. (Y cuando estás despierta, te veo siempre enfrascada en el Corán o los Upanishads, o el Targum o Dios sabe que.) Querría que, por lo menos, aceptaras mantener una conversación con Sir Edward.

Hija mía, no sé exactamente qué es lo que te preocupa. Bueno…, tengo una idea aproximada. Y, si bien en todas estas cosas tú eres quien más las sufre, esta ignorancia se le hace a tu padre insoportable. Porque, más que padecer por algo en particular, me siento atormentado por todo. No me atrevo a cerrar los ojos por temor a lo que pueda ver. Te suplico que me expliques qué es lo que sucedió realmente en la Casita Amarilla, querida. (¿Quién te sorprendió allí?) Y creo firmemente que tú misma te darás cuenta de que también es mejor para ti que yo lo sepa. Porque, aunque hubieras tenido algo así como un revolcón con cualquiera de esos apuestos chicos árabes…, ¿qué importaría eso?

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[21] FPA: Foreign Press Association, Asociación de la Prensa Extranjera. (N. del T.)