»Durante el tiempo que pasamos en la…, en la “Isla Esmeralda”, Keith el Serpiente y yo viajamos a Londres en una ocasión. Yo tenía una cuenta que ajustar con un individuo que se había tomado algunas libertades conmigo años atrás, en Strangeways. Un sujeto llamado Mick. Debería haberme limitado a matarlo, ¿no? [Clic] Debería haber hecho picadillo al muy jodido… [Clic] Pero no. En vez de ello, pensé en una pelea limpia. Fui a verlo al patio de su casa [clic] con mis solapas llenas de cuchillas [clic] y llamé para que saliera. Le solté un par de verdades desagradables y demás. ¡Qué agarrada fue aquélla! No sé quién salió peor librado. Aunque yo he seguido activo desde el momento en que dejé la cama del hospital. Y luego vino el único delito que he cometido en suelo británico y por el que nunca pagué mi deuda con la sociedad. Me refiero al asunto del mercado del oro y el IVA. Yo y Keith el Serpiente estábamos convencidos de haber hallado una auténtica laguna legal, porque no había IVA para las monedas que fundíamos y revendíamos a la Casa de la Moneda. Pero Hacienda empezó a manifestar discrepancias. En todo caso, serían unos diecisiete millones en moneda actual. Pero a eso volveré luego.
»En resumen, que Keith el Serpiente y yo trasladamos nuestro negocio a Dublín, y arrancamos de nuevo. Yo me establecí sin encontrar ninguna clase de dificultades. Con respecto a los irlandeses del sur, yo no sé qué piensan ni en qué tienen la cabeza la mitad del tiempo. Demasiado Danny Boy, diría yo. [31] No podían dar crédito a las medidas que Keith el Serpiente y yo estábamos dispuestos a tomar. Comoquiera que sea, pasamos siete años muy felices en Irlanda. Vino luego el negocio con el IRA y la desgraciadísima circunstancia que separó los caminos de Keith el Serpiente y mío.
»Yo jamás he querido publicidad. Hay gente muy notable en el mundo del hampa que siente una terrible debilidad por ella. Pero yo he visto caso tras caso los efectos de la publicidad. Ya sabe… Consigues el poder, quieres que eso se sepa. Todos deseamos ser el perro principal de la casa, el gran hombre, el rey bastardo… Pero las cosas no pueden funcionar de esa manera aquí abajo, donde todo se mueve en sentido contrario… Lo cierto es que yo iba conduciendo mi Mercedes y me distraje un instante. Lo siguiente que supe fue que me había salido de la calzada y había atropellado a una joven -embarazada, además-, que, desgraciadamente, murió enseguida. Bueno…, no fue un final con cánticos y danzas al efecto…, aunque no se te puede culpar por darle un golpe a alguien si vas sobrio, y mi abogado dejó muy claro que hubo algo sospechoso en mi prueba de alcoholemia. Pero entonces salió a relucir lo que era y lo que tenía. Y el IRA se dijo: Ojito con éste.
»Aún estoy en libertad bajo fianza cuando me entero de que hay planeado un secuestro. Lo cual tiene su gracia. Como prisionero de categoría A, he repartido mi pan con todos sus jefes, y no existe la más mínima posibilidad de que se les haya ocurrido secuestrarme. Pero para entonces ya estaba Scotland Yard metiendo las narices en el asunto, así que pensé que era hora de irnos de allí. Se lo dije a Keith el Serpiente: “Keith, muchacho. Es hora de largarnos.” Y él me suelta: “Yo no me he llevado por delante a ninguna embarazada. Lárgate tú.” Justo, sin duda. “Por mí está bien, amigo. Sigue tu camino, y yo tomaré el mío.” [Clic.] Y ésa, ¡ésa es su idea de la lealtad…! [Clic] Y me puse a hacer mis preparativos para emigrar al otro lado del océano.
»Vayamos a la triste conclusión de mi amistad con Keith el Serpiente. Todo arrancó de una locura, en realidad; como tantas otras cosas, supongo. Había bebido, fui a verlo, y le di una paliza. Después fui a verlo y le dije: “Keith, amigo… Te pido disculpas, sinceramente. Lamento mucho lo que ha ocurrido, y espero que puedas perdonarme de corazón.” Luego nos estrechamos la mano y todo eso. Sé que va a costar tiempo arreglar esta diferencia… Apenas había salido del hospital cuando fui a verlo de nuevo y tuvimos otra agarrada. Le hice trizas todos sus trajes y demás. Tejidos espléndidos. De lo mejorcito… Eran mi debilidad en aquel entonces. El alcohol me soltó la lengua y empezamos a discutir. Él insistía en irritarme los nervios. La misma charla estúpida. Le digo: “¿Por qué andas siempre con putas? ¿Por qué no te buscas una mujer como Dios manda?” “¿Para qué? ¿Para que puedas tirártela tú? ¿Por qué te tiras a las mujeres de tus camaradas?” “Bueno…, lo hago siempre.” “Sí, pero… ¿por qué?” “Siempre me tiro a las mujeres de mis amigos.” “Ya, pero ¿por qué motivo?” “Porque lo hago siempre.” [Clic.] “Vamos a ver, Jo… ¿Quieres tirarte a mi mujer para hacerte pasar por mí?” “¡Hey!” “Dime, Jo… ¿No estarás queriendo tirarte a mi mujer para hacerte pasar por ella…?”… Bueno, y ahí acabó todo. [Clic] Una de esas clásicas discusiones en círculo. Mucho bla, bla, bla.
»O sea, que volví a atizarle. Y esto es lo que ocurrió: Yo había dejado que me atara a la cerca del prado (esto ocurría en la granja que tengo cerca de Balbriggan). Y lo primero que se le ocurrió fue decirme que no había sido Tony Eist quien me la había jugado en España. ¡Que había sido él, Keith el Serpiente! Así que le dije: “Eres un traidor. Hazme lo que quieras, compañero. Pero sin navaja, ¿vale?” Y Keith el Serpiente dijo: “Vale.” ¿Y qué crees que fue lo que hizo? Me atacó con la jodida guadaña. Allí, en paños menores, gritando como un poseso. Y me dejó revolcándome en mi propia sangre. Sólo en el pecho tuvieron que darme más de doscientos puntos. Un corte va desde la oreja, cruzando la mejilla, por debajo de la nariz, pasa por encima de la boca, atraviesa la mandíbula y llega hasta el cuello. [Clic.] Me rajó también mis partes, incluso. Hasta tan abajo llegó. ¡Ah, Keith, muchacho…! ¿Qué te sucedió? [Clic.] Jamás entenderé por qué no remató el trabajo, cuando nada se lo impedía. ¿Se volvió loco, o qué?
»Después de una corta estancia en Paraguay, Argentina y Brasil, por fin me he instalado en el sur de California. Y si mi nombre apareció alguna vez en los periódicos, fue por la foto de un vejete sentado junto a una piscina en Río, con una copa de champán en la mano y una fulana mulata en las rodillas. Pero ése es mi hermano Fred, y ningún sujeto lo ha tenido más fácil en la vida que él, con la pensión que le paso. Mi historial aquí, en el sur de California, está absolutamente limpio… y…, bueno, he hecho otra fortuna en la industria del vídeo doméstico. Por completo legítima. [Clic.] Así que, si desea ver a una reina de la belleza metiendo la cabeza por el culo de una jirafa, o al revés, estaría encantado de mostrársela. [Clic.] He dedicado cuantiosos fondos a obras de caridad, y desempeño el cargo de tesorero de la asociación local de ciudadanos.
»Ya ve… No soy un mal tipo, en realidad, una vez sabido y dicho todo. Yo diría incluso que soy el hombre más encantador de la tierra… Ya sabe, a la hora de entrar en el coche, siempre “Después de ti, querida”. En las tiendas, “Buenos días a todos” y “Que Dios los bendiga”. He vivido según mis propias reglas… y, sí, ¡pobre de quien las quebrante! Soy el que soy. Jo es Jo. Éste es el camino que he seguido. El juego al que he jugado. Sí…, justamente el juego al que he jugado.
»Y ahora, hablemos de negocios.»
Un grueso tábano se materializó de pronto entre los moteados nudillos de su mano derecha. Bajó despacio la izquierda hacia la funda con los aerosoles.