– Esto no te va a gustar, no te gustará, amigo…
Inclinó el cuerpo hacia delante para respirar de lleno la fragancia del propelente. Como ocurre con un ambientador barato, trataba de ocultar la esencia negativa de todos los olores. Se le humedecieron los ojos: aquello lo tiraba de espaldas.
Fue como la asfixiante dulzura de una celda nueva a la que acaban de arrojarte. Olor a detergente perfumado, librando una batalla perdida contra los fluidos de otro hombre, el miedo de otro hombre.
4. LENGUA AMARILLA
Clint Smoker se había sentado, de momento, en un bar-granja del Ignacio Boulevard. Escribió: «Algunas sedicentes quinceañeras se ponen a dar gritos de que han sido violadas después de haber pasado un buen rato retozando en una cuneta con un chico algo mayor que ellas.» Borró lo escrito: tenía que apresurarse… Esperaban su visita, hora y media más tarde, en Producciones Karla White, en Inocencio Drive… No, tenía que reconocerlo: él, Clint Smoker, estaba viviendo la oportunidad de su carrera periodística. Aquella mañana había entrevistado a un macarra llamado DeRoger Monroe en la estación de los autobuses Greyhound de Lovetown, y escribió una admirativa semblanza. Mientras vertía en su Coca-Cola una bolsita de azúcar tras otra, DeRoger le había contado cómo funcionaba la cosa: les decías a todas que iban a ser superestrellas, y, entre tanto, te dedicabas a consumir drogas duras con otros macarras. Luego, cuando las chicas habían perdido hasta el último diente, las “llevaban a Florida”: les daban una paliza final y las arrojaban de un puntapié a la calle… Dentro de un rato, Clint mantendría su entrevista con Karla White. Y, más tarde, tenía la apetecible perspectiva de una hora con Dork Bogarde. Para hacérsele la boca agua a cualquiera.
Pero no se trataba sólo del reportaje de Clint. Habría que mencionar las editoriales que escribiría a su vuelta, los artículos de pensamiento, de «culto virtual», del Perro Callejero, como lo había descrito Strite. Ahora escribió:
• Y por eso alguna espabilada reina del hielo busca compensación al «acoso sexual» tras dejar su trabajo después de un rato de inocentes bromas alrededor del refrigerador de agua.
Ha sacado ya unas pocas libras por su ropa hecha trizas y sus pagos al dentista.
Y ahora pretende llevar a los tribunales a esos nueve muchachos por «daños emocionales».
Bueno…, no va a reconocerlo, ¿o sí?
No va a decir: «¡Me gustó a rabiar!»
El Perro Callejero ha consultado a todas las chicas a propósito de si las chifla recibir una palmada en el trasero.
Y no me digan que hay una sola de ellas que, estando a solas en el ascensor, le haría ascos a un sano pellizco en los pezones.
Anda, aquí llega la vieja Marge, gruñendo y suspirando con su fregona y sus cubos.
Se ha arrodillado sobre sus lustrosas y enrojecidas rodillas, quejándose y gruñendo, con su enorme culo al aire.
Miradla, chicos, y animaos. ¿Dónde está la aguijada para espolear a las vacas?
Clint hizo una pausa y se quedó pensando. Karla White: las mejores tetas de Lovetown. Era cosa sabida. ¿Gafas oscuras? Correcto. Cerró los ojos, hizo otra pausa y siguió escribiendo:
• Y así un par de muchachos sacudieron a una anciana de Hammersmith, al tiempo que le quitaban el dinero de su pensión.
Está bien, muchachos, pero no volváis a hacerlo.
Y dejad en paz su instrumento, ¿vale?
Respetad las viejas fotos de la anciana de los ojos negros que retienen el tiempo.
Tiene sólo 77 años -una niña para los tiempos que corren- y es capaz de aprovechar las oportunidades como la que más.
Además, lleva ya mucho tiempo apestando el lugar, ¿no?
Cuando se ponen así, más les valdría estar muertas. Así que póngase pronto bien, Abuela…, si puede ser. Pero deje ya de quejarse. ¿Vale?
Una lucecita le indicó a Clint que acababa de recibir un e-mail; lo abrió enseguida:
kerido: todo fue maravillosamnt, maravillosamnt, con papá, yo siempre fui su favorit@, ya sabs qando era niñ@, él adrba por donde yo pisaba: y para él brillaba el sol d mi*… stuvo tan puntual cmo siempre y muy galnt con el ramo d flors y los toffes, siempre un prfecto caballro pra mí, llno de divertid@s histori@s acrca de sus amigas. yo le prparé su cmida favrit@ (callos & ssos), con vino a la luz d las vlas, pro luego la bomba, la catástrofe; a mi pdre le han diagsticdo cáncr. stoy absolutamnt dstrozada. k8.
¡Pobre pequeña!, pensó Clint. Aun así, esto puede resultarle ventajoso a un hombre. Hace que des gracias de no estar muerto.
Por una vez en la vida.
– Fucktown -comenzó Karla White-, en su fase actual, que podría estar llegando a su fin ahora con el fenómeno de Princesa Lolita, pudiera muy bien llamarse Hatefucktown. Porque ésta es la forma hoy dominante: el Jodiar. [32] Pero retrocedamos un poco.
– Permítame ver si este trasto…-dijo Clint, que dedicó a su grabadora una malevolente mirada.
– … La pornografía se controló a sí misma hasta la segunda parte de la anterior administración, cuando, como usted ya sabe, nos encontramos todos de pronto con que teníamos un presidente porno. Bajo esta porno-presidencia, la pornografía dejó de regularse a sí misma y entró en su etapa de Salò.
– Perdone, Karla. ¿Salò…?
Karla estudió a su interlocutor preguntándose si tendría algún objeto hablarle de Mussolini y de la República títere de Salò. Era lo bastante americana para conceder entrevistas más o menos automáticamente, pero había leído un sumario informe acerca de Clint; estaba al tanto de su reciente estancia en el centro de John Working en el valle de San Sebastiano; conocía las cifras de tirada del Morning Lark y tenía alguna idea de la naturaleza de su contenido.
– Un compendio de guarrerías -dijo-. Inmediatamente se puso un énfasis abrumador en la sodomía hombre-mujer. Su santo y seña era: «Los coños son mierda.» Se identificaban así por teléfono: «¡Los coños son mierda!» Un director afirmó: «Con el sexo anal, se manifiesta la personalidad de la actriz.» Oh, sí, claro: ¡su personalidad! Se pasaban horas hablando de la virilidad femenina, de la testosterona de la mujer. Lo que resulta extraño considerando la siguiente fase: el sexo por detrás es sucio.
Clint se colocó bien sus gafas oscuras y reanudó su intento de contemplar los pechos de Karla, los cuales le devolvieron la mirada, sin pestañear, irreprochablemente inocentes, y despertaron una sensación de humildad en él. Pensó en lo generoso que era de su parte no ocultarlos, permitir que estuvieran luciendo su cálida presencia. También se le ocurrió que en cualquier momento podrían iniciar una cuenta atrás desde tres, y que él haría exactamente lo que le dijeran.
– Lo esencial del autocontrol tiene que ver con dos áreas: la violencia hombre-mujer y la pedofilia. La violencia hombre-mujer se llamó Ojo a la Funerala y empezó con la conocida serie «Abajo el Hombre». Les decían a las chicas: no os las deis de orgullosas y gritad mientras os hacemos esto. Básicamente, les atizaban, les atizaban de veras. La tendencia pedófila se denominaba, extraoficialmente, Cortos de Vista: las chicas vestían ropa infantil y hablaban con voces infantiles y jugaban con muñecas mientras los abuelos se corrían en sus bocas. Y cosas peores aún. Hablo en serio. Las niñitas no eran tales, por supuesto. Junto con tu prueba negativa del sida, tu partida de nacimiento es tu permiso de trabajo. Has de enseñarlo incluso en un gerontoporno o establecimiento para viejos. Incluso las personas de ochenta y cinco años tienen que probar siempre que son mayores de diecisiete. Así es el porno.
Viejo verde-cipote, pensó Clint. Riman, más o menos.
– Todo esto terminó cuando la nueva administración inició su guerra santa contra el porno. Las líneas Ojo a la Funerala y Cortos de Vista desaparecieron de inmediato. La de Los Coños son Mierda se mantuvo algo más, porque la sodomía hombre-mujer no es ilegal en todos los estados. Pero luego resultó que algunos metomentodos (aguafiestas o metiches, Clint) compraban una cinta de sodomía en Arkansas, donde no es ilegal, y la introducían en Alabama, donde sí lo es, con lo que podían ser encausados en su capital, en Montgomery. Y así en otros casos. Pero los trabajadores del porno son creyentes también. Les fastidian los formalismos. Y no renunciaron. Docenas de productoras fueron borradas del mapa y algunos muchachos de primerísima fila fueron enviados a la cárcel, donde, tratándose de las prisiones de Alabama, puedo asegurarle que no hizo ninguna falta decirles que los coños son una mierda. Después vinieron las lagunas jurídicas que hicieron posible la fundación de Lovetown. Y el género dominante hoy es, sin lugar a dudas, «Jodiar».